Salvador Molina Navarro
Derecho a qué…
Competencia contra monopolio
Jueves 26 de Octubre de 2017

El fracaso es parte del éxito. Robert Kiyosaki, en Padre rico, padre pobre.

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La sociedad moreliana y uruapense estamos viviendo un nuevo paradigma en movilidad urbana mediante la entrada del servicio Uber. Como en todos los casos en que se inicia este esquema de movilidad se ha causado revuelo y opiniones encontradas, todas deben escucharse, todas deben criticarse, todas deben analizarse y todas deben valorizarse.

Pues bien, la sociedad tiene esa opción y ese derecho de opinión, no puede limitarse o negarse el ejercicio de externar la opinión o el razonamiento que tenemos en favor o en contra de un tema que se encuentra actual y vigente en nuestra realidad social, esto como parte de una sociedad, como individuos en particular y como ciudadanos.

El Uber no es el problema, el verdadero problema se ha generado con el inicio de una competencia legal, el verdadero problema estriba en que ahora los usuarios podemos decidir sobre tomar un servicio público y llamar a otra propuesta de movilidad urbana
El Uber no es el problema, el verdadero problema se ha generado con el inicio de una competencia legal, el verdadero problema estriba en que ahora los usuarios podemos decidir sobre tomar un servicio público y llamar a otra propuesta de movilidad urbana
(Foto: TAVO)

Las opiniones que se han vertido por parte de los taxistas de estas ciudades sin duda van dirigidas a defender el derecho de ejercer un oficio o una actividad económica de la cual se niegan la posibilidad de aceptar bajo esquemas legales diferentes. Los taxistas critican que el servicio Uber se inicie bajo un proceso legal diverso al señalado por la normatividad para poder iniciarse en el servicio de transporte público, en especial al taxi, defienden que el único camino legal para poder prestar un servicio de movilidad urbana mediante un pago por ese traslado sea mediante la adquisición de una concesión de servicio público, que solamente sea el estado, a través de la Cocotra, quien determine quién sí y quién no puede iniciarse en esta actividad económica.

Haciendo un análisis de la eficacia y la eficiencia de la Cocotra como ente regulador del servicio público, los mismos taxistas y la sociedad en general tenemos mucho que señalar, como son:

1. El reparto de concesiones a personas en particular que se han llenado de beneficios y son titulares, ya sea de nombre propio o por presta nombres, de varias concesiones de diversos tipos o modalidades de transporte público.

2. El abuso de los titulares de las concesión para con los choferes que las trabajan, lo que además está prohibido por la propia normatividad.

3. La revisión a las unidades en su estado de conservación, funcionalidad y mecánico, la llamada revista, que sólo se ha convertido en un requisito a cubrir mediante un pago ilícito que genera corrupción e inseguridad a los usuarios.

4. La permisibilidad de los inspectores de la Cocotra para que brinden el servicio de taxis unidades que no cuentan con las placas de servicio público, para que unidades que notoriamente contaminan sigan circulando todo el día, para que las unidades de servicio público se pasen las señales de alto en los semáforos o violen el Reglamento de Tránsito.

5. La falta de respuesta en un marco de la ley de las demandas de los transportistas y de la ciudadanía en general.

6. La pesada burocracia que implica realizar cualquier trámite en dicha oficina.

Bajo este esquema se puede advertir un estado de ineficacia en la oficina que debe facilitar el esquema del transporte público en la entidad y dotar de seguridad jurídica al usuario, y sobre todo llevar la batuta en la prestación de un servicio de calidad que dignifique al transportista y al usuario al momento de utilizar el servicio de taxi.

Por otro lado, el esquema jurídico que impera en la actualidad es determinante a respetar los derechos humanos de los individuos, se debe asegurar el derecho a un mínimo vital; esto es que el Estado debe permitir que toda persona tenga acceso a una actividad económica que le brinde la oportunidad de acceder a un progreso continuo, de ahí que el limitar ese derecho debe estar fundado y motivado, lo que hasta ahora no se ha logrado por autoridades y transportistas, solamente se han abocado a difundir sus opiniones subjetivas sobre el tema de los Uber, pero no han sentado bases legales de forma fundada y motivada.

Asimismo, es indiscutible que no puede haber monopolios pues así lo determina la Constitución, en este sentido, ¿por qué no generar una competencia leal en contra de los Uber?, ¿por qué no combatir a los Uber con esquemas de justicia y de derecho con calidad y altura en los posicionamiento?, ¿por qué no abandonar las conductas anarquistas que abonan a la justicia por propia mano, reduciendo la eficacia de las autoridades y poniendo en riesgo el Estado de Derecho?, ¿por qué no asegurar el éxito que debe ser consecuencia directa del fracaso?

Los usuarios del transporte público esperamos de nuestros taxistas una mejora en su servicio, un adecuado aliño personal y de la unidad, un trato amable para quien va dentro del vehículo y quien está fuera del mismo, no es deseable pagar por un servicio de traslado donde quien maneja violente la educación vial, donde a cualquier provocación se inicie un conato de palabras en contra de peatones y automovilistas. Necesitamos seguridad en las tarifas, poner un alto al abuso del cobro unilateral y exagerado del servicio, los usuarios queremos que al momento de decidir si pedimos un Uber o un taxi tengamos claro que uno y otro nos brindará un servicio de calidad.

El Uber no es el problema, el verdadero problema se ha generado con el inicio de una competencia legal, el verdadero problema estriba en que ahora los usuarios podemos decidir sobre tomar un servicio público y llamar a otra propuesta de movilidad urbana, ahora enfrentamos la inseguridad que provoca el saberse en competencia, el saber que ya no somos los únicos, el saber que ahora estamos obligados a cumplir con la ley, con la norma que ha permanecido escrita pero muda en materia de servicio público, al final del día el servicio de Uber no ofrece ni menos ni más de lo que se exige en la norma a los taxistas, solo bastaría con cumplir las exigencias de no abusar del cobro, de ser cortes, de tener limpieza personal y en la unidad, de tener nuestro vehículo en óptimas condiciones de conservación, funcionalidad y mecánico, de dotar de traslado cómodo y seguro.

Uber no viene a la ciudad con propuestas novedosas, sólo ofrece lo que a nuestros taxistas les ha exigido la ley y los usuarios durante mucho tiempo; Uber ha llegado a nuestra ciudad con una nueva estructura y modalidad en materia de transporte, ahora les toca a nuestros taxistas ser exitosos, reconocer en qué han fracasado y volverlo parte de su éxito, ya que en la medida que recuperen la preferencia de los usuarios, tendrán que abandonar las acciones ilícitas en contra de los Uber y sus protestas en vía de reclamo, indudable es que si el usuario vuelve a tomar un taxi, si el usuario nota mejoría en el servicio público de taxi, entonces los taxistas no tendrán que utilizar otras medidas más que continuar ofertando una mayor calidad en su servicio y de esta forma ambas propuestas tendrán que entrar en una mejoría constante en beneficio de los usuarios y de quienes sean Uber o taxistas. No temamos a la competencia, no generemos monopolios, ahora les toca a los taxistas conquistar el triunfo y luchar desde trincheras diferentes a la confrontación, solamente así lograrán que ese fracaso sea parte de su éxito.


FB. Salvador Molina
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