Jerjes Aguirre Avellaneda
Diferencias sociales y elecciones
Jueves 30 de Noviembre de 2017
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Los conceptos generales normalmente esconden la riqueza concreta de la realidad en la que están referidos. Tienen su propia función en el proceso de conocimiento, por cuanto la esencia de las cosas, los fenómenos y los cambios incesantes sólo se puede expresar y comprender de manera abstracta, cuya materia prima son los conceptos. Sin embargo, en particular la confusión entre lo concreto y lo abstracto, ha dependido de la retórica de los demagogos, cuando de acuerdo con su convivencia circunstancial algunas veces son pragmáticos refiriéndose a lo concreto tangible, y otras, a la importancia de la teoría para comprender al mundo.

En política, en su aspecto electoral, los pragmáticos dicen que “el voto es el voto”, sin admitir que haya una diferenciación cualitativa que depende del tipo de ciudadano que acude a emitir el sufragio. No entienden que detrás de un voto hay una actitud, formada en las condiciones específicas en las que vive cada ciudadano, como realidad que forma tanto su conciencia como sus emociones. A lo más que se ha llegado es al reconocimiento de que en la sociedad existe pluralidad de preferencias sin establecer relación alguna con el trabajo, el ingreso, nivel educacional, calidad de vida y expectativas de los ciudadanos.

En México ya no existe la estructura de clases sociales del siglo XIX, pero siguen existiendo enormes desigualdades entre el campo y la ciudad y hacia el interior del campo y las ciudades.
En México ya no existe la estructura de clases sociales del siglo XIX, pero siguen existiendo enormes desigualdades entre el campo y la ciudad y hacia el interior del campo y las ciudades.
(Foto: Cuartoscuro)

La pluralidad reconocida corresponde a una sociedad que no cambia y cuyos alcances no van más allá del reconocimiento de los derechos humanos elementales, al margen del tiempo y de los contextos como derechos que no incluyen las esenciales condiciones de desigualdad. Se puede y se debería preguntar: ¿habrá violación de los derechos humanos en las mayorías de pobres?, ¿los salarios insuficientes para vivir constituyen una violación a los derechos humanos?, ¿cómo pueden corregirse?

Las diferencias sociales están ahí y se profundizan como proceso que puede llegar a la polarización y la crisis. En México ya no existe la estructura de clases sociales del siglo XIX, pero siguen existiendo enormes desigualdades entre el campo y la ciudad y hacia el interior del campo y las ciudades. En el campo minifundista y jornaleros, ejidatarios y comuneros que apenas subsisten.
A su lado los empresarios dedicados a los agronegocios de exportación, con relevante participación de extranjeros. En los centros urbanos, los obreros, los autoempleados en negocios informales, los medianos y grandes empresarios y las burocracias, incluyendo también a los desempleados, los migrantes, “los que hacen lo que pueden” y los delincuentes.

En los aspectos políticos lo relevante consiste en el alejamiento de los partidos políticos y los gobiernos de estas realidades dada su lastimosa miseria ideológica e intelectual y de su resistencia para entender que los ciudadanos que no viven de la política son cada vez más participativos y exigentes, con canales de comunicación abiertos para coordinarse y movilizarse con la fuerza necesaria, mostrando sus grandes dudas sobre la legitimidad del sistema político y la vulnerable estabilidad de los gobiernos.

La testaruda realidad muestra que en política no es lo mismo un campesino que un obrero, un intelectual que un artesano, un sacerdote que un empresario. Todos tienen su modo peculiar de entender la realidad y reaccionar ante ella. No es igual el comportamiento político de un pobre en comparación con un rico, como tampoco es igual el de un hambriento respecto de un saciado o el de un culto respecto de un ignorante.

Las diferencias sociales representan el contenido y el sentido de la política en tanto que imponen la necesaria definición respecto de estar en favor o en contra de quienes viven de la política, con sus propias mentalidades y absurdos. Esta identificación, que en un tiempo fue aceptada por los partidos políticos, sobre todo por su ubicación como partidos de derecha o izquierda, ahora es totalmente inadecuada por la pérdida de las características que identifican una ubicación y otra, siendo que la izquierda hace lo que le corresponde a la derecha y viceversa.

¿Desaparecieron las clases sociales propuestas por el marxismo-leninismo?, ¿o los estratos sociales propuestos por los sociólogos norteamericanos?, ¿es suficiente la teoría del mensaje político dirigido a públicos generales?, ¿o la teoría de los grupos, en especial los de interés y de presión? Lo cierto es que las diferencias sociales superan la estrechez del enfoque de género según las edades y las preferencias sexuales, según la moda.

Los obreros, los campesinos, las “clases medias”, los “burgueses” ahora llamados “empresarios”, por más que haya insistentes y poderosos olvidos, siguen existiendo en la realidad puesto que con olvido es imposible cancelar los hechos. Por su parte, reconocer lo plural y diverso es completamente inútil en tanto que afirman que las sociedades son plurales, es decirlo todo y a la vez no decir nada.

El predominio de las visiones parejas de la sociedad conduce al empobrecimiento de las campañas electorales, al predominio increíble de los que llamándose “pragmáticos” colocan lo general sobre lo particular en la propaganda con el resultado de que sin considerar los públicos heterogéneos, los mensajes dejan de producir las respuestas esperadas sin comprender las intenciones y ofertas de compromiso entre la diversidad de candidatos.

Se sabe que en una democracia como la mexicana unas son las exigencias de los candidatos y otras son las exigencias para los gobernantes, cuando debiera existir una sola línea de continuidad entre las palabras y los hechos, entre los ofrecimientos y compromisos, con su cumplimiento en la realidad. No obstante, un “buen candidato” puede resultar un pésimo gobernante o bien, un “buen gobernante” pudo haber sido un deficiente candidato, que simplemente ganó la elección con métodos de manipulación.

Candidatos y gobernantes son dos momentos de un mismo proceso político, interrelacionados, que no terminan con el depósito de la boleta electoral en la urna, sino que continúa o debería continuar en todos los momentos posteriores en el ejercicio del poder. En consecuencia, dejar de comprometerse con los distintos sectores sociales, con mensajes que se dirigen a todos y a nadie a la vez, genera las condiciones para que una vez ganadas las elecciones, el gobernante pueda decidir y hacer “lo que se le pegue la gana”, libre de compromisos concretos en una sociedad desigual. Por eso dicen que “el voto es el voto”, con independencia de a quién beneficia finalmente en una relación de desiguales.

Son tiempos en los que un “buen candidato” debe ser con certeza previsible, un “buen gobernante”, como dos etapas de un mismo proceso político, sin sorpresas asociadas a los engaños, sin las dudas del “a ver si se le atina”. A la vez podría afirmarse que los triunfos electorales no son solamente cantidad, sino también calidad por quienes votan en conciencia y compromiso.
Cada quien, en la perspectiva de su condición social, tendría que verse reflejado en la política.

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