Alejandro Vázquez Cárdenas
Cuba, peligrosidad predictiva
Miércoles 20 de Diciembre de 2017
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Este 10 de diciembre se celebró el Día de los Derechos Humanos, fecha establecida por la ONU en 1948, y por ese motivo la conocida bloguera cubana (disidente) publicó en su sitio de Internet una serie de reclamos y peticiones al gobierno de su país. Basta una lectura rápida para corroborar lo que sobradamente se conoce: Cuba es una dictadura y sus leyes están diseñadas para proteger esa dictadura, valiéndole un sorbete los derechos humanos de sus habitantes.

Pide, entre otras cosas, que todo cubano tenga el derecho de entrar y salir libremente del país independientemente de sus ideas y opiniones políticas, a disfrutar de libertad para moverse dentro de su propio país, a que no se exija a los artistas convertirse en delatores de sus propios compañeros a cambio de prebendas y facilidades para publicación, puesta en escena o grabación de sus obras. Pero eso no es lo más llamativo, veamos lo que pasa en Cuba, ese país que con su tasa de 510 presos por cada 100 mil habitantes lo coloca en el sexto lugar mundial en ese rubro.

En México y en la mayor parte del mundo razonablemente civilizado existe lo que judicialmente se conoce como “presunción de inocencia”, pero resulta que en Cuba un individuo puede ser detenido y juzgado aún si haber realizado ningún acto punible, ninguna acción delictiva, algo así como ser detenido por el “crimental” de Orwell en su obra 1984, donde una persona podía ser detenida, interrogada, torturada y ejecutada por la llamada “Policía del pensamiento”.

«En el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba le rindió un homenaje al comandante cubano Fidel Castro en 2016».
«En el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba le rindió un homenaje al comandante cubano Fidel Castro en 2016».
(Foto: Cuartoscuro)


En 2002 Spielberg filma la película Minority report, basada en el relato homónimo del escritor de ciencia ficción Philip Kindred Dick, donde se muestra el actuar de una unidad policial capaz de combatir a los potenciales criminales antes de que puedan delinquir, el futuro se puede predecir con la ayuda de unos seres con poderes psíquicos. Y es que el código penal cubano vigente, ley número 62 en el artículo 72 contempla la figura jurídica de “estado peligroso”: “Se considera estado peligroso la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista”. Esa proclividad al delito puede sancionarse hasta con cuatro años de privación de libertad.

En Cuba existe la presunción de inocencia, a pesar de no estar incluida en la Constitución, lo más habitual por tratarse de un derecho de primer orden, contemplada en la ley de procedimiento penal artículo 3 del siguiente modo: “Se presume inocente a todo el acusado mientras no se dicte fallo condenatorio contra él. Todo delito debe ser probado independientemente del testimonio del acusado, de su cónyuge y de sus familiares hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad. En consecuencia, la sola declaración de las personas expresadas no dispensará de la obligación de practicar las pruebas necesarias para la comprobación de los hechos”. Lo de “todo delito debe ser probado” resulta ser sólo buenos deseos, letra muerta, pues en la práctica parece no incluir al “predelito” que ya está demostrado “por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista”.

Para empeorar las cosas revisemos lo que ellos entienden como “moral socialista”. En primer lugar no existe un catecismo socialista donde se recopilen las actitudes y pensamientos pecaminosos o virtuosos, estos son de libre interpretación, pero no por los ciudadanos que podrían equivocarse sin saberlo, sino por la autoridad: policías, jueces o fiscales. Su indefinición no es un error o un descuido, es una absoluta perversión, su única razón de ser, algo que se pueda cambiar sobre la marcha según las circunstancias, una ley que lo mismo sirve para reprimir a prostitutas, escritores, cantantes, gente común inconforme y que proteste por algo, homosexuales, opositores políticos o lo que sea. Total, en ese apartado cabe todo lo que le dé la gana a los juzgadores. Y ni quien les diga nada.

Cuba y los derechos humanos definitivamente no se mezclan.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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