Jerjes Aguirre Avellaneda
Enajenación, ciudadanos y política
Viernes 22 de Diciembre de 2017
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Cuanto hace la sociedad es obra de la misma sociedad. Nada en la sociedad le ha sido impuesto, más que sus propias posibilidades para crear todo lo que toca el ser humano. En economía, en las relaciones sociales y políticas, en el arte, en la religión, en la ciencia y la tecnología, todo cuanto existe es la obra de la propia sociedad, incluyendo la forma en que se organiza y la cultura que le permite seguir creando.

Sin embargo, un viejo concepto que ha caído en desuso es el concepto de enajenación, cuyo significado se traduce en la pérdida de la capacidad para que cada quien, individuos y grupos, se reconozcan en lo que hacen y en sus capacidades, en sus resultados y sus obras, en sus propios pensamientos, para transferir a las cosas, a los productos de todo tipo, cualidades ajenas a la condición humana.

En política el hecho perceptible y comprensible de la enajenación individual y social es evidente. Se ha dejado de comprender que la política la construyen los ciudadanos como mecanismos y procesos que permiten participar y decidir en asuntos que afecten a toda la sociedad. Por su parte, la condición enajenada conduce a la fatalidad de acepar todo lo que hay, todo lo que existe en la sociedad, como algo dado e inevitable, inmodificable y eterno. Sobre eso que es ajeno a mí, a ti, a ellos y a nosotros, es también ajeno a la responsabilidad de los ciudadanos y nada se puede hacer para cambiarlo.

El Estado, gobierno y elecciones, son creaciones de los ciudadanos, y en caso, los partidos políticos también son hechura ciudadana en su estructura, funcionamiento e ideas que sostienen. Son obra de sus militantes y de todos aquellos que comparten sus objetivos. No surge de la nada, como la política misma y como los políticos, todo y todos son creaturas que definen a las sociedades, en su historia y sus finalidades, en sus valores y en sus principios. ¿Para qué sirve la política?, ¿quién y cómo se hace la política?, son preguntas iniciales para encontrar respuestas libres, no enajenadas.

Sin duda que fue el viejo Carlos Marx el que con mayor claridad abordó el tema de la enajenación, desde sus escritos juveniles hasta El Capital, donde aborda el carácter “fetichista” de la mercancía. La tesis parte de la afirmación acerca de que en las sociedades capitalistas, de mercado, las relaciones sociales, humanas en todas sus cualidades, aparecen como relaciones entre las cosas que son las mercancías, los bienes y los servicios. Lo que importa y cuenta es el comportamiento del mercado y no el comportamiento de las personas, las características de las cosas y no las características de los individuos y de los grupos que se forman en la sociedad a la que pertenecen.

Fue el viejo Carlos Marx el que con mayor claridad abordó el tema de la enajenación, desde sus escritos juveniles hasta El Capital, donde aborda el carácter “fetichista” de la mercancía.
Fue el viejo Carlos Marx el que con mayor claridad abordó el tema de la enajenación, desde sus escritos juveniles hasta El Capital, donde aborda el carácter “fetichista” de la mercancía.
(Foto: Especial)



El mundo de las cosas, de las mercancías, aparece en la conciencia humana como algo ajeno, distinto y contrapuesto a quienes lo produjeron y no sólo eso, sino que se percibe y entiende con energías propias, dominando al mundo humano. Marx destaca la condición fundamental de la mercancía universal por excelencia que es el dinero, toda vez que con ella se pueden adquirir y poseer todas las demás cualidades, incluyendo las que el individuo no posee pero que puede comprar con el dinero. Consecuentemente, aquello que es una creación social aparece como algo ajeno y poderoso, capaz de trastocar la vida material y espiritual de los pueblos.

