Alejandro Vázquez Cárdenas
Votar con el hígado
Miércoles 1 de Noviembre de 2017
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La lucha electoral para elegir candidato a la Presidencia de la República, lucha que por cierto en México inicia al día siguiente de la toma de protesta del nuevo presidente, ya está en sus etapas más candentes. La baraja de nombres ahora es bastante amplia si tomamos en serio las “candidaturas independientes”. Aunque muchos sospechamos que en realidad sólo tres o cuatro personas de los actuales precandidatos son los que tienen reales posibilidades de ganar la elección.

Las personas que apoyan a los diferentes partidos políticos están convencidas de que lo que escuchan decir a su candidato favorito es la única verdad y todos los demas son unos mentirosos.
Las personas que apoyan a los diferentes partidos políticos están convencidas de que lo que escuchan decir a su candidato favorito es la única verdad y todos los demas son unos mentirosos.
(Foto: Héctor Sánchez)

¿Qué piensa o cómo razona el potencial votante de cada partido? Pues a la luz de varios estudios realizados, tal parece que en realidad no piensa mucho; nuestras inclinaciones políticas no son producto de procesos puramente racionales y lógicos, sino que están vinculadas a sesgos inconscientes.

La gran mayoría de las personas que apoyan a los diferentes partidos políticos están convencidas de que lo que escuchan decir a su candidato favorito es la única verdad y todos los demás son unos mentirosos. Este rasgo se conoce como "sesgo en la confirmación", es decir, buscamos y encontramos, o de plano inventamos, evidencias que apoyen nuestras creencias, e ignoramos, desechamos o, en el mejor de los casos, reinterpretamos aquello que no coincide con nuestra opinión.

Estudios realizados hace ya algunos años en la Universidad Emory Atlanta demostraron que en lo que se refiere a opiniones y juicios acerca de temas políticos, los simpatizantes de cada partido no aceptan ni procesan hechos que influyan en sus decisiones. La investigación muestra que militantes de un determinado partido pueden oír la misma información pero llegar a conclusiones opuestas.

El estudio se realizó mediante el uso de algo llamado neuroimagen funcional (fMRI), que permite observar la actividad del cerebro, durante los tres meses previos a la elección presidencial de 2004 tomando como sujetos de estudio una muestra de fieles republicanos y otra de convencidos demócratas. Se les pidió evaluar información amenazante para su propio candidato. Durante esa tarea los sujetos se sometieron a fMRI para observar qué partes de sus cerebros se activaban. Los hallazgos son interesantes.

“No vimos ningún incremento en la actividad de las partes del cerebro normalmente involucradas en el razonamiento”, dice Drew Westen, quien condujo el estudio. “En vez de eso vimos encenderse una red de circuitos emocionales, incluyendo algunos que se suponen involucrados en regular la emoción”.

Una vez que los militantes de partidos habían llegado a conclusiones por completo sesgadas, encontrando los medios para ignorar la información que no podía ser racionalmente desestimada, no sólo se apagaron los circuitos que median las emociones negativas, sino que además los sujetos tuvieron un estallido en los circuitos involucrados en las recompensas, de forma similar al que los adictos presentan cuando obtienen su dosis.

Ninguno de los circuitos involucrados en el razonamiento consciente estuvo particularmente involucrado. Si escuchaban las evidentes contradicciones de su candidato favorito, los militantes mostraban activación de la corteza frontal orbital del cerebro, lo cual indica, señalan los neurocientíficos, procesamiento emocional y quizá estrategias de regulación emocional. Dicho de otra manera: una especie de “doblepensar” orwelliano, que es ni más ni menos la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente.

Algo muy significativo fue observar que no hubo datos de activación de la corteza dorsolateral prefrontal, la parte del cerebro asociada con el razonamiento. Esto sugiere que el “sesgo del juicio” ocurre fuera de la conciencia. Los simpatizantes de determinado candidato no saben, ni se enteran, de que están distorsionando la información que reciben. “El resultado es que las creencias de los partidarios están calcificadas y la persona puede aprender muy pocos datos nuevos”, concluye el estudio.

¿Qué significa en pocas palabras todo lo anterior? Hablando metafóricamente significa que la mayoría vota con el hígado, no con el cerebro.
Mal asunto.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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