Ignacio Hurtado Gómez
Aula Nobilis
Es la impunidad…
Jueves 18 de Febrero de 2016
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Con independencia de las reflexiones que en lo futuro –ya más reposado el espíritu– hagamos sobre los mensajes papales en esta primera visita a tierras mexicanas, es evidente que sobre la mesa se pusieron fenómenos sociales, culturales, políticos y jurídicos que van más allá de la libertad de creencia religiosa y que superan, sin duda, el mero discurso de la laicidad estatal.
Y ello por la sola razón de que forman parte de nuestra cotidianidad en todos los niveles, tonalidades y matices posibles: inseguridad, narcotráfico, trata de personas, violencia sobre niños y grupos vulnerables, corrupción, exclusión social y desigualdad, por mencionar algunos de ellos.

Papa Francisco a su paso por calles de Morelia
Papa Francisco a su paso por calles de Morelia
(Foto: ACG)

Y ello por la sola razón de que forman parte de nuestra cotidianidad en todos los niveles, tonalidades y matices posibles: inseguridad, narcotráfico, trata de personas, violencia sobre niños y grupos vulnerables, corrupción, exclusión social y desigualdad, por mencionar algunos de ellos.
Es cierto, no son realidades exclusivas en nuestra sociedad, pues bien se puede argumentar que en otras latitudes también se viven todas o algunas de esas situaciones, aunque en intensidades distintas; sin embargo, lo nuestro es lo nuestro.
Como sea, el hecho es que estas lastimosas condiciones a lo largo de nuestra historia se han maximizado a partir de otra igual o más preocupante, y que al final del día marcan la diferencia entre sociedades que no obstante convivir con estos fenómenos, tratan de erradicarlos y castigarlos, y aquellas que nos resignamos y aprendemos a convivir con ellos como algo nuestro que nunca cambiará, y donde la impunidad tristemente se vuelve en la garantía de que alguien quedara sin castigo.
No es un tema menor. Las estadísticas oficiales por sí mismas son alarmantes y no necesitan mayor explicación.
Existe un alto grado de actos ilícitos que no se denuncian, por lo que solamente entre un tres y cuatro por ciento logran ingresar a los esquemas de procuración y administración de justicia; esto es, entre un 96 y 97 por ciento quedan impunes. Por eso se le llama la garantía de la impunidad, es decir, el mismo sistema te garantiza que no pasará nada.
Y aquí algo interesante con base en un estudio reciente que ubicó a México en el penúltimo lugar de un ranking de 59 países, por debajito solamente de Filipinas, y es el hecho de que en términos de policía estamos cerca del promedio por cada 100 mil habitantes, pero llama la atención la cantidad de juzgadores, pues mientras el promedio es de 45 jueces por cada 100 mil habitantes, en México contamos con tres o cuatro jueces.
Como sea, no se debe perder de vista que se trata de un tema estructural, funcional y de cultura del Estado mexicano que venimos arrastrando de hace años y que requiere acciones urgentes.
Tal vez incluso más que combatir la corrupción misma, que seguramente es positivo, pero donde se tiene que hacer énfasis es en la impunidad, pues ésta es la hermana mayor de la corrupción, ésta, la impunidad, es la que garantiza que exista una tendencia hacia la corrupción, pues al final, sociedad y gobierno hemos generado condiciones suficientes que permiten salir impunes a quienes violan la ley, pues aquí nunca pasa nada.
La falta de conciencia y el no querer entender la problemática implica alimentar un círculo perverso donde la inseguridad y sobre todo la impunidad generan por si mismas desconfianza, y estas a su vez propician la deslegitimación de las instituciones públicas, y todo ello nos pone en la línea de la pobreza y falta de desarrollo, entendidas estas, en muchos casos, como precondiciones para la inseguridad, y ahí nos vamos. Y por supuesto, todo ello junto, simplemente lastima nuestra dignidad como sociedad, por decir lo menos.
No es un misterio que sociedades con grados altos de seguridad –en todos los ámbitos– y con estándares bajos de impunidad generan confianza en todos los sectores, alimentan de buena manera la cultura de la legalidad y las prácticas democráticas y, por supuesto, contienen niveles altos de bienestar social.
Las ecuaciones son muy claras. Al tiempo.

Una pequeña dosis de historia Nicolaita


Señala Pablo G. Macías en su Aula Nobilis que: “De gran importancia histórica resulta el dato de que el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, es el más antiguo de América; pues el de la Santa Cruz de Tlatelolco, que se inauguró el 6 de enero de 1536, y la Universidad de Tiripetío en 1540, creada esta última por el sapientísimo fray Alonso de la Vera Cruz, que se reputaban como los de más vieja erección, ya no existen. El Colegio de San Juan de Letrán se fundó por el año de 1549, la Universidad de México en 1553, los planteles de San Ildefonso y Santa María de Todos Santos en 1573, el Colegio de San Pablo de los Agustinos en 1575 y el de San Martín, en Lima, Perú, en el año 1580”.
ihurtadomx@hotmail.com

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