Jerjes Aguirre Avellaneda
Fenómenos nuevos en la democracia mexicana
Viernes 15 de Diciembre de 2017
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El actual proceso electoral mexicano registra distintos fenómenos políticos novedosos que otorgan originalidad al proceso en curso, mostrando a la vez las condiciones en las que se practica la democracia mexicana y la necesidad de analizar y debatir hasta dónde se trata de avances o hasta dónde se trata de una crisis que es indispensable superar con cambios profundos.

De una parte, la etapa dedicada a la selección de candidatos para ocupar tres mil 614 cargos de elección en los distintos niveles de gobierno y para cumplir con funciones legislativas y ejecutivas diversas, se encuentra en pleno apogeo. En este contexto, mucho más que preocupaciones en la búsqueda de respuestas a los grandes problemas nacionales, son los candidatos como personas físicas los que concentran las expectativas ciudadanas, alentadas por los medios de comunicación.

Ello ocurre porque se ha tratado de presentar como verdad absoluta y sin discusión alguna que en la democracia en general y en particular la mexicana lo que importa en los procesos electorales, los actores principales, aquello que es importante, son los personajes aparentemente relevantes, ungidos como candidatos, con independencia de los partidos, principios e ideologías.

Los “candidatos externos” carecen de méritos para presentarse ante los electores como sujetos que objetivamente sean representativos de las concepciones, programas y propuestas del partido que los postula.
Los “candidatos externos” carecen de méritos para presentarse ante los electores como sujetos que objetivamente sean representativos de las concepciones, programas y propuestas del partido que los postula.
(Foto: TAVO)



Inclusive se prescinde de militancias y trayectorias partidistas haciendo prevalecer a las personas por encima de los partidos, con lo cual la organización política queda reducida al cumplimiento de tareas propagandísticas para captar el mayor número de votos. Esta democracia de las individualidades muestra la crisis de los partidos políticos, su decadencia puesta en evidencia con los llamados “candidatos externos”, que no son militantes de los partidos que los postulan, sino “candidatos ciudadanos” que tienen importancia circunstancial para ganar simpatías al costo de despojar a la política de su relación con proyectos históricos, para referirse estrictamente a los asuntos de la administración burocrática, que es igual al cumplimiento de voluntades ajenas.

En otro aspecto, los “candidatos externos” postulados por los partidos, junto a los candidatos independientes, constituyen hechos que evidencias la quiebra histórica de los partidos políticos en México. Incapaces para formar a sus militantes para la competencia por votos, con pérdida de prestigio y confianza, contaminan la democracia electoral, en un contexto de vacíos teóricos sobre el conjunto de la democracia, en sus reglas y procedimientos, en sociedades desiguales y globalizadas.

Se sabe que en el contenido de las ciencias sociales contemporáneas, particularmente la ciencia política, que sigue vigente a pesar de su ignorancia y olvido, la cuestión de la superioridad de la organización respecto de los individuos era un tema resuelto, según demostraciones experimentales y de simple observación. En la solución de problemas complejos, la innovación y el aprendizaje, el individuo aislado, resulta siempre inferior en comparación con los resultados obtenidos por un individuo organizado, que actúa como miembro, en este caso, de una organización política.

Los “candidatos externos” carecen de méritos para presentarse ante los electores como sujetos que objetivamente sean representativos de las concepciones, programas y propuestas del partido que los postula. Los “candidatos externos” revelan el desastre en los valores y prácticas políticas partidistas ampliando las capacidades de los poderes invisibles para conducir al país, reservando a los partidos el proselitismo y la ostentación de una simple “marca política” para los electores.

Por otra parte, en el proceso electoral en curso han aparecido los pactos que anuncian las alianzas electorales más increíbles. Se trata de que los diferentes y tradicionalmente contrapuestos, se juntan para corregir el rumbo del país, el cambio de régimen y aún, del cambio de modelo para el desarrollo de México. Sin una propuesta coherente, los “distintos” ante la percepción ciudadana se juntan motivados por el botín que representan las candidaturas y las posiciones de poder en una clara y novedosa forma de corrupción política. Mucha razón asiste a quienes afirman que el PRD puede ser todo, menos un partido de izquierda, en tanto que el PAN, según sus militantes y ex militantes, perdió contenido y rumbo para favorecer las ambiciones oportunistas de sus dirigentes.

Asimismo, la nueva configuración del mapa político de la República incorpora estados y municipios con diferentes colores partidistas, igual que los distritos electorales en su equivalencia territorial regional, en las tenencias y las encargaturas del Orden, entre los comisariados, grupos y organizaciones de la sociedad civil, formales y no formales, en todos los niveles y formas de organización, los ciudadanos están mejor informados y por lo tanto, con mayor desencanto e inconformidad con las prácticas políticas persistentes y el aumento de las dudas sobre una democracia que carece de autenticidad.

Todavía no se entiende, como resultado de las inercias centralizadoras, que la política mexicana tiene que descentralizarse, de acuerdo con las características de un país diverso en su naturaleza, niveles de desarrollo y en la cultura de su gente. Deja de corresponder a la realidad una democracia que pretende ser igual en todas partes, en las zonas del trópico húmedo que en las áreas templadas, entre los indígenas que entre la población citadina. Por eso la democracia y la política deben adaptarse a las características de cada lugar, de cada municipio y de cada región.

Consecuentemente, son previsibles los resultados que podrán obtenerse en las campañas electorales que persistan en las consignas generales, en las frases huecas del “juntos podemos”, para que cada quien en sus circunstancias se invente el qué y el para qué “podemos juntos”. Los resultados electorales en 2018 habrán de decidirse por la fuerza electoral de los ciudadanos que vivan en cada sección electoral, convencidos y motivados por las ofertas y compromisos, comprensibles de acuerdo con las necesidades y demandas específicas de cada lugar.

Finalmente, habría que destacar, entre otros fenómenos políticos nuevos, que como los partidos se han desentendido de su militancia, cada vez es mayor la carencia y debilidad de sus estructuras de organización, sólidas e integradas en la base. El descuido y abandono de los militantes de abajo, del barrio y la colonia, donde todos se conocen y donde se sabe quién es quién, los llamados “votos duros” que serían los de convicción probada, han derivado en una simple denominación para los fines de propaganda, pero que carecen de todo significado funcional. Adicionalmente esos militantes de los “votos duros”, en lugar de la claridad de propósitos, ya no saben cuáles son los intereses que defienden, como de derecha, centro o izquierda. Pragmáticamente saben que hoy se puede votar por un partido y un candidato y, mañana por otro, completamente distinto y contrapuesto.

Todo es válido, sin que importen los principios y los objetivos, en un proceso practico revuelto y trastocado en las reglas básicas de la democracia. ¿Cuáles serán los resultados de la jornada de julio venidero? Son difíciles las previsiones, aun si pudiera conocerse que los dioses del Olimpo, están a favor de uno u otro candidato, de uno u otro partido.

Habrá que tener la esperanza de que todo será para bien de México, sobre todo del aprendizaje que podría obtenerse del todo aquello que debe modificarse, de los cabios profundos que cuanto antes deben ejecutarse buscando que la democracia sirva al menos, para que los mexicanos vivan en paz, con bienestar, alegría y optimismo en su porvenir.

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