Jerjes Aguirre Avellaneda
Hacia una tipología de candidatos
Viernes 17 de Noviembre de 2017
A- A A+

Ha comenzado la etapa en la que habrán de seleccionarse los miles de candidatos que participarán en el proceso electoral que culminará en la jornada de julio de 2018. En el ambiente político actual el “síndrome de la candidatitis” se encuentra en un apogeo creciente. Paradójicamente la política carece de suficiente prestigio, pero muchos siguen viendo en la participación electoral un medio de movilidad social, o dicho de otro modo, un medio expedito para que surjan nuevos ricos.

No obstante, los políticos que aspiran a figurar como candidatos poseen características que los hacen susceptibles de agrupamientos por categorías, como tipos o modelos que permiten su clasificación según la aplicación de criterios adoptados para este propósito. Max Weber, en su obra El político y el científico, utiliza el criterio de ocupación para referirse al político “ocasional”, el “semiprofesional” y el “profesional”, caracterizándolos como el que “vive y el que no vive de la política”.

Sin embargo, al criterio de ocupación podrían agregarse otros criterios que podrían enriquecer el tipo o modelo de candidatos, como podría ocurrir con el “origen social”, considerando que en los procesos de formación y educación social se presentan diferencias fundamentales entre un trabajador, un miembro de las clases medias o un empresario industrial, comercial o financiero. Claramente podría distinguirse un candidato campesino de un obrero, un maestro o servidor público, de un candidato empresario dedicado a los servicios, la construcción o los transportes. La comprensión, el compromiso y el comportamiento político son distintos en uno y otro caso, lo mismo que sus valores en diferentes aspectos como la congruencia, la lealtad y la honradez.

Se tendría que considerar la trayectoria, la experiencia y el desempeño probado de los cargos de elección popular.
Se tendría que considerar la trayectoria, la experiencia y el desempeño probado de los cargos de elección popular.
(Foto: Cuartoscuro)



Por otra parte, se supondría que una tipología de candidatos podría estar referida de manera suficiente por la militancia en los distintos partidos políticos. De este modo podría hablarse del tipo de candidato de izquierda, derecha o centro, según las implicaciones sociales de sus propuestas. No obstante, efectuar esta identificación es totalmente incierto por la razón de que los partidos políticos han perdido identidad ideológica, de modo que actualmente en la situación mexicana no se puede saber cuándo un partido es de izquierda, derecha o centro. Ahora, los de derecha sostienen tesis de izquierda y los de izquierda de derecha, en tanto que los del centro se hacen a un lado y otro según les conviene.

Si acaso podrían persistir algunas inercias derivadas de actuaciones políticas pasadas que pudieron caracterizar a partidos y candidatos, con un mayor o menor compromiso con los cambios que favorecen a las mayorías sociales. En todo caso, este supuesto podría tener una condición marginal, frente a una realidad en la que las militancias y las ideologías carecen de todo significado y cada vez es preferible que los candidatos carezcan de todo compromiso partidista e ideológico para colocar en su lugar a “ciudadanos competitivos electoralmente”, con “imagen suficiente” para ganar simpatías y preferencias en los momentos de emitir el voto.

Adicionalmente, se tendría que considerar la trayectoria, la experiencia y el desempeño probado de los cargos de elección popular. La “carrera” política era un indicador confiable para otorgar calificación a un “buen candidato”, a quien se conocía por sus antecedentes, entre otros, como presidente municipal, diputado, senador o funcionario público. La experiencia acumulada como militante activo y conocido por su participación en las luchas políticas y sociales eran muestras del compromiso y la congruencia de los candidatos, que los dotaba de autoridad suficiente en la relación directa con los ciudadanos, como “buenos oradores en la plaza pública”, capaces de convencer y motivar a quienes los escuchaban.

Habría que considerar también la ideología y la disposición para confrontar las propuestas concretas en el marco de proyectos históricos, debatir y defender ideas y principios que otorgan sentido a las acciones específicas, aun considerando que ya no hay políticos que sean portadores de proyectos históricos, sino políticos de coyuntura, que se atienen al ser, con olvido absoluto del deber ser, como expresión de inteligencia y voluntad humana.

Sin embargo, aun cuando el político actual permanece en “lo que debe ser”, olvidándose de “lo que tiene que ser”, termina siempre con la desconfianza del pueblo, porque se mueve siempre en el círculo perverso de “siempre lo mismo, todo en el mismo lugar”. El político venido en aspirante o candidato, ignora la parte objetiva de los cambios, el pensamiento íntimo de los demás, sus deseos y aspiraciones, entendiendo como imposible que los ciudadanos tengan la razón y que el político sea el equivocado. Como no se entiende la movilidad y no hay capacidad para distinguir lo falso de lo verdadero, tampoco entienden las causas profundas de los cambios en la sociedad, mucho menos las grandes tendencias que apuntan hacia el futuro. ¿Quiénes son los políticos y candidatos de hoy? Muchos responderían de manera significativa, que son los ignorantes, cínicos y demagogos.

¿Cuáles serían entonces algunos de los “tipos” de candidatos que con probabilidad significativa habrían de surgir en el actual proceso electoral? La elaboración de un catálogo sobre tipologías de candidatos es una tarea pendiente por su complejidad, en la que tendrían que considerarse un elevado número de variables, incluyendo los candidatos chapulines, los “candidatos con derechos de sangre” y los candidatos surgidos a partir de compromisos diversos, con exclusión del criterio de “eficiencia en el desempeño del cargo”. En el resultado final, en la percepción general habría que cuestionar si en la política y en los mismos candidatos se encuentran los mejores ciudadanos, los más calificados y merecedores de una confianza fundada en la conciencia y la convicción.

En términos de un modelo general, que no es equivalente a todos los políticos y candidatos, lo que prevalece en requisitos y características para y de los aspirantes y candidatos, sin pretender exhaustividad, es lo siguiente:

1- El vacío de ideas, de teoría, de ética, de ideología. A la ideología se le califica de “puro rollo” y tanto los principios como la moral, sucumben ante el supremo valor de ganar las elecciones. La mentira, el engaño, la apariencia y las dádivas que comprometen credenciales y votos, se convierten en las prácticas que intentan convertir en realidad, lo que en la cabeza de los políticos se considera como posible y que pomposamente llaman pragmatismo.

2- Este sentido pragmático impecable de todo candidato, convierte a los ciudadanos en masa manipulable, todo vez que nunca se pregunta a quienes se pretende beneficiar y a quienes se pretende perjudicar y cuáles son las finalidades últimas de lo que se hace. Simplemente se dejan llevar por las inercias de los procesos, con lo cual se convierten en los grandes y más peligrosos oportunistas históricos.

3- El dinero y la capacidad de mando, que permiten las satisfacciones de sentirse obedecidos y el placer de poder tenerlo todo porque todo lo pueden comprar, constituyen las fuerzas internas que mueven a políticos y candidatos. Con este tipo de personajes pierden importancia el orgullo, la dignidad, la amistad, la familia y el país mismo. Todo se sacrifica en función de las ambiciones para cuya realización dejan de importar los medios utilizados.

Ciertamente el modelo no es aplicable a todos los casos, si bien la percepción colectiva no desestima el conjunto de sus características. Como se practica en México, la democracia parecería inviable, haciendo necesarios cambios profundos en el sistema político mexicano para instalar una efectiva democracia de ciudadanos, auténtica, vigorosa y justa, como una auténtica y superior forma de vivir, comenzando con candidatos objetivamente calificados para representar los intereses colectivos.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

El inicio de una nueva historia

¿Podrá transformarse el PRI?

Lo viejo y lo nuevo en la democracia mexicana

Recordando a Carlos Marx

Candidatos: entre lo pequeño y lo grande

La nueva realidad migratoria

¿Alguien recuerda a los jornaleros agrícolas?

Elecciones y necesidades de cambio

El futuro que queremos que suceda

Corrupción, discrecionalidad, gabinetes

Política: la convicción contra la creencia

Meade y los nuevos tiempos del PRI

Morena, “el peligro para México” y el proyecto de nación

¡El grito desesperado de la ideología!

En el año que comienza, tiempos para cambiar

Enajenación, ciudadanos y política

Fenómenos nuevos en la democracia mexicana

Clase política y elecciones

Diferencias sociales y elecciones

Las ideas y los intelectuales en la política

Hacia una tipología de candidatos

¿Todo para el mercado o todo para el Estado?

Los mexicanos: ¿por qué luchar?

Las Zonas Economicas Especiales y el desarrollo regional

En política: los jefes y los líderes

¿Por cuál camino: derecha o izquierda?

Pobreza estructural, el tener y el hacer

En marcha, Frente Amplio Democrático… ¿contra quién?

Cuando gana el PRI, ¿gana México?

La globalización en crisis

Reflexiones sobre México y el mundo

¡El Balsas se seca, la población también!

Democracia y cultura

¿Frente anti PRI o anti López Orador?

Resolver los problemas de fondo

Las ZEE y el corredor de pobreza Michoacán-Chiapas

La fuerza histórica de la comunidad indígena

Gobernadores ladrones

Efervescencia y preparativos políticos

Zapata, ¿individuo o comunidad?

Algunas referencias de la izquierda mexicana

¿Hay todavia izquierdas y derechas?

La lectura de las realidades políticas

México, el vacío de liderazgos

¿Oponer el sueño mexicano al sueño americano?

¡Para el debate por Michoacán!

Acelerando los tiempos políticos

En memoria del doctor Robles Garnica

Sin titubeos, la ZEE de Lázaro Cárdenas debe establecerse

En 2017: la difícil construcción del futuro

Corrupción y legitimidad política

Profesionistas: “Ciencia y tecnología para una patria libre”

En su aniversario: Revolución muerta, principios vivos

Ante el fenómeno Trump, lo necesario y a tiempo

¡Para el debate por Michoacán!

¿Todavía sirven los líderes?

Hacia el Centenario de la Constitución

Morelos: el pasado desde el presente

Presupuesto, austeridad y confianza

El Informe: lo dicho y lo no dicho

En la unidad de la izquierda, ¿cuál proyecto?

Violencia estructural, soluciones estructurales

Plan de Desarrollo, intenciones y realidad

CNC michoacana: renovación de liderazgos

En busca de la equidad

Migración michoacana, entre la forma y el fondo

¡Como son los candidatos es la democracia!

¿Se puede reformar la cultura?

(¿) Demostrar que el PRI está de pie (?)

La ZEE de Lázaro Cárdenas: enfoque regional y desarrollo territorial

En estos tiempos: ¿desarrollo o decadencia democrática?

La ZEE de Lázaro Cárdenas: el desarrollo compartido

Los modelos de análisis político y 2018

La ZEE de Lázaro Cárdenas: entre la idea y la realidad posible

Repensar la cultura y el desarrollo

Entre la demagogia, los medios y la insatisfacción democrática

Creencias y cambio de creencias

Lázaro Cárdenas: De Sicartsa a Zona Económica Especial

Relevos en la CNC michoacana

La clase empresarial michoacana

Aniversario: el modelo zapatista de lucha

Silva Tejeda: ¿Nuevo líder, nuevo PRI?

¡Para el Debate por Michoacán!

Desocupación y empleos emergentes

Remesas y problema migrante

Para entender la sociedad: ¿Sirve la teoría?

Absurdos sin corrección del campo michoacano

El Papa, los problemas y las soluciones

El ejido: Entre la ignorancia y la mala fe (Cuarta parte)

El ejido: el más grande despojo de la historia (Tercera parte)

El campo michoacano: Diez temas pendientes Segunda parte

Lo hecho y no hecho en el campo michoacano (primera parte)

Lo nuevo en el campo michoacano

Gobierno, presupuesto y política

Poder, plan, desarrollo y modelo

Foros de Consulta y Plan de Desarrollo

La costumbre de vivir con violencia

Revolución Mexicana hoy, frustraciones y hartazgos

Las Truchas, frustraciones y posibilidades

Belisario Domínguez ennobleció a la patria

Plan de Desarrollo, método y compromiso

Año difícil: presupuesto 2016

Zonas Económicas Especiales y regiones pobres de Michoacán

El nuevo comienzo, sólo con pueblo y gobierno

¿Es posible un gobierno sin mitos?

El reto de organizar al pequeño productor rural

Secretaría para la ciencia y la tecnología

Nueva administración para nuevo gobierno

Nuevas visiones para los nuevos ayuntamientos

Por un equipo de gobierno sin vicios y con rumbo

En el PRI, ¿sólo cambio de dirigentes?

La pobreza, organización y nueva cultura

La pobreza y sus retos, ¿es lo mismo explicar que medir la pobreza?

Cuba-Estados Unidos; una nueva historia

Los michoacanos, principio y fin del desarrollo

¿Es posible un programa del nuevo gobierno?

¿Organización política y candidaturas independientes?

¿Las mayorías nunca se equivocan?

La Tierra Caliente de Huetamo

Darle rumbo al campo

Replanteando estrategias: Michoacán y sus regiones

Los debates y la cultura política

Algunos de los muchos pendientes

Campañas: agotamiento de los viejos proselitismos

El vacío de liderazgos

Elecciones 2015: ¿para creer en la democracia?

¡Para el debate por Michoacán!