Ramón Guzmán Ramos
Trilogía herética
Sábado 13 de Enero de 2018
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El siguiente texto es la presentación del libro de poemas Trilogía herética, que bajo el sello de la Editorial Silla Vacía recién sale a la luz. Es la tercera edición de este poemario que también puede ser leído en la página virtual https://isuu.com/sillavaciaeditorial/docs/trilog_a_her_tica de manera gratuita.

La herejía es la antípoda del dogma. Es siempre un cuestionamiento radical al sistema de pensamiento y de creencias que ha terminado por convertirse en un estado de dominio. La herejía es la negación de toda verdad sagrada. Es a lo que en realidad temen los comisarios del dogma. La negación, como lo sostenía la vieja dialéctica marxiana, es el anuncio del derrumbe. Todo cuestionamiento lleva a la negación de lo cuestionado y, por lo tanto, a la necesidad de sustituirlo por algo nuevo. La herejía amenaza la posición de quienes hacen del dogma la justificación absoluta de su poder. Por eso suelen reaccionar con iracundia cuando ven que se abre una fisura y aparecen por allí los signos que están destinados a extenderse y provocar su caída. Todo poder necesita de dogmas para funcionar y permanecer.

Los herejes son rebeldes por antonomasia. Algunos se enfrentan a las verdades inmutables de una manera instintiva, por impulso, como una reacción que les viene de su naturaleza inconforme, de su rechazo original a todo sistema de sometimiento. Otros hacen de su herejía una actitud de desafío, la causa suprema de una lucha consciente y programada que tiene como propósito confrontar y derrocar al poder. La herejía aislada, espontánea, individual, está destinada a fracasar, cuando mucho a dejar constancia de su testimonio para la historia, si no encarna en la voluntad de las masas y se organiza. Pero la herejía, una vez que triunfa y ocupa el poder que cuestionaba, se institucionaliza y tiende a convertirse en un nuevo dogma, en un nuevo sistema de control sobre las masas que la llevaron al poder.

El origen de todos los males se encuentra en el poder. Es allí donde se decide el destino de quienes han adoptado el dogma como su forma de vida. La libertad es una ilusión con la que casi nadie sueña, sólo los herejes. Esta lucha entre el círculo cerrado y el horizonte que ilumina suele terminar en un salto hacia el futuro, aunque a veces el futuro es también una ilusión que se desvanece en los bordes del abismo. Toda forma nueva que aparece para sustituir a las formas caducas trae consigo la semilla de su propia negación. Es lo que nos decía aquella dialéctica herética cuando la utopía era una visión del mundo al alcance de la mano. Ahora sabemos que el movimiento de la historia no es tan predecible. La realidad suele imponer su propia resistencia y su dinámica interna.

Trilogía herética es un libro que está conformado por tres cuadernillos de poemas. Cada uno fue concebido y escrito en diferentes épocas y circunstancias. Pero un día se mostraron unidos por una sola línea, por una actitud compartida ante la vida: la herejía. Una voz que habla por tres que son uno. Como la Sagrada Trinidad. No, como la Trinidad herética. Pero es una herejía literaria. Esto es, un cuestionamiento apasionado a los dogmas de la vida. Cuidando que la pasión no se nos convierta en otro dogma. Es testimonio y revelación. Desahogo y asfixia. Desencanto. Deslumbramiento. Esperanza. Es, sobre todo, una visión. La visión de otros tiempos que han sido mi tiempo en este tiempo. La visión de los herejes.

Karl Heinrich Marx, filósofo, economista, sociólogo, periodista, intelectual y militante comunista.
Karl Heinrich Marx, filósofo, economista, sociólogo, periodista, intelectual y militante comunista.
(Foto: Especial)



Los personajes que aparecen en los textos poéticos de Trilogía herética se enfrentan a dogmas de diversa índole, a veces de manera instintiva, a veces con la conciencia atormentada por la certeza fulminante de la inutilidad y el holocausto. Son herejes que tienen el valor de desafiar los dogmas que dominan su mundo. Son capaces de enfrentarse al rostro invisible de la muerte y al poder omnímodo de Dios, lo mismo a esa maquinaria siniestra de la historia que alguna vez fue una promesa luminosa. Hay otras circunstancias que de igual manera sofocan el espíritu y obligan a intentar la osadía. Es lo que hacen estos personajes para tratar de superar su circunstancia trágica, para incorporar la experiencia de su soledad al compromiso visceral por la vida. Lo más importante es abrirle al espacio concéntrico una fisura para la fuga.

La idea era hacer una nueva edición de Trilogía herética, cuaderno de poemas que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta Tampico 1998. En 2000 la Secretaría de Educación en el Estado lo publicó en la Serie Maestro Michoacano, con un tiraje de mil ejemplares que se agotó casi de inmediato. En 2007 el gobierno municipal de Tampico publicó una antología en dos tomos con los trabajos premiados en cuento y poesía, de 1982 a 2006, con el propósito de conmemorar los 25 años del Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta. Los autores fuimos convocados para participar en la conmemoración y leer nuestros trabajos. Tuve la oportunidad de conocer en esa ocasión a la hija de Efraín Huerta, Raquel Huerta-Nava, quien se encargó de hacer la “Presentación” de la antología. Una de esas mañanas nos encontramos en el restaurante del hotel a donde yo acudía a desayunar con Citlali y hablamos de la poesía herética y desafiante de su padre, que yo leí con un sentimiento de pasmo y revelación en mi último año de preparatoria.

Saúl Martínez Aceves fue miembro del Taller Literario Ambrosía, del cual fui fundador y coordinador durante nueve años en la Biblioteca Pública Municipal Justo Sierra de Uruapan. Una vez terminado su ciclo, este taller desapareció y dio lugar a otros dos grupos, uno de ellos el Taller Literario Luvina, del que don Saúl, como le decimos, es uno de sus miembros más comprometidos. En una ocasión me dijo que había que reeditar mi Trilogía herética. Yo guardé silencio y él comprendió. Este cuaderno de poesía forma parte de mi historial bibliográfico y yo pensaba más bien en la obra que estaba escribiendo. Me dijo que él se haría cargo del costo de la edición. Pasaron varios días antes de que don Saúl me recordara su propuesta. Yo no estaba seguro si debía aceptar que él hiciera un gasto así. Fue como surgió la idea de volver a publicar este poemario. Mi agradecimiento especial para él.

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