Jerjes Aguirre Avellaneda
Clase política y elecciones
Viernes 8 de Diciembre de 2017
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El proceso electoral en curso se produce en condiciones de participación y actuación de personas y grupos de personas con orígenes sociales, formación y motivaciones, que habrán de caracterizar la dinámica electoral hasta julio venidero y su consecuente historia posterior.
Cuando se observan los nuevos cuadros dirigentes de importantes partidos políticos, el PRI, el PAN y el PRD, puede concluirse que evidentemente, está conformándose una nueva “clase política” mexicana, con “voluntad de poder” y ambición, que es distinta a la “capacidad de poder”, para devolverle a la política su dignidad perdida y trazarle rumbo al país, con la mayor confianza y el más amplio apoyo ciudadano.

En principio, Anaya del PAN, Ochoa Reza de PRI y Barrales del PRD, suscitan grandes dudas por su alejamiento real de la gente, de los ciudadanos, al nivel en que todo parece indicar que uno es el pensamiento, las intenciones y las ambiciones de los “dirigentes” y otras son las preocupaciones de la mayor parte de los mexicanos, que no son propietarios de viviendas en Estados Unidos y tampoco tienen a sus hijos estudiando en los planteles educativos gringos.

Las características de la “clase política” reflejan la cultura política de cada tiempo y lugar, sus integrantes son los prototipos del político en curso, de cómo se hace la política, de su potencial para la solución de los problemas de la sociedad y del tipo de soluciones que pueden esperarse. En las condiciones mexicanas, los sucesos y sus consecuencias electorales, dependen de la actuación de su “clase política”, con su pensamiento político propio, sus gustos y su ética.

Gaetano Mosca, el politólogo italiano autor de la obra clásica La clase política, escribió lo siguiente: “Si en una sociedad aparece una nueva fuente de riqueza, si aumenta la importancia práctica del saber, si la antigua religión declina o nace una nueva, si se difunde una nueva corriente de ideas, tienen lugar al mismo tiempo fuertes cambios en la clase dirigente… Las clases políticas declinan inexorablemente cuando ya no pueden ejercer las cualidades mediante los cuales llegaron al poder, o cuando no pueden prestar más el servicio social que prestaban, o cuando sus cualidades y los servicios que prestaban pierden importancia en el ambiente social donde viven”.

La “clase política” no tiene, por tanto, existencia al margen o por encima de las circunstancias concretas que la originan y la hacen posible. Una clase política surge y se mantiene en función de las necesidades y objetivos para los cuales son formadas. En el caso mexicano, durante la primera mitad del siglo XX, los políticos y la clase política fue forjada al fragor de la lucha armada revolucionaria, en las formas, los contenidos y los estilos de los generales y “Jefes de la Revolución”. La Revolución Mexicana creó al Estado revolucionario y la “clase política” revolucionaria capaz de dirigirlo, con las ideas de la misma revolución.

Otra fue la etapa de los políticos civiles formados en la larga cadena de posiciones de gobierno, exigiendo que el diputado local hubiese sido antes presidente municipal y el presidente de la República, gobernador de su estado y secretario del despacho. La estructura de su pensamiento correspondía a los discursos del presidente en turno y a los documentos del partido oficial.

En México ya no se puede continuar haciendo política con prácticas “antipolíticas”, con desprestigio de una actividad que en el pasado, pudo calificarse de “actividad superior del hombre”
En México ya no se puede continuar haciendo política con prácticas “antipolíticas”, con desprestigio de una actividad que en el pasado, pudo calificarse de “actividad superior del hombre”
(Foto: Cuartoscuro)



En los momentos siguientes, el requisito de trayectoria fue cancelado, ya no se necesitó más de militancias dirigentes o la experiencia de los cargos de representación. Bastaron los apoyos de los grupos adinerados, cada vez más influyentes de los centros de decisión, para convertirse en titulares de los poderes básicos del Estado en sus diferentes niveles. No eran necesarias carreras políticas, menos el compromiso con modelos ideológicos, bastaba la eficiencia y el grado académico y, si era obtenido en el extranjero, mucho mejor. La época de los “tecnócratas” estaba en curso.

A la luz de la eficiencia, de la productividad, de la competitividad y la ganancia, de la economía de mercado y la globalización, pudo surgir otra clase política mexicana, formada para atender las finalidades del mercado y los intereses concurrentes de los poseedores del capital. No se requería de formación en la práctica política y la adhesión a propósitos ideales, bastaba con poseer dinero o posibilidades para obtenerlo, como apoyos cuyos compromisos implícitos se aceptan. La de ese tiempo cercano, fue una clase política distinta, con motivaciones y características propias.

Hoy, en plena crisis del modelo de sociedad vigente, está surgiendo una clase política adecuada a la administración de la crisis, que lejos de resolverla, acelera su decadencia, convirtiéndose con ello, también en una “clase política de la decadencia”, con personajes que sugieren un “olimpo diabólico”, que encarnan las cualidades que dejan de corresponder a la política, para situarse en el ámbito de la delincuencia.

Adicionalmente, para la clase política vigente, los modelos teóricos e ideológicos carecen de valor y funcionalidad, el pragmatismo es el factor dominante. Después, ninguna escuela, conocimiento conceptual, entrenamiento previo y capacidad, tienen importancia. La “clase política” se formó en la espontaneidad, ateniéndose siempre al apoyo del poder dominante que es el poder del dinero. Finalmente, sin visiones de largo plazo, la clase política produce y reproduce de manera ampliada las condiciones que parecen otorgar realidad al principio de que unos cuantos nacieron para mandar y los demás para obedecer.

Por otra parte, puede observarse que los cuadros políticos aprenden de las carreras legislativas y las funciones públicas. Su entrenamiento principal está relacionado con lo que se llama cabildeo, negociación y establecimiento de acuerdos entre los diferentes actores políticos. Carecen en general de antecedentes de lucha social y de capacidad para leer la realidad y extraer conclusiones que enriquezcan su estructura intelectual y su visión histórica de compromiso. Corresponden a la era de la imagen pública y la mercadotecnia.

Cabría esperar que en el proceso electoral mexicano en curso, la “clase política” vigente se juegue su propio futuro. En México ya no se puede continuar haciendo política con prácticas “antipolíticas”, con desprestigio de una actividad que en el pasado, pudo calificarse de “actividad superior del hombre”, pero que en los hechos ha devenido en ocupación que parece denigrarla en lugar de enaltecerla.

En julio del año que viene la “clase política” mexicana actual, tiene que renovarse, con la calidad que exigen y se merecen los mexicanos. La tarea de la renovación corresponderá a los ciudadanos mismos.

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