Aquiles Gaitán
El pobrecito
Martes 23 de Enero de 2018
A- A A+

Este frío invernal cala hasta los pulmones, disminuye el ritmo de vida hasta casi volver estático el movimiento que sólo se altera con la tos y el estornudo; el aislamiento nos hace pensar en nosotros mismos, en lo que somos, en la fragilidad del ser y la posibilidad de no ser en cualquier momento. Aprecio la vida y quiero vivirla desde la satisfacción del deber cumplido, de dejarles a mis hijos un buen nombre, que no les dé pena recordarlo, sino todo lo contrario, aunque como el buen tinto, seco hasta enamorar el alma.

Parodiando a Pito Pérez del libro de don Rubén Romero, cuando dice “pobrecito del Diablo, ¡qué lástima le tengo!”, yo diría “pobrecito de México ¡qué lástima le tengo!”.
Parodiando a Pito Pérez del libro de don Rubén Romero, cuando dice “pobrecito del Diablo, ¡qué lástima le tengo!”, yo diría “pobrecito de México ¡qué lástima le tengo!”.
(Foto: TAVO)

Al paso del tiempo, cuando volvemos a ver a los amigos de la infancia, queda esa sensación de que tal vez sea la última vez en que recordemos juntos las vivencias irrepetibles que sólo la libertad plena nos puede dar antes de iniciar la vida de trabajo que nos hace ser diferentes y nos desarraiga de nuestra idiosincrasia. Reír y recordar nos fortalece sin duda y nos hace sentir que vivimos un tiempo hermoso muy diferente al que hoy vivimos con los homicidios nuestros de cada día.
Cuando se sudan las propias calenturas, en los momentos de fiebre, me llegan recuerdos de mi mamá Adelita, de mi abuelita Tita, que me pidió que cuando ella se fuera abriera las jaulas de sus pájaros cantadores para que se fueran a seguir cantando libremente, todos se fueron el clarín, los jilgueros, el tzentzontle, los tigrillos, los gorriones, ¡todos!, menos El Mulato, que me tocó llevarlo hasta un parral en la Barranca Honda ahí, donde estaba su nido donde lo encontré pequeño. Al llegar había neblina, aun así un bello canto se escuchó a lo lejos, El Mulato respondió inmediatamente y se entabló el diálogo que lo hizo volar alegre al encuentro de su especie.

Así nosotros vamos por la vida encontrando amigos y un amor con quien vivir la vida, así como se vive una vida amorosa.

Me he desviado un poco de la línea editorial del periódico, pero me gana la nostalgia en la soledad de la convalecencia, valga decir que en mis propósitos de Año Nuevo está incluido publicar los relatos de mi pueblo, bajo el esquema de Ancla en el tiempo, de Alfredo Mallifert, y terminar los Lagos negros, que de corrección en corrección no les veo el fin.

El 16 de enero de 1985 renuncié en una carta abierta al puesto de tesorero de la Universidad Michoacana, asqueado del mugrero de aquel tiempo. Hoy, 33 años después, aflora el pus y aquellos tiempos en que se pudieron corregir fallas son un juego de niños frente a la catástrofe de hoy en que los sindicatos mandan.

Ya ni la otrora combativa Sociedad de Ex Alumnos Nicolaitas tiene nada que decir, la Universidad requiere cirugía mayor o se muere como las alacranas que se las comen sus propios alacrancitos. ¿Y los resultados de las auditorías al presupuesto universitario?, ¿que no reciben dinero del estado?, ¿dónde andan las cuentas claras, sindicatos incluidos? No todo es como siempre ha sido, la política del azadón ha terminado.

Las calenturas políticas hacen ver visiones a muchos matacuases y los hacen soñar con las representaciones, requisitos: su credencial del IFE, si sabe leer y escribir bien o no, eso es irrelevante, sus partidos elegirán de lo que tengan en sus alforjas, más los calientes que se tiran por la libre, eso sí, el destino del país está en sus manos y hay que votar por esos que pondrán en la boleta el día en que se divide el cielo y la tierra y surgen las perspectivas de los próximos años.

Parodiando a Pito Pérez del libro de don Rubén Romero, cuando dice “pobrecito del Diablo, ¡qué lástima le tengo!”, yo diría “pobrecito de México ¡qué lástima le tengo!”.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Carta Abierta

El combate

Pensar sin destruir

El Carrusel

La victoria revolucionaria

Río de estrellas

El baile del perrito

Juego de espejos

Las frutas

El águila

El pobrecito

Los pedazos

El despertar perpetuo

El establo

El Mando Único

Las verdades ocultas

La quemazón

El pájaro

El sol de la mañana

La catrina

Nuestra cultura

El abismo

Recuerdos a la luz de la luna

El ensueño

El castillo

¡Viva la farsa!

¡Viva la farsa!

Los espejos

A los pobres

¿Dónde estás, confianza?

El reverso del júbilo

¿Dónde está la Patria?

Auditoría forense

El Manos

La nada

El caballo de Atila

En manos de 113

Reina por una noche

Día del padre

Para que no se olvide

La manzana

Los pasos perdidos

El atole con el dedo

Foco rojo

La organización

Mayo florido

¿Cómo quieres que te quiera?

Nada ha cambiado

Las conciencias

La primavera

La ilusión

A nadie le importa

Pan y circo

El buey

Los rostros verdaderos

Los mercaderes

Las palabras

¡Viva la farsa!

Las manos temblorosas

El corral de la patria

Los mansos corderos

Las pedradas a la luna

Un abrazo amoroso

¡Viva mi desgracia!

¡Aquí nadie se raja!

La leve sonrisa

Desarrollo con justicia social

El rapazuelo triste

El cambio de Michoacán

El arca de Noé

Día de Muertos

Dialéctica social

La luna de octubre

En el desierto

¿Entierro o incineración?

Derroche de optimismo

El elefante

Los atenazados

La tetilla izquierda

Hasta el copete

Los cuervos

Las nubes

La imaginación

El último recurso

El principio y el fin

Las calenturas ajenas

Un nuevo país

¡Esta es su casa!

Nacionalismo como alternativa

La inquisición

Sin remedio

La última palabra

Bajo el palio

Los miserables

El tañer de la campana

La libertad del llano y la historia mentirosa

A 400 años, recordando a Cervantes

Los buenos deseos

El Caos

¡Soñemos muchachos!

Eternamente agradecidos

El nuevo evangelio

¿Por dónde comenzamos?

Entre el llanto y la risa

Los cascabeles

Los factores del poder

Desde el corazón

La espiga solitaria

El galope despiadado

La tierra de nadie

La catástrofe

El manantial

Carta a los Santos Reyes

Amor y odio

¡Feliz Navidad!

Los ojos cerrados

El enigma

El granito de arena

Los elegidos

El cariño y el rigor

Una canción desesperada

El disentimiento

El abrazo amoroso

La reencarnación

Ramón Méndez

La rebanada de pastel

El gallo muerto

El soñador

¡Viva la libertad!

El cuarto vacío

El primer día

A mi manera

El ocaso

La farsa

Aquí no hay quien piense distinto

La Luna de queso

¡Arriba Apatzingán!

Las fumarolas

Los “vurros”

El tesoro

El único camino

Los dioses vivientes

Compañeros nicolaitas

El día de la verdad

Nota de viaje

La vaca sin leche

Nosotros mismos

Nosotros mismos

¡Desde arriba, hasta abajo!

La locura