Xuchitl Vázquez Pallares
A pesar de los pasares…
Jueves 26 de Octubre de 2017
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Y como suele suceder en la vida real y en los cuentos de hadas, se llegó el día en que la pequeña creció y cumplió sus quince años.

¡Qué rápido corre el tiempo!, aún recuerdo la primera función, cuando apenas abría sus ojitos; después al año, dando pasitos; al tercer año, teniendo más seguridad, más presencia, y así año con año le vimos crecer y sobre todo congratularnos de su existencia.

Cada año se le notaba más su alegría y fortaleza, ese don que tienen los que no se guardan para sí las bienaventuranzas, sino que tienen el don de que al compartir esparcen la magia de hacer que los demás al igual crezcan y evolucionen.

Sandra Luz López Barroso, estudiante del Centro de Capacitación Cinematográfica
Sandra Luz López Barroso, estudiante del Centro de Capacitación Cinematográfica
(Foto: Especial)

Muchos son a los que hemos de agradecer la magia que sucedió en Morelia a partir de que el Festival de Cine fue parte de la vida de todos los que aquí vivimos, pero también de muchísimos más de todas partes del mundo.

En la imagen de este año vemos a una señorita que a los ojos de algunos pareciera una quinceañera, quizá a los ojos de otros pareciera una princesita; a mis ojos parece la unión de ambas con el espíritu valiente y audaz de una guerrera.

Porque hay que decirlo, no todo fue fácil, hubo momentos difíciles, sobre todo los primeros años. Si bien su padrino Alejandro Ramírez tiene recursos suficientes, su madrina Daniela Michel, sensibilidad e inteligencia, y su padrino, Cuauhtémoc Cárdenas Batel, sensibilidad, cultura y sonrisa abre puertas. Las cosas bien pudieron no suceder como sucedieron.

Los recursos monetarios no son siempre garantía de triunfo. Se podrían dar muchos ejemplos de fracaso aún teniendo recursos millonarios.

Fue y es el patrimonio intangible, y el no dejar de creer en los sueños y anhelos, lo que dieron fuerza y constancia al Festival Internacional de Cine de Morelia.

De lo más valioso que ha compartido y logrado el Festival es sin duda la alegría que envuelve a miles de personas durante la segunda quincena de octubre, y sobre todo se agradece y valora el que se le haya inculcado a los morelianos el gusto por el buen cine, por el cine de calidad.

Antes no había esta cultura. Muchos veían al cine de calidad (de arte) como cine aburrido, no entendible, no gozable, acostumbrados al cine de taquilla, que si bien cuesta mucho producirlo, sobre todo debido a la corrupción, poco deja de cultura y evolución.

Al principio los jóvenes y muchos más sólo se interesaban y acercaban al Festival por los actores que venían, por la emoción de verles, de tocarles, de ver que eran de carne y hueso. Eso fue también una gran enseñanza, ver que esas personas que se soñaba imposible de conocer más allá de la pantalla venían a Morelia con gusto y se maravillaban no sólo de la belleza de la ciudad, sino de la alegría y anhelo de alcanzar tocar las estrellas y hacer los sueños realidad que tienen aún a pesar de los pasares los mexicanos.

Muchas veces se nos olvida, o preferimos no recordar, a los que hemos nacido en esta tierra llamada México, lo que anhelamos, pues ciertamente hemos sido muy golpeados. Llevamos siglos anhelando y luchando por lo que aún se anhela: justicia, igualdad e independencia económica y política, en los hechos no solo de palabra.

Pensará usted, estimado lector, que esto no tiene nada que ver con el cine, pero tiene todo que ver pues el cine es reflejo de la realidad.

El cine es la prueba de que los sueños pueden lograrse, de que lo imposible es posible y, sobre todo, es prueba fehaciente de los logros tecnológicos y artísticos de la humanidad.
En el cine se ve reflejada el alma de quienes lo producen, lo que les ocupa y preocupa. Me refiero obviamente al buen cine.

Ya que el de taquilla o comercial sólo es producido para “entretener” y/o para hacer olvidar la realidad, para hacer creer a quien lo ve que las cosas son así y que no se puede cambiar, que así estamos bien y pues a seguirle, no hay de otra.

El cine comercial es como todo medio masivo de comunicación: sostén ideológico del sistema económico y político imperante. Ese cine sólo es producido para inducir formas de pensamiento y comportamiento que reproduzcan el existente.

El buen cine, al contrario, te lleva de la mano a lo recóndito del ser y abre puertas y ventanas a la realidad y a la realidad que podría crearse de así proponérnoslo.

El buen cine hace pensar, hace sentir, nos recuerda nuestra capacidad de creación, pero también de admiración y de sentir.

Y esto es sumamente importante: recobrar la conciencia, recobrar el sentir, recobrar la capacidad de indignación y protesta a la realidad que nos asfixia y acaba de a poquito a poquito hasta desintegrar el verdadero ser.

Amo el cine, lo disfruto y le agradezco todo lo que me ha dado. Desde muy pequeña me hice su fan, su admiradora, su segura seguidora.

Me gusta el buen cine, me indigna el cine comercial, sobre todo al pensar por qué y para qué lo hacen. Desde muy joven asistí como si de misa se tratase al Cine Club de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y al CUEC. Asistía cada año a la Muestra Internacional de Cine en la Ciudad de México, no me perdía una. Y ahora desde hace quince años no me pierdo el Festival Internacional de Cine de Morelia.

Me encanta ver cómo Morelia se transforma, cómo sonríe y se engalana. Me da esperanza ver a los jóvenes acercarse al cine, ya no sólo a ver a los actores, sino que ya saben de productores, quién y por qué hicieron tal o cual película. Es gratificante cuántos maravillosos cineastas han nacido y que ven la infinidad de posibilidades que existen para expresar y modificar la realidad que nos circunda.

Esto último lo digo con todo conocimiento de causa; tengo tres muy queridos amigos, que les conozco desde antes de ser reconocidos por su excelente trabajo y compromiso para con el arte del cine. Sandra Luz López Barroso, Federico Cecchetti y Sarasvati Herrera Creel, los tres sumamente talentosos, pero sobre todo seres humanos maravillosos. A los tres desde aquí les expreso una vez más mi enorme cariño y felicidad por sus logros.

Sandra Luz, reconocida por su documental Artemio; Federico, por El sueño del Maracame, y Sarasvati, por Sinvivir. ¡Que vengan muchos más logros y anhelos hechos realidad!
A ellos nos une, a mis hijos y a mí mucho más que el cine, el anhelo de un mundo diferente, de un México sin injusticias, un planeta lleno de luz, conocimiento, igualdad y felicidad. Damos gracias a la vida por habernos reunido y conocerles.

Ver el inicio de una vida es sin duda una experiencia maravillosa, esperanzadora. Ya sea de un ser humano, de una planta, animal, constelación, volcán, ave, flor, o como es en este caso, un Festival de Cine en esta tierra que, como dice la canción, “si vas al paraíso sobre él volando estás”. El buen cine nos permite sin duda abrir las alas y alcanzar las ilimitadas posibilidades que tenemos todos.

Es una alegría la celebración de sus quince años, larga vida e innumerables éxitos deseamos al Festival, a sus creadores y a todo el equipo que lo hace posible año con año. Gracias a ellos, a los cientos de personas que ponen su granito de arena para hacernos felices, para hacernos sentir bien a pesar de los pasares.

vazquezpallares@gmail.com

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