Miércoles 13 de Diciembre de 2017
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Pax Narca, expresión tomada directamente de la llamada Pax Romana o Pax Augusta , que fue un largo periodo de paz impuesto por el Imperio Romano a los pueblos sometidos a sus órdenes. La expresión proviene del hecho que la administración, las legiones y el sistema legal romanos pacificaron las regiones que anteriormente habían sufrido disputas entre jefes, tribus, reyes o ciudades enemigas. Fue una etapa de orden y prosperidad que conoció el Imperio bajo la dinastía de los Antoninos (96-192 después de Cristo) y, en menor medida, bajo la de los Severos (193-235). Se puede afirmar que este periodo marcó la edad de oro del Imperio Romano.

La dichosa amnistía a criminales no derivará en paz alguna. Los criminales no se van a quedar tranquilitos en su casa. Harán lo que saben hacer. ¿Eso deseamos?
La dichosa amnistía a criminales no derivará en paz alguna. Los criminales no se van a quedar tranquilitos en su casa. Harán lo que saben hacer. ¿Eso deseamos?
(Foto: TAVO)

Había pasado la época turbulenta de conflictos entre naciones como las Guerras Púnicas, o de grandes guerras civiles, la de Marco Antonio fue la última. Hubo, sin embargo, una notoria excepción: el año de los cuatro emperadores. Ocurrió en el año 69 después de Cristo, unos meses después de la muerte de Nerón. Un día antes del “suicidio asistido”, el Senado de Roma había proclamado emperador a Servio Sulpicio Galba, le siguió Othon y posteriormente Vitelio, que duraron sólo unos meses y finalmente Vespasiano, que ese sí duró mucho y de hecho fundó la llamada dinastía Flavia.

¿Por qué este largo prólogo? Pues todo parte de la última ocurrencia, porque no se puede llamar de otra forma al disparate de López Obrador, sobre amnistiar a los grandes barones del narcotráfico con la peregrina idea de establecer una especie de paz.

La guerra contra el narcotráfico es, ciertamente, una batalla que si bien no se puede ganar, sí se puede perder, sólo que perderla implica algo inaceptable, perder el país. Es en este contexto como debemos valorar el enfrentamiento entre las fuerzas federales y los cárteles de la droga. Evidentemente no se trata de una guerra con las características convencionales, como lo fue la Segunda Guerra Mundial, con bandos identificables y áreas geográficas definidas. La guerra del narcotráfico no es así; las áreas geográficas tienen límites cambiantes, los enemigos de ninguna manera están bien identificados, es más, se puede sospechar que éstos coexisten con las mismas estructuras que hipotéticamente les han declarado la guerra. Son personajes con los cuales la sociedad convive, y si acaso sólo se tiene la incómoda sospecha de que algo no anda bien en el historial de nuestro ostentoso vecino que estrena carros a cada rato o determinado funcionario de súbita prosperidad.

Del poder económico del narcotráfico habla la experiencia de Colombia, donde los hermanos Rodríguez Orejuela crearon un verdadero imperio económico y de relaciones públicas que se inició con el Banco de los Trabajadores, para posteriormente hacerse de grandes agencias de autos, cadenas de farmacias, hoteles, fraccionamientos de lujo y como remate una cadena radial nacional. No cuesta mucho trabajo trasladar el ejemplo de Colombia a México.

La captura y muerte de conocidos delincuentes, como fue el caso de El Chapo Guzmán, Arturo Beltrán Leyva y otros, han puesto en evidencia otra arista, el papel de la prensa. Siempre se ha sospechado que existe una nómina de narcoperiodistas, pero que yo sepa, fuera de un intento del ya fallecido ex procurador Carpizo, nunca se ha hecho pública, quizá, entre otras razones, por la dificultad para documentarla. Los narcos no dan recibos foliados.

El problema es grave, las ramificaciones de la delincuencia han alcanzado niveles que nunca se pensaron; la llamada guerra de Calderón continuada con Peña Nieto no ha dado los resultados deseados. Limpiar de delincuentes con esa capacidad económica de corrupción no es posible sin antes reformar radicalmente todo el aparato del Poder Judicial. Muchos juzgadores deberían estar en la cárcel. Mientras no se resuelva esto más tardarán en detener a los narcos que los jueces en dejarlos libres.

La dichosa amnistía a criminales no derivará en paz alguna. Los criminales no se van a quedar tranquilitos en su casa. Harán lo que saben hacer. ¿Eso deseamos?

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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