Ramón Guzmán Ramos
De regreso a la realidad
Sábado 16 de Diciembre de 2017
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En Michoacán las cosas no le han salido bien al gobernador Silvano Aureoles Conejo. Aún no sabemos con base en qué consideró en su momento que podía llegar a ser el candidato del PRD a la Presidencia de la República y, más tarde, de lo que hoy se conoce como la coalición Por México al Frente. En el camino tuvo que reconocer que una figura prominente como la de Miguel Ángel Mancera tenía un peso político mayor que el suyo, de manera que simplemente renunció a su sueño y declinó en favor del jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Se sabe que en esto de las lides políticas lo importante es arrojarse al ruedo: aunque se pierda, siempre hay algo que se puede rescatar.
A Mancera también lo volaron, como dicen en mi pueblo. Tuvo la ilusión de que en el Frente Ciudadano por México –ahora Por México al Frente– la candidatura a la Presidencia de la República se decidiría a través de mecanismos de consulta abierta. Él se sentía en condiciones de disputarle al entonces presidente del PAN, Ricardo Anaya, la candidatura en una arena de esta naturaleza. En el PRD empezaron a ver con simpatía esta posibilidad. Aunque Mancera no tiene la membresía perredista, todo apuntaba a que el partido de marras lo apoyaría. Pero he aquí que los presidentes de las tres agrupaciones políticas se guardaron las cartas y se reservaron el golpe definitivo para el final. Ni Alejandra Barrales ni Ricardo Anaya –ni qué decir de Dante Delgado- tuvieron empacho en consumar la felonía. La candidatura a la Presidencia de la República sería para el PAN –léase Ricardo Anaya– y la de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México para el PRD –no se lea Mancera, sino Alejandra Barrales.

Al gobernador no le quedó sino regresar a su estado a hacerles frente a los problemas que por acá se le han acumulado y amenazan con provocarle ingobernabilidad. Hay que decir que él no ha considerado renunciar al PRD. La salida de otros personajes de peso, como ha sido el caso más reciente de Pablo Gómez, no han afectado su fidelidad perredista a toda prueba. En Michoacán las cosas no están como para volver a distraerse. Los trabajadores administrativos y académicos de la UMSNH mantienen sus movilizaciones en reclamo de sus pagos atrasados y las prestaciones que les deben. Lo mismo ocurre con docentes y administrativos de otros niveles y subsistemas educativos. Ya no sólo es la CNTE la que toma las calles y bloquea edificios públicos, y ya no es por lograr conquistas nuevas, los trabajadores del sector educativo en Michoacán han decidido tomar acciones directas en defensa de su salario. La quiebra financiera que padece el estado ha obligado a docentes y administrativos a radicalizar paulatinamente sus acciones para evitar que les hagan humo sus derechos laborales. Es el caso de la UMSNH. Cada vez se hace más evidente que el gobierno se propone ahorcar económicamente a nuestra máxima casa de estudios para que sus trabajadores acepten la reforma al régimen de jubilaciones y pensiones que les imponen. En los otros niveles la presión oficial va orientada a abrir grietas para doblegar la resistencia magisterial y lograr la aplicación total de la reforma educativa, que es en realidad una reforma de tipo anti laboral. La embestida del Estado va contra todos; es decir, contra la educación pública. Esta etapa consiste en desmantelar a los sindicatos eliminando los contratos colectivos y la plaza base. De esta manera las contrataciones, como de hecho está ocurriendo en los terrenos donde no hay resistencia, son de carácter individual y por tiempos definidos. En el caso de la UMSNH, lo que alguna vez se conoció como autonomía universitaria y que le daba sustento y razón de ser a la institución está siendo violada sistemáticamente por los órganos del Estado. Falta poco para que desaparezca también la libertad de cátedra y sea desde el exterior que se le dicten los programas y la visión que ha de adoptar en la formación de los estudiantes.
Las movilizaciones de docentes y administrativos no cesan. Dejan sus centros de trabajo y salen a la calle a exigirle directamente al gobierno que les pague lo que les adeuda: salarios y prestaciones atrasados, y que les garantice el pago puntual de su aguinaldo. Hasta ahora han sido pocas las veces en que se han puesto de acuerdo para coordinar y sincronizar sus acciones. Lo que hemos visto es que cada nivel prefiere hacerlo por su cuenta. Lo que tenemos entonces es una lucha fragmentada que no logra ejercer la presión suficiente sobre el gobierno estatal. Silvano Aureoles ha prometido una y otra vez que habrá recursos para ponerse al corriente con todos. Pero el dinero no llega y la indignación de los trabajadores crece y amenaza con desbordarse. Hasta ahora estas movilizaciones se han mantenido en los límites de la exigencia económica. Pero podrían pasar a otra etapa en que los trabajadores empezaran a cuestionar las políticas que adoptan los que gobiernan y que sólo sirven para perjudicar a los de abajo.
La ausencia de una coordinación efectiva en estas movilizaciones tiene que ver en gran medida con la visión economista y limitada de las dirigencias de los distintos sindicatos. Todavía temen traspasar ciertas líneas de contención que el gobierno les ha impuesto a cambio de privilegios exclusivos. Si la crisis persiste, sin embargo, y estas dirigencias no se ponen a la altura del gran desafío, podrían ser rebasadas y desplazadas por sus bases. Sería hasta entonces que el gobierno tendría que replantearse la política que está adoptando con respecto a la Universidad y la escuela pública, así como con los derechos históricos de los trabajadores. El sueño de convertirse en candidato a la Presidencia de la República se le esfumó a Silvano Aureoles y tuvo que regresar a su estado. Aún es tiempo de rectificar y darle un giro al timón de su gobierno, lo que pasa necesariamente por respetar los derechos de los distintos sectores de la sociedad y de la sociedad entera, así como las conquistas que los trabajadores han venido haciendo a lo largo de la historia.