Rafael Mendoza Castillo
Las instituciones al servicio del proyecto de pocos
Lunes 6 de Noviembre de 2017
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Inicio estas reflexiones con el pensamiento crítico de Lorenzo Meyer: “Hoy no se ve en México un ‘proyecto de nación’, sino en realidad, a la nación como proyecto de unos pocos”. Un proyecto de nación es un conjunto de ideas compartidas por la comunidad política o voluntad popular. Recordemos las ideas que encierra “tierra y libertad” (lema propuesto por Ricardo Flores Magón), que acabó con la dictadura porfirista y su clase terrateniente.

Así, el proyecto neoliberal que se impuso al país desde 1982 con Miguel de la Madrid es el proyecto de los pocos para los pocos. La idea central de dicho proyecto es “dejad que el mercado asigne recursos, tareas y recompensas”. Por eso las instituciones privadas y públicas se ponen al servicio de dicho proyecto privatizador, es decir, acumular capital, el excedente, en pocas manos. El Sistema Nacional Anticorrupción es una simulación (fiscales carnales).

Lorenzo Francisco Meyer Cossío es un historiados y académico mexicano
Lorenzo Francisco Meyer Cossío es un historiados y académico mexicano
(Foto: Especial)

La impunidad, la corrupción y el autoritarismo constituyen, debido a condiciones históricas y sociales (que no naturales, antropológicas o inherentes a la naturaleza de los mexicanos), el cemento que sostiene a grupos políticos conservadores, a la oligarquía financiera, comercial e industrial, y al poder de dominación, de explotación, realmente existente.

De lo anterior se desprenden dos posturas frente a esa circunstancia. La primera considera a la impunidad, la corrupción y el autoritarismo como cuestiones naturales, propias de la condición humana. Esta actitud paraliza la acción, la imaginación, la crítica de la gente, y las somete a un tiempo eterno, sin posibilidad de transformar la realidad, es decir, sin horizonte de futuro. Así, el presente prianista es eterno.

La segunda postura frente al mundo ubica la trilogía mencionada como una construcción histórica, cultural y social, la cual debe ser transformada por voluntad humana y plantea la posibilidad de producir opciones de futuro, distintas al orden de cosas existente. Esta última actitud se asume en un pensamiento crítico, disruptivo, ético, fundado en la ira y la rabia. Como bien dice Adolfo Gilly: “Que no nos vengan con que es el tiempo de la esperanza. Es ahora el tiempo de la ira y de la rabia. La esperanza invita a esperar, la ira, a organizar. Después de la ira viene la esperanza”.

La corrupción, la impunidad y el autoritarismo (pagó Pemex a Odebrecht 61 por ciento más de lo pactado en la planta de Tula), han exiliado de la política a la ética crítica, es decir, la acción pública, como contenido de lo político, se cambió por un pragmatismo, sin principios históricos ni morales ni cívicos ni constitucionales, donde solamente importa el éxito personal o de mafias, y donde el poder es medio para que los pocos, los privilegiados del sistema de dominación, acumulen riquezas exorbitantes. Estos comportamientos someten a humillación, sufrimiento y empobrecimiento a millones de personas. En esta prespectiva se ubica el Frente Ciudadano por México y los candidatos independientes.

El sistema político, el poder de dominación y su entramado institucional, cada día que pasa se aproximan a una descomposición tal que pierden sus atributos fundamentales y los fines que los justifican, esto es, se corrompen porque lo político se les olvida y solamente les queda la búsqueda de lo privado y el fortalecimiento de sus privilegios. El dinero es lo que importa y la dignidad se ausenta. Donde la dignidad no está presente todo se puede intercambiar, todo se puede pactar (alianzas) con tal de continuar en el poder.

De lo anterior surgen algunas preguntas. ¿Dónde está la ley?, ¿dónde está el límite?, ¿dónde está la ética?, ¿dónde está la justificación de la acción política conforme a la razón?, ¿dónde está lo público?, ¿dónde está el respeto al otro, a su diferencia?, ¿dónde está lo solidario?, ¿dónde está la justicia?, ¿dónde está la igualdad?, ¿dónde está la paz?, ¿dónde está la seguridad? En los últimos dos años el gobierno federal y el sector empresarial identificaron 159 trámites y servicios que podrían ser propensos a actos de corrupción, en justicia, seguridad, medio ambiente, la salud, etcétera.

No cabe duda de que el espectáculo político sustituye a la realidad. Lo más grave que sucede es que el espectáculo político de luz y sonido se convierte en pantalla para expulsar al pensamiento crítico y a la acción constituyente. La verdad no importa, lo que interesa es persuadir, convencer, ocultar y reprimir. El sistema y su poder de dominación no viven ni existen para servirles a los excluidos, los marginados, los desiguales en todo, sino para servir a la oligarquía, a los poderosos y a los satisfechos totalmente.

Un país o una nación donde no impera la ley ni el Estado de Derecho (en el tren a Toluca, pago indebido de mil 775 millones de pesos), como límite a la voracidad del más fuerte, del dueño de los medios de producción y del sistema político y sus instituciones, produce condiciones para desorganizar el tejido social y cultural ya que la completud de los oligarcas o dominadores debilita, destruye creencias compartidas y representaciones comunes como la solidaridad, el sentido de comunidad y la diferencia (anomia).

Los impunes, corruptos y autoritarios viven por encima de la ley (el SAT devolvió en tres años un billón 345 mil millones de pesos a grandes contribuyentes). Lo anterior posibilita la creación de grupos o mafias que se sienten como la fuente misma del poder (corrupción de la política), sean de la oligarquía, de la delincuencia organizada, de las cúpulas partidarias de distintos colores, sus objetivos son particulares y no contemplan la voluntad, las aspiraciones y los deseos del pueblo.

Por eso vemos a diario que la norma se aplica a los subalternos, a los desprotegidos, a los pobres. Los impunes, corruptos y autoritarios nunca llegan a la cárcel: Ulises Ruiz, Mario Marín, Luis Echeverría, Vicente Fox, los hijos de Martha Sahagún, Carlos Salinas, Arturo Montiel, César Nava, Emilio Lozoya y Odebrecht y los contratos de servicios múltiples en Pemex, por 1436 millones de pesos y paga dos mil millones de pesos, Enrique Peña Nieto y otros. Como bien afirma Julio Scherer Ibarra: “Los impunes se comportan como inocentes. Son la ley y la ley no castiga a los de arriba, a los grandes, a los conductores. En el búnker todo se arregla entre correligionarios”. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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