En sus Escritos económicos de 1844 Marx escribe que “lo que puedo hacer mío con mi dinero, lo que puedo pagar, es decir, lo que puedo comprar con dinero, eso soy yo, el mismo poseedor del dinero. Mi fuerza llega hasta donde llega la fuerza del dinero. Las cualidades del dinero son las propias cualidades y fuerzas esenciales, las de su poseedor. Por tanto, no es, en modo alguno, mi individualidad la que determina lo que soy y puedo… Quien con dinero puede todo lo que anhela el corazón humano, ¿no posee con ello todas las potencias del hombre?, ¿acaso mi dinero no se encarga de convertirme en todopoderoso, por impotente que sea?”.

Por otra parte, la economía de mercado transforma todo en mercancía. El trabajo, las ideas, el arte, el ser humano mismo lo transforma en mercancía. Nada escapa a esta dinámica. Las relaciones sociales y las políticas, los sentimientos íntimos de las personas, los valores por medio de los cuales se otorga sentido a lo que se hace, son transformadas en objetos que se pueden comprar y vender.

El artista preocupado por vender su obra, el intelectual por vender sus libros, el político por obtener “rendimientos electorales”. El que no tiene dinero procura obtenerlo al costo humano que sea, buscando vender lo que sea, así sea su propia dignidad y sentimientos. La crueldad sustituye a la bondad y el odio al amor. Despojándose de todo contenido sublime, el mundo se precipita a la irracionalidad y el caos.

En la educación de las generaciones de relevo, ¿no es acaso que uno de los primeros aprendizajes de los niños consiste en conocer la importancia del dinero para la compra de caramelos y chocolates? Ese aprendizaje sobre el papel y la importancia del dinero marcan la vida entera de las nuevas generaciones. Después, en el trabajo, no es el disfrute de lo que se hace, sino el incentivo dominante de la paga. Cuando se tiene la oportunidad de la formación profesional es la demanda de las calificaciones laborales y su remuneración lo que determina la decisión del qué estudiar por encima de las vocaciones y la satisfacción de adquirir conocimiento y habilidades.

¿Qué pasa con los jóvenes reclutados por la delincuencia? Según sus propias palabras, prefieren una vida de satisfacciones inmediatas que una larga vida de carencias. El carro último modelo, la ropa “fina”, las diversiones, el “reconocimiento social” de “narco con poder y dinero”, son preferibles a la condición de trabajador, honrado y leal. La mecánica de la delincuencia, en especial la organizada, representa un medio de movilidad social, de ascenso entre la pobreza y la riqueza, para ejercer el poder que representan el dinero y la violencia. Esta es una forma brutal en la que se expresa la condición enajenada de la sociedad.

Otra forma es la política, en tanto se practica al margen del servicio a los demás y de los ideales, sino como medio de adquirir riqueza, llevándose la riqueza pública a su casa y a sus cuentas bancarias. La política como acceso y uso del poder para la construcción de proyectos sociales, ha sido cancelada para colocar en su lugar, los modelos de lujo, vanidad y egoísmo, pretendiendo ganar respeto por lo que se tiene y no por lo que se es y se hace.

La política, los instrumentos políticos, los políticos y los gobernantes, el ciudadano común, los percibe como algo que existe al margen suyo, como algo ajeno, en lo que no participa ni se refleja, careciendo de posibilidades para explicar su origen y, sobre todo, de cómo se puede modificar. El “demiurgo”, esa cualidad ajena de la política, invisible pero real, aparece cuando se pregunta a muchos ciudadanos, jóvenes o viejos, para qué sirve la política, con respuesta de alta probabilidad y nada novedosa: ¡Para robar!

Por eso la prospectiva electoral en curso con desenlace en el año que viene debiera representar una esperanza, a pesar de que para muchos esta opción es imposible. No obstante habrá que insistir en que la política, como obra de la sociedad, se construye de dos maneras: sin conocerla en su naturaleza más que para obtener riqueza mal habida, o de manera libre, con ciudadanos libres, conscientes de lo que hacen, de sus causas y efectos para la vida colectiva.

La calidad de la política en su forma democrática depende de la libertad, que a su vez es consecuencia de la conciencia con la que actúan los ciudadanos, fundamentalmente cuando transfieren su propio poder a través del voto.

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