Jerjes Aguirre Avellaneda
Morena, “el peligro para México” y el proyecto de nación
Viernes 26 de Enero de 2018
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La democracia de los medios de comunicación, de la propaganda, de la opinión pública y el escándalo, de las referencias y críticas a los asuntos aislados, a las acciones particulares en lugar de abordar los modelos, las estrategias y las políticas públicas consecuentes, es una democracia que carece de capacidad para orientar el rumbo general de la sociedad, del país y de la nación.

Una democracia de este tipo a lo más que puede llegar es a la elección aparentemente libre de los individuos, que tendrán la función de dirigir conforme a sus propios criterios la dinámica del conjunto de la sociedad, sin compromisos fundamentales para alcanzar objetivos compartidos que legitimen el uso del poder público. Por eso se ha insistido en que un buen candidato no es equivalente necesariamente a un buen gobernante. Un buen candidato puede ser, y generalmente lo es, una hechura de los medios de comunicación, de la mercadotecnia, la publicidad y las mentiras repetidas, pero no destaca de manera contrapuesta por sus propuestas, el compromiso corresponsable de participación y la educación política de los ciudadanos.

Los adversarios de Andrés Manuel López Obrador lo han calificado con los peores adjetivos para un político mexicano, entre otros radical, autoritario, ocurrente y, el peor de todos los adjetivos, “un peligro para México”.
Los adversarios de Andrés Manuel López Obrador lo han calificado con los peores adjetivos para un político mexicano, entre otros radical, autoritario, ocurrente y, el peor de todos los adjetivos, “un peligro para México”.
(Foto: Cuartoscuro)



En la situación de México y hasta donde tiene avances el proceso electoral, los distintos partidos políticos se han caracterizado por la pobreza de ideas, de ideología, de visiones integrales sobre los problemas y el futuro nacional, con excepción del partido Morena, que de manera congruente logró integrar una propuesta de gobierno, que deliberadamente busca, en un primer momento, detener y, en un segundo, revertir la tendencia “decadente” de México.

En consecuencia, es importante analizar el “Proyecto de nación 2018-2024” presentado por los morenistas en un amplio documento donde se aborda el diagnóstico de los principales problemas nacionales, apuntando a la vez soluciones susceptibles de ampliarse y corregirse con las aportaciones ciudadanas y de todos los mexicanos, que son el principio y el fin de la política y quienes viven las consecuencias derivadas de la utilización equivocada del poder del Estado, adoptando criterios y asumiendo acciones que inevitablemente han conducido al “bajo crecimiento económico, al incremento de la desigualdad social y económica y a la perdida de bienestar para las familias mexicanas”.

Por otra parte, los adversarios de Andrés Manuel López Obrador lo han calificado con los peores adjetivos para un político mexicano, entre otros radical, autoritario, ocurrente y, el peor de todos los adjetivos, “un peligro para México”. Por ello también es útil acercarse a los documentos que definen las intenciones y propósitos de este personaje fundamental en la historia reciente de México y que ahora es seguro candidato a la Presidencia de la República.

El “Proyecto de nación” que define a López Obrador no es en principio un documento radical y mucho menos un documento revolucionario, que amenace los cimientos mismos de organización de la sociedad mexicana. Se trata más bien de un documento que se propone reformar, regenerar y reconstruir la vida nacional a partir de principios y valores que están presentes en el pensamiento de los mexicanos grandes, desde Morelos hasta Lázaro Cárdenas. Rigurosamente podría considerarse que el “Proyecto de nación” de Morena tiene profundas raíces históricas, representando el interés por mantener una línea de continuidad y adaptación de las formas a las realidades del presente.

Por eso llaman la atención los señalamientos que definen a López Obrador como radical e intransigente, como si sus ideas y propósitos manifiestos consistieran en la abolición de la propiedad privada, la estatización de todas las empresas privadas, nacionales y extranjeras, la cancelación de la democracia electoral, la promulgación de una nueva Constitución y la proclamación de una nueva república, regida por una autoridad personal única e incuestionable.

Por el contrario, revisando el amplio texto que contiene la propuesta de “Proyecto de nación” no se encuentra más que la insistencia para “concretar el cambio de rumbo que se requiere y alcanzar el objetivo de la reconstrucción nacional”. En el supuesto de ganar las elecciones venideras, el documento señala que “en 2024 queremos vivir en un México justo, democrático, soberano, pacífico y transparente”. Eso es todo. En ninguna parte se encuentran anunciadas las medidas que pudieran representar “los grandes peligros para México”.

