Rafael Mendoza Castillo
Las instituciones al servicio del neoliberalismo
Lunes 29 de Enero de 2018
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Me parece que el diagnóstico sobre lo educativo y lo sindical que ha venido defendiendo el grupo que se autodenominó “nuevo comienzo”, el cual se instaló hace apenas dos años en el Solio de Ocampo, en lo referente a la estructura, organización y contenido de la Reforma Educativa del prianismo y en relación con las fuerzas, tendencias políticas que se mueven al interior con sus aspiraciones, puntos de vista, concepciones del mundo, ideologías, teorías y prácticas, está equivocado porque se olvidó de los principios y los ideales de la izquierda (justicia, igualdad, dignidad). Sin embargo, se asume en orientaciones y prácticas políticas facciosas, identificadas con el poder de dominación y explotación, realmente existente.

El gobierno actual pretende justificar la hegemonía del estado, apelando a la democracia participativa, sobre todo a aquella que acepta las reglas del neoliberalismo y la hegemonía del valor de cambio, creadas por la propia dominación.
El gobierno actual pretende justificar la hegemonía del estado, apelando a la democracia participativa, sobre todo a aquella que acepta las reglas del neoliberalismo y la hegemonía del valor de cambio, creadas por la propia dominación.
(Foto: Cuartoscuro)

Para comprender cualquier problema de lo social se requiere que abordemos lo referido al poder y su ejercicio. Si entendemos el poder como la capacidad de intervenir en la realidad para cambiarla, debemos reflexionar sobre el sentido en que debe apuntar el cambio. Para mí, modificar la realidad significa que la justicia, la equidad, la solidaridad, la cooperación, el pensamiento crítico, el reconocimiento del otro, son el sello fundamental de la transformación. Ningún cambio es neutral o inocente.

Por otro lado, el poder se puede utilizar para mantener un estado de cosas, donde lo establecido sirve para que una clase social se adueñe y se robe la riqueza de la nación y, lo peor, esclavice y domestique la conciencia y el cuerpo de millones de personas. Este tipo de poder es injusto. ¿Habrá entonces un poder justo? Sí, el poder de la comunidad, del pueblo. Algunos afirman que la fuente del poder está en la comunidad, en la voluntad del pueblo y que nosotros hemos inventado la condición democrática para que esa fuente pueda delegarlo en otras instancias o ejercerlo directamente.

¿Que esperamos cuando el ejercicio del poder es legítimo, legal y quien lo dirige es un sujeto o grupo que se autonombró de izquierda moderna, o “nuevo comienzo”, como es el caso del gobierno de Michoacán?, uno esperaría que éste actuara en congruencia con los ideales y principios que le dan sentido y fundamento como tal fuerza política de izquierda.

El desencanto para la mayoría de la gente se presenta cuando se observa que las decisiones del gobierno se colocan en un poder que golpea y discrimina a unos grupos y favorece a otros. Lo peor es que utiliza a grupos, como medios, instrumentos para dividir y quebrantar la voluntad de autonomía de otros. El gobierno utiliza el monopolio legítimo de la fuerza del poder de dominación para empujar y fortalecer a grupos adictos a su partido o a él mismo para de esa forma impedir la disidencia y bloquear a la gente que tiene otros proyectos de sociedad distintos a la actual hegemonía política. De ahí que el voto sea insuficiente, limitado, si no cuestionamos y transformamos las instituciones que son del mismo color que la dominación hegemónica.

El gobierno actual pretende justificar la hegemonía del estado, apelando a la democracia participativa, sobre todo a aquella que acepta las reglas del neoliberalismo y la hegemonía del valor de cambio, creadas por la propia dominación. De lo que decimos anteriormente lo demostramos con algunos ejemplos de la realidad. En el caso de la educación, existe una experiencia política y social, un movimiento democrático de maestros, una disidencia, una inconformidad que durante muchos años se ha venido configurando como un sujeto político, que ha combatido y combate ahora la antidemocracia, la corrupción y el corporativismo al interior del SNTE, pero además ha venido impugnando el currículum hegemónico y centralizado del Estado, que no multicultural, mismo que ha atrapado la mente de millones de mexicanos y es altamente destructivo de la diferencia cultural..

