Rafael Mendoza Castillo
La UMSNH y su autonomía
Lunes 25 de Abril de 2016
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La UMSNH y su autonomía
La UMSNH y su autonomía
(Foto: Disse)

Deseo enmarcar este escrito con un pensamiento de Carlos Marx: “Si la construcción del futuro y el resultado final de todos los tiempos no es asunto nuestro, es todavía más claro lo que debemos lograr en el presente: me refiero a la crítica despiadada de todo lo que existe, despiadada en el sentido de que la crítica no retrocede ante sus propios resultados ni teme entrar en conflicto con los poderes establecidos”. El nombramiento del actual rector de la Universidad Michoacana, Medardo Serna González y otros, no fue asunto de la comunidad universitaria, docentes, estudiantes, administrativos y manuales, donde realmente reside la fuente del poder. El gran elector se instala en la Comisión de Rectoría, los poderes fácticos y el gobierno en turno.

La comunidad universitaria no está haciendo la historia de la Casa de Hidalgo, pero tampoco hacemos la crítica despiadada a los poderes establecidos. El poder político nos sigue viendo como objetos y no como sujetos históricos, erguidos, capaces de construir el destino de la institución nicolaita y desafiantes de lo establecido.
Sufrimos el poder pero no lo ejercemos. Escogimos la resignación y olvidamos el conflicto. La conformidad le está ganando a la crítica y a la acción política constituyente. La democracia participativa está ausente en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Mucha administración, más técnica y poca política, para continuar controlando a la comunidad (neoporfirismo en la UMSNH). Veamos.

La universidad como un acontecimiento histórico, como institución de servicio, como campo cultural, se constituyó en el tiempo y el espacio históricos como ruptura cultural para bien de la humanidad. Desde su nacimiento, en la Edad Media, se anidó en su seno la libertad de pensamiento crítico y su condición de distanciamiento de los mercaderes de su época. Cuando estaba en peligro su libertad creadora y autónoma, los gremios de estudiantes y maestros emigraban a otro lado para poner a salvo su independencia. Hoy esta lucha no ha terminado. Ahora la universidad es asediada por las corporaciones económicas del neoliberalismo mundializado (FMI, BM). Ellas desean incorporar la docencia, la investigación y la difusión cultural al tren de la acumulación de capital y la ganancia excesiva.

¿Cómo colocar la institución de autonomía entre la sociedad, el Estado y otras instituciones sociales y culturales?, ¿por qué debe estar alejada de los poderes establecidos políticos y religiosos?, ¿qué tipo de relación? Desde un principio la universidad y su comunidad pensaron que la conciencia crítica y la libertad deberían ser el fundamento para el cuestionamiento del mundo, sobre todo pensando que los grandes sentidos públicos y la razón pertenecen a la humanidad y no son cosas privadas; que desde ese espacio social los actores pueden producir verdades que relacionen a los hombres de distintas maneras con su mundo histórico-social.

Cada época produce sus propias verdades, no provienen del cielo. Hay verdades, ideologías e ilusiones (falsa conciencia) para justificar la esclavitud, la explotación, la alienación, la guerra, la acumulación de capital, la extrema pobreza y para la conservación de lo establecido. Pero también se pueden producir verdades que vinculen a los hombres con la justicia, la libertad, la democracia participativa, la igualdad, la naturaleza, la dignidad y para la transformación de lo dado.

Nuestra obligación es diferenciarlas, clarificarlas y justificarlas conforme a la razón y elegir. Nunca matar a alguien por la elección de una o de otra opción. Ejercer siempre la capacidad de crítica y reflexión. Como bien dice Luis Villoro: “Las universidades forman parte disidente del sistema, pero de ellas también surgen empresarios, sostenes del sistema político mexicano y alguno que otro revolucionario”.

La universidad es campo problemático, abierto a la producción de verdades no dogmáticas, cerradas y únicas. Su condición de posibilidad es la libertad para producir conocimientos nuevos y saberes distintos a los establecidos pensando siempre que la condición humana es el valor universal, que el hombre es un fin en sí mismo, que hay otras formas para conocer el mundo y otras formas para organizarlo en bien de todos y no de unos cuantos que se lo han apropiado privadamente.

Que la enseñanza es una condición pública y el aprendizaje, un acto individual y colectivo. Para el desarrollo de estos eventos la universidad reclama su autonomía, además para escoger los contenidos de las ciencias, los métodos, las formas de pensar, los principios que organicen el conocimiento y que no obstaculicen la libertad de los estudiantes, maestros y trabajadores administrativos y manuales.

Autonomía para elegir la razón crítica, y si alguien elige la razón cínica o instrumental debe prevalecer la tolerancia como regla. En la autonomía, los saberes, conceptos, categorías y teorías de las ciencias sociales, formales, reflexivas y naturales deben ser sometidos al examen riguroso del tribunal de la crítica. Lo anterior enmarcado en la libertad de cátedra.

Autonomía para pensar sin coacción alguna, autonomía para darnos nuestras propias normas, formas de gobierno, sin intervención de otros poderes, teniendo siempre presente el compromiso con los fines públicos de la nación mexicana y de la universidad. Nunca la autonomía para fomentar la corrupción y el autoritarismo.
Las universidades públicas han conquistado sus autonomías, no ha sido un regalo del poder establecido; sin embargo, en la práctica, el gobierno federal interviene, con diferentes programas académicos como el llamado Fomes, promoción de los profesores, homologaciones, certificaciones, acreditaciones, pruebas estandarizadas (PISA, PLANEA, Excale) y otros, en la vida interna de la universidad. Esas intervenciones violentan la fracción VII del artículo tercero constitucional, que afirma lo siguiente: “La universidad y las demás instituciones de educación superior a las que la ley les otorgue autonomía tendrán la facultad de gobernarse a sí mismas”. En el caso particular de la Universidad Michoacana se ha violentado permanentemente su autonomía en cuanto a sus formas de gobierno. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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