Gilberto Vivanco González
VIVILLADAS
¡La cuesta de enero!
Viernes 19 de Enero de 2018
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El júbilo y la algarabía reflejados en los festejos de Año Nuevo se diluyeron rápidamente, o lo que significa lo mismo: el gozo se fue al pozo; es que en los primero días de este 2018 empezaron a conocerse los aumentos de precios a bienes, servicios y trámites; el gobierno federal, a través de sus secretarías e institutos satélites, desestimó los aumentos que fueron empollados durante 2017 y que ahora salieron del cascarón, señalando que no son significantes, que no impactarán en la economía familiar, que son “pequeños” y que todo se hizo pensando en la estabilidad nacional y familiar… sólo faltó que hubiesen agregado “vivieron y vivirán felices para siempre”.

Claro que dichos aumentos son insignificantes, pero para aquellos que tienen salarios de ensueño, formidables ganancias o que tienen la posibilidad de obtener viáticos para viajes o gasolinas y que en un descuido hasta la luz les sale regalada; pero para los que no tienen empleo, los que ganan salarios de hambre o para la clase media, ¡claro que representa bastante!, y eso que faltan varios incrementos más. La sacudida al bolsillo es considerable tomando en cuenta que las familias más pobres o que están en la miseria normalmente procrean más hijos y por lo tanto hay más bocas que alimentar.

En 2017 el salario mínimo era de 80.04 pesos, y para este 2018 se estableció de 88.36, lo que representa prácticamente ocho pesos de aumento
En 2017 el salario mínimo era de 80.04 pesos, y para este 2018 se estableció de 88.36, lo que representa prácticamente ocho pesos de aumento
(Foto: TAVO)



No extraña que hayan minimizado los “ajustes dolorosos o necesarios”, como suelen llamarlos, sobre todo tratándose de un año de elecciones para presidente de la República, gobernadores en ciertos estados, para legisladores y presidencias municipales; la gente que ostenta el poder en Los Pinos, con su flamante aspirante presidencial que se anda tambaleando y quien desde luego también es corresponsable de los incrementos aludidos, busca disuadir a los electores de un posible castigo en las urnas, manejando discursos de consuelo y atemorizadores puntualizando que con otra opción, “con ya sabes quién”, la situación estará mucho peor, así que deberíamos agradecerles sus estrategias de estabilidad económica… como si los mexicanos siguiéramos chupándonos el dedo.

Los factores determinantes para realizar los ya clásicos incrementos, que son más clásicos que el Chivas-América y que han caracterizado todas las administraciones federales, porque la del mismo Vicente Fox y la de Felipe Caderón también salieron con esas mermas, son atribuidas a los sobresaltos que tiene el dólar, a la angustiada espera para que se ratifique o no el acuerdo comercial entre Estados Unidos, Canadá y México y, desde luego, según, al nerviosismo de la Bolsa de Valores por las elecciones presidenciales. De que no es Chana es Juana, pero el meollo del asunto es que no podemos salvarnos de las consecuencias de tan dramáticos episodios, sobre todo cuando las clases vulnerables siempre son las que tienen que cargar con el muerto.

En 2017 el salario mínimo era de 80.04 pesos, y para este 2018 se estableció de 88.36, lo que representa prácticamente ocho pesos de aumento, mismo que para los responsables de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos fue muy importante y significativo, sobre todo porque por esta ocasión se adelantó para diciembre, acción que esperaban les bonificara con el aplauso de la sociedad, pero no fue así. Por ejemplo, José Luis Carazo, representante del sector obrero, señaló que no estarán tranquilos hasta que el incremento al salario cumpla con el precepto constitucional de que sea suficiente para que no falte alimento en la mesa de ningún trabajador y tengan dinero en su bolsillo. Eso sin hablar de los millones de compatriotas que no tienen trabajo y están en la miseria extrema.

Se sustenta incluso que dicho aumento a los salarios está muy por encima de la inflación, fenómeno estrictamente monetario que se podría describir de manera simple como el incremento del dinero que se necesita para comprar algo en la economía. Es obvio que la mayoría de las personas no sabemos mucho de términos económicos, pero sí sabemos de las necesidades, por lo que es claro que si las ecuaciones de los especialistas hablan de que el porcentaje de aumento al salario está por encima de dicha inflación, la realidad de los mexicanos es que las cuentas no le cuadran.

Algunos de ejemplos de incrementos son en la gasolina, el diésel, la luz para pequeños y medianos empresarios y el gas LP, el kilo de tortilla se vende hasta en 17.00 pesos, cuando el año pasado estaba entre trece y catorce pesos. El kilo de carne de res, que venía costando 145.00 pesos, ahora se vende en 150.00 pesos, el jitomate pasó a 40.00 pesos por kilo y el limón hasta 30.00 pesos; el huevo, que es un salvador en la dieta mexicana, costaba 22 o 23 pesos, ahora se vende a 32. También han subido los trámites para actas de nacimiento, de matrimonio, de defunción; los de tarjetas de circulación, licencias y hasta los pasaportes y visas para visitar la tierra de Donald Trump. En Morelia, con el presidente independiente que nunca ha sido independiente, el pago de la Predial anda por las nubes y hasta con amenazas de embargo… y aún así buscará la reelección.

Por supuesto que todos sabemos el “gran sacrificio y esfuerzo” que se hizo para incrementar los salarios mínimos, pero es más fácil entender que ese gesto queda pulverizado por los incrementos en cascada que se han puntualizado en el párrafo anterior, mismos que sólo simbolizan un pétalo de una flor de todo el racimo que representa la economía mexicana. La lista es interminable.

La verdad es que la situación del país no es nada halagüeña, si bien es cierto que a nivel macroeconómico se han logrado algunos éxitos, en el nivel micro se viven momentos críticos que serán factor determinante para tomar la decisión conveniente ante los tiempos electorales que se avecinan; quien esté muy contento con las reformas estructurales, quien esté muy contento con los gasolinazos y con los huevazos, y todo lo demás, que siga apoyando a quienes han provocado esta situación , pero quien piense y viva lo contrario que actué como su conciencia y su bolsillo le aconsejen.

El caricaturista argentino Joaquín Salvador Lavado, mejor conocido como Quino, en su personaje de Manolito (amigo de Mafalda), externó la siguiente reflexión: “Recordemos que se habla mucho de depositar confianza, pero nadie dice qué interés te pagan”. Habremos de tomarlo en cuenta.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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