Sería sumamente útil que en el debate de las ideas y propuestas por los distintos partidos políticos y candidatos pudieran distinguirse claramente, de una parte los diagnósticos y de otra, las tesis fundamentales en relación con los grandes problemas nacionales, para llevar el debate, la crítica y el descuerdo con los adversarios al nivel de la argumentación en el análisis del rumbo y los contenidos de prosperidad y justicia que se consideran convenientes para el país.

El “Proyecto de nación” habla de la “decadencia nacional” y, por tanto, convendría escuchar a quienes estuvieran de acuerdo o en desacuerdo. Asimismo, ¿por qué en lugar de consolidar se insiste en reconstruir? El “Proyecto de nación” se refiere a que “la corrupción incrementa la desigualdad, la violencia, la desintegración, la decadencia moral y, en última instancia, el mal desempeño económico del país”. ¿Es esto cierto?, ¿por qué?, ¿cómo explicar este fenómeno persistente que tiene una larga historia y que ha hecho crisis en el presente, provocando hartazgo de la sociedad?, ¿qué es lo que hay que hacer?

En los últimos tiempos ha surgido la creencia que confunde la ley con la realidad, postulando que los problemas de todo tipo se resuelven con una “buena ley”. En lugar de conferir a la ley el papel regulador de las acciones para imprimir rumbo y orientación a los cambios sociales, grandes y pequeños, se entiende que la realidad está determinada por la ley y que a la vez la ley determina la verdad y la mentira, lo justo y lo injusto, por lo que todo cambio depende de lo que disponga la norma jurídica. La “legislacionitis” puede resolverlo todo simplemente “legislando”.

Por el contrario, en el “Proyecto de nación” se anota que lo que hace falta elementalmente consiste en cumplir con la ley para cambiar, sin necesidad de los vanos intentos de creer que la nueva realidad, sólo puede ser el resultado de la nueva ley. Inclusive el “Proyecto de nación” indica que se habrán de “reducir al mínimo las reformas que el Ejecutivo deberá proponer al Legislativo para llevar a cabo sus acciones de gobierno”. ¿En dónde, entonces, están las amenazas del autoritarismo dictatorial?

En el mismo sentido, el “Proyecto de nación” aclara que en los proyectos gubernamentales que se pongan en marcha se habrá de “garantizar la certidumbre de todos los contratos vigentes, particularmente los derivados de las reformas estructurales”, independientemente de su evaluación para determinar el grado de cumplimiento de sus objetivos y las necesidades de corrección.

En cuanto al combate a la pobreza en la que vive la mayor parte de la población mexicana, el “Proyecto” reitera el impulso a las actividades productivas, en especial en el agro, la inclusión de los jóvenes a la educación y al trabajo y la atención a los adultos mayores, sin descuidar la lucha para erradicar la corrupción, que “incrementa la desigualdad, la violencia, la desintegración, la decadencia moral y, en última instancia, el mal desempeño económico del país”.

En la búsqueda de una sociedad en paz, que evite el dolor y la destrucción material y humana, que funcione en la certeza jurídica y en la seguridad física de sus integrantes, con equidad de género y respeto a los pueblos indígenas, en el reconocimiento de sus usos y costumbres, su autonomía, territorios y recursos naturales, el “Proyecto de nación” propone una estrategia de desarrollo sostenible, definido como la satisfacción de “las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”, a la vez que se adopta la “línea rectora” para que todos los planes y acciones del futuro gobierno adopten el principio de “no dejar a nadie atrás”, como expresión de la inequidad en las oportunidades disponibles para una vida plena.

Respecto de los recursos públicos, el “Proyecto de nación” se pronuncia por la austeridad y honestidad en el gasto público, evitando desvíos y dispendios, la frivolidad y la insensibilidad de las “altas esferas gubernamentales”. Destaca que los presupuestos públicos habrán de someterse a la transparencia y evaluación, liberando recursos para reasignarlos a “financiar parte de los proyectos de infraestructura con impacto regional y a financiar los programes sociales prioritarios, como los de rescate a los jóvenes y las pensiones universales de los adultos mayores”.

Todos son temas que tendrían que provocar el interés de los ciudadanos, de los grupos sociales y de los partidos políticos para el inicio de un proceso de debate que forme y enriquezca la conciencia política, que permita ejercer el derecho de elegir gobernantes, en la coincidencia comprometida con la construcción de un México diferente.

Por lo pronto, el “Proyecto de nación 2018-2024” de Morena insiste en su propósito al subrayar que “Este ‘Proyecto de nación’ busca impulsar el despertar de conciencias… para hacer posible la reconstrucción democrática de México, (como) una tarea que debemos llevar a cabo entre todos”.

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