Rafael Mendoza Castillo
El poder, el valor y el capital
Lunes 18 de Diciembre de 2017
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Es bueno recordar el pensamiento crítico de Immanuel Wallerstein: `Para que un sistema histórico pueda considerarse como sistema capitalista, la característica dominante o decisiva debe ser la búsqueda persistente de una acumulación interminable del capital, la acumulación de capital para seguir acumulando más capital´. De ese modo el capital es una tendencia, una relación social a reiterarse y agrandarse a sí mismo. Este hecho muestra la irracionalidad en la que se mueve el gran dinero en México y el mundo. Necesario parar este tren desbocado.

Todos sabemos que el sistema capitalista desde hace 500 años se caracteriza por la regla de acumulación del gran dinero en pocos propietarios dejando en la periferia, en la marginaldad, a millones de personas, de seres humanos en la pobreza y extrema pobreza. Pero también es cierto que ese sistema tiene un límite de vida, no es eterno y que lo podemos enterrar. Esto nos permite buscar otro modo de existencia, de organización o formación social que efectivamente proteja la vida humana y la vida del planeta tierra-agua.

Immanuel Wallerstein
Immanuel Wallerstein
(Foto: Especial)


En principio existe algo que permite mantener, más o menos, unificado el tejido social, esto es, el poder de dominación y su imaginario colectivo, su habitus (dis-posiciones adquiridas, esquemas de percepción y de acción), además por medio de la fuerza, coloca a las gentes, grupos o clases, en torno al orden establecido. Aunque dicho poder es apropiado y dirigido por grupos conservadores, los cuales solamente defienden sus propios privilegios y mantienen en la periferia del sistema, en condiciones desiguales, a 80 millones de mexicanos.

Es el poder por el poder el que en este momento juega el papel de unificador del tejido social (partidocracia y oligarquía). Y si esto es así significa que la condición humana es observada como un medio, para que unos pocos vivan mejor y muchos sobrevivan en la pobreza y la alienación. Si esta sociedad, la de este presente, sin aislarla de su historia y sin dejar de pensar en el futuro, se orientara por los principios constitucionales, como verdaderos ejes que fundaran las acciones, no sólo del gobierno, sino del Estado y de todos los ciudadanos, estaríamos hablando de una formación social en mejores condiciones.

Con lo anterior, el tejido social estaría menos fragmentado, menos polarizado, menos atomizado, y tuviera como centro a los valores (expresión de la libertad humana), a fin de que la población decidiera y eligiera un mejor destino, a favor de la mayoría, la cual está hoy exiliada de la riqueza. Vemos que en este momento, la crisis económica, política, social, cultural, de pensamiento y de moralidad pública, es aprovechada por los dueños del capital. Este hecho nos permite afirmar que el dinero es el fundamento sobre el que gira, de manera impuesta, obligada, sin moral ni ética ni civismo, la estructura de la sociedad y su vida existencial.

Si la Constitución en su artículo 39 afirma que la soberanía reside en el pueblo y que éste puede modificar su forma de gobierno, forma de organización social, su sentido de existencia real, no formal, pondrá, entonces, como fundamento la acción humana, que es la libertad, y no la determinación absoluta, que hoy fija el poder de los grupos de derech prianista, los cuales fundan sus acciones en el robo, la corrupción e impunidad, por fuera de los principios constitucionales.

Si no colocamos a la voluntad de poder del pueblo, a la comunidad política, como el referente básico del cual emanan las decisiones, para construir opciones, valoraciones, alternativas de sociedad, de organización y de fines, entonces, estaremos corrompiendo la vida política de la nación, dado que hoy el gobernante se considera como el autorreferente del poder político, el amo que decide la vida de la República, aunque siempre decide por pocos e ignora a la mayoría.

Ni los partidos políticos ni los medios de comunicación, grandes empresarios ni el actual gobierno de derecha ni las instituciones ni el capital ni el modelo neoliberal, pueden ser fundamentos para orientar y dar cohesión a la sociedad, por la simple razón de que todo ello, en conjunto o separado, son medios que buscan apropiarse del bien público, para privatizarlo y ponerlo al servicio de los más ricos (guarderías, petróleo, programas sociales, educación, electricidad, etc.).

Si colocamos al valor, es decir, la liberación de la condición humana como el fundamento de la existencia, estamos seguros que volvemos a rescatar la ética como la posibilidad de que los mexicanos, negros, mestizos e indios, hoy excluidos del reparto justo de la riqueza, la cultura, la ciencia, la tecnología y el pensamiento critico, vuelvan a ser dueños de su propia historia. Al decir su propia historia entendemos que es urgente liberar el trabajo humano de la esclavitud del capital y del consumismo. Además la liberación de lo público, hoy apropiado y privatizado por la mafia de poderosos.

La liberación humana debe ser fundamento social y ésta tiene que ver con aptitudes, facultades, la conciencia racional y la praxis constitutiva. Sobre estos fundamentos se debe edificar la nueva sociedad. La actual está fundada en medios y los seres humanos deben ser fines en sí mismos. De continuar por el camino del capitalismo corporativo, llegará un momento en que la vida humana, los sujetos y los individuos, se conviertan en cosas, en objetos, que no se muevan por sí mismos, aunque tengan órganos, solamente para el consumo. El capitalismo mata la vida y la vida humana. Busquemos otra formación social que defienda la vida humana, vegetal, animal y natural.

Si el sistema continúa colocando como fundamento social la corrupción y la impunidad, entonces, la democracia y el estado de derecho se convierten en máscaras y ficciones, que al final de cuentas favorecen a los pocos oligarcas y excluyen a los demás. Capitalismo o neoliberalismo no pueden existir sin corrupción e impunidad. Lealtad, disciplina y complicidad, continúan siendo los ejes en que sigue moviéndose el prianismo y sus aliados.

No puede haber democracia donde existe la pobreza y la extrema pobreza, donde las instituciones públicas se usan para servirle a los propietarios del capital nacional e internacional, donde se compra y se vende el voto, donde hay a diario desapariciones de personas, masacres, donde hay represiones físicas, morales, económicas contra individuos y colectividades, donde existe una Ley de Seguridad Interior que violenta a la propia Constitución y los derechos humanos (artículo 21,89 y 129.

La democracia es el poder del pueblo soberano. En esto creo. La democracia que se nos impone, desde el poder del capital, es una ficción,una máscara para ocultar la impunidad y la corrupción (lo más reciente el caso de Elba Esther Gordillo). En esto no creo. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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