Salvador Molina Navarro
Derecho a qué…
El derecho a recibir el salario en tiempo y forma
Miércoles 7 de Febrero de 2018

La política es el campo de trabajo para ciertos cerebros mediocres.

Friedrich Nietzsche.

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Finales de enero y con la misma problemática social, el impago en salarios de la clase trabajadora, sólo la trabajadora, a diario se lee, escucha, ve y vive el tema de la falta de recursos, la UMSNH se dice a punto de la quiebra, el Ejecutivo del estado se dice preocupado por cumplir con los pagos de salarios y prestaciones, aún las de 2017; el Legislativo pagando laudos, Ayuntamientos pidiendo al estado que cumpla con los recursos federales que les tocan y que no les han entregado en tiempo y forma, en fin, una guerra de declaraciones, gestiones y arrebatos para hacerse de dinero para poder tener y repartir.

Es bien sabido y comprobado que en política no existen las coincidencias, la falta de recursos para pagar, incluso los salarios, es algo que ya se veía venir, algo que se esperaba, la imperante corrupción es costosa y ahora sabemos todos que sí, en efecto, nos toca y afecta nuestros bolsillos, no sólo afecta en la fijación del precio de los productos y servicios, no sólo afecta en la macroeconomía, no sólo es tema de campañas y de señalamientos, no sólo es la moneda de cambio de los luchadores sociales de Facebook y demás redes sociales, la corrupción nos toca, la sentimos, nos afecta, nos quita nuestro progreso y nos limita en nuestros derechos, ahora lo sabemos de la peor manera.

La CNTE, la UMSNH, el Sector Salud, en sí, todos quienes reclaman el cumplimiento y respeto de un derecho, deben generar las bases para que el propio Estado limpie sus vicios, debemos acudir ante los tribunales previamente establecidos para reclamar
La CNTE, la UMSNH, el Sector Salud, en sí, todos quienes reclaman el cumplimiento y respeto de un derecho, deben generar las bases para que el propio Estado limpie sus vicios, debemos acudir ante los tribunales previamente establecidos para reclamar
(Foto: Carmen Hernández )



Pero, ¿cómo se preparó la clase política para estos sucesos, cómo se protegió? En primer término se aseguró que no fuera punible la conducta de retener o no pagar salarios a los trabajadores, anteriormente en el Código Penal, en su artículo 336 se imponía de dos a cinco años de prisión y multa de 200 a 500 días de salario al patrón