El gobierno del estado no recoge en su diagnóstico, sobre la situación educativa, elementos como los citados arriba, y menos las novedades que la realidad educativa presenta a diario (entre un proyecto neoliberal y uno democrático y equitativo). No es ético ni moral, ni político, que utilice la fuerza del poder, de la ley, para imponer consensos, donde la desigualdad entre ciudadanos en lo real, no en lo formal, es brutal.

El diagnóstico que hace el gobierno del “nuevo comienzo” sobre el escenario educativo no es neutral, ya que pretende, desde una idea totalitaria, destruir el conflicto de la disidencia, de la inconformidad y de paso silenciar el debate plural, multicultural, utilizando los pactos y consensos, entre tribus de partidos (pacto de civilidad), de empresarios y de poderes fácticos.

Parece que al gobierno del estado le preocupa más silenciar la inconformidad, los conflictos, por la vía de la confrontación, que la construcción de una política educativa, racional, pública y argumentada que venga a transformar las estructuras, los contenidos, las prácticas y las mentalidades de los michoacanos. Se sustituye el lenguaje de la política por el lenguaje de las armas. Cuando a la política se le separa de la ética crítica, la primera se convierte en fuerza bruta e irracional.

La democracia no es la condición para trabajar en la unanimidad, la homogeneidad, sino en la multiplicidad de las voces de la razón y lo que va a distinguir a éstas es el grado de justificación argumentada, conforme a la razón crítica, el proyecto de sociedad, el conocimiento sobre la realidad y su vinculación con la práctica. Nunca colocar el “yo” del poder para convencer, ya que éste no es argumento, sino autoritarismo. El amo Silvano dice: “Si no fuesen suficientes las cárceles de la entidad, los enviaría a los penales federales” (narcisismo maligno y sociopático). Eso no es política de izquierda, sino de derecha conservadora del orden establecido.

Si el poder continúa creyendo que el conflicto social se silencia, echándole más fuego a la hoguera, se equivoca, porque quienes resisten al poder injusto actual lo hacen desde valores públicos, de la justicia como bien común, de la dignidad como valor de la persona, que no se intercambia como lo hacen las mercancías, de lo solidario, que escucha y siente al otro, desde la cooperación con aquellos que sufren física y anímicamente, provocado por el poder de dominación y de explotación. Como dice Luis Villoro: “Una manera de contemplar la historia es verla como una permanente contienda entre la voluntad de dominación y los intentos de escapar de ella”.

La estrategia de utilizar las instituciones (Ejército, Policía) o grupos dándoles privilegios de poder (Ley de Seguridad Interior), de sueldos, con actitudes de sumisión al poder, para acabar con la disidencia en el campo de lo educativo, o en cualquier otro, no es correcta, ya que destruye, a corto plazo, la democracia participativa y la formal, aún incipientes.

El arma de la crítica, con estos comportamientos represivos del gobierno de Silvano Aureoles contra maestros y comunidades, está cediendo terreno en favor de la fuerza y el poder totalitario, tendencia esta última en la que los ciudadanos pierden la libertad, la autonomía individual y colectiva. La crítica y la autocrítica nos permiten distinguir a los movimientos sociales, grupos e individuos que resisten al poder injusto, como los de la CNTE, SPUM, SUEUM y otros, de aquellos que maniobran para alcanzarlo (Comisión Ejecutiva del SNTE), como es el caso de los charros institucionales. Así, el “nuevo comienzo” se quitó la máscara de izquierda y dejó ver la máscara del amor por el poder y el capital. No se gobierna con la paz de los sepulcros, sino caminando con los diferentes, los disidentes, los marginados, los pobres, los de abajo, sin excluirlos o intentar derrotarlos. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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