Rafael Mendoza Castillo
¿Quién lleva las riendas en el país?
Lunes 27 de Noviembre de 2017
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La clase oligárquica, los propietarios del capital, los acaudalados y sus subordinados, la partidocracia, los poderes fácticos, llevan las riendas del proyecto neoliberal que se nos impuso en 1982. El objetivo de dicho proyecto es acumular la riqueza en esos grupos. Estos últimos han venido inventado una serie de mecanismos como el Buen Fin con la finalidad de convertir a las personas en buenos consumidores, tanto en lo físico como en la parte subjetiva o mental.

El Buen Fin es un acontecimiento que se inscribe en los procesos de mercantilización, teniendo como marco el modo de producción capitalista. Este hecho muestra y demuestra un escenario de peligro para las personas, tanto de tipo físico como en lo psíquico. Esto es, en el segundo caso, los sujetos o individuos entregan sus decisión, su libertad, como medios para enriquecer a otros. En lo físico, se convierten en cosas y pierden la capacidad de decir “no” ante su propia existencia, dejan de pensar críticamente, no son seres rebeldes. El mercado, el sistema, piensa por ellos.

Ralph Waldo Emerson fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense.
Ralph Waldo Emerson fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense.
(Foto: Especial)



Ambos fenómenos descritos expresan la pérdida de la pregunta sobre ¿qué somos?, ¿qué nos mueve?, ¿a dónde nos llevan? Así, el ruido del Buen Fin que provocan los medios de comunicación comerciales, la corrupción, la impunidad, el Guadalupe-Reyes, enmascaran, le ponen velos a la realidad, la ocultan, la reprimen con ilusiones como el sentirse felices al consumir; evitando que las personas dejen de pensar en lo que son.

Si seguimos aceptando ese modo de ser y esa forma de vida que nos impone el capital, su arsenal de mercancías y su método fundado en la economía, que pone en el centro al mercado, a los monopolios y ve a los otros como medios, como instrumentos, y nunca como fines en sí mismos, nos colocaremos, como formación social en un proceso de barbarie donde perdemos lo humano, como seres autoconscientes, y aunado a ello la extinción de la civilización en la tierra.

¿Qué somos? En principio no somos cosas, medios para servirle al capital, al dinero, al poder, al capitalismo corporativo, a la estructura política o régimen político, a sus instituciones, que solamente le sirven al gran dinero y a las reglas del trabajo enajenado, sino sujetos erguidos que podemos desafiar esta existencia que nos oprime en lo físico, lo mental y que podemos marcarle otro rumbo, un proyecto liberador a la nación mexicana, más compartido, justo e igualitario.

Recordemos las palabras de Ralph Waldo Emerson: “Las cosas se nos han montado encima y llevan las riendas”. El sistema de explotación inventa ciertos códigos, símbolos que se configuran en discursos para convencer, persuadir a los individuos para alejarlos del pensar reflexivo y cuestionador, subrayando solamente todo aquello que tenga que ver con las emociones y sentimientos, desplazando a la razón crítica, disruptiva. El orden del capital nos fragmenta física y mentalmente.

¿Qué nos mueve? El sistema económico inventa a diario acontecimientos para vender su arsenal de mercancías. Este hecho inventa también un sujeto especial para el consumo. Va creando un sujeto individualizado, con deseos específicos, que goce cuando compre, tener más y ser menos, con actitud compulsiva, con un yo narciso. Como se observa, las cosas marcan las reglas (tiranía de los objetos) y el individuo se somete a ellas.

En el caso anterior se presenta un fenómeno de violencia como mecanismo que no es visible ante las personas pero que afecta a los cuerpos y que algunos pensadores lo nombran como biopolítica, es decir, el domino sobre los cuerpos (dolor, sufrimiento). También se presenta un dominio sobre la conciencia, el inconsciente, la mente, lo subjetivo del individuo y se nombra como lo psicopolítico (depresión, angustia). Muchas ofertas y bajos salarios (88 pesos al mínimo) incrementan las enfermedades de la mente y del cuerpo.

Para que el poder mantenga un dominio sobre el otro, los subordinados, produce un discurso, una ideología, unos valores, para legitimar dichas acciones. Su pretensión es convencer, persuadir a los individuos de esa forma de vida fundada en la desigualdad económica y cultural. Para algunos pensadores de lo social, esto último es la mayor amenaza a la democracias liberales, oligopólicas, como la nuestra y que José Revueltas llamó “democracia bárbara”.

El discurso neoliberal inventa representaciones que se anidan en el imaginario de las personas: éxito, acumular riqueza, ambición de poder, tener, poseer, competir, tranzar, violar la ley, explotar al otro, etcétera. Esas representaciones producen en las personas comportamientos corporales y mentales (conciencia falsa), caracterizados éstos por la aceptación del conformismo social, realmente existente. Por ejemplo, consumir bienes y servicios produce, en los que pueden adquirirlos, un placer, un goce corporal y mental que se confunde con felicidad. El que no puede adquirir cosas por su situación salarial, el desempleado, se instala en la angustia, en un malestar físico y mental.

¿A dónde vamos? No vamos, ya estamos en un proyecto de país donde el arsenal de mercancías, el gran dinero, nos está dominando y explotando, al máximo (globalización). Como decía el bueno de Martín Lutero hace 500 años: “El demonio estaba montado en la silla y cabalgaba sobre el hombre”. Ese diablo, en su momento para él, era una Iglesia católica corrupta (vendían sotanas e indulgencias) y hoy para nosotros lo constituye el hombre de hierro, o sea el gran dinero, el capital, que oprime el cuerpo y la mente del hombre de carne y hueso. Hay que emanciparnos de ambos diablos.

Si seguimos tolerando, aceptando el modelo de economía neoliberal y sus representantes en partidos, en poderes ejecutivos, legislativos, judiciales, oligarquías, los cuales han venido traicionando la soberanía popular señalada en el artículo 39 constitucional, la vida y la vida humana en el país corren el mayor de los peligros, es decir, la muerte de lo social, de lo público, de la condición humana, del trabajo libre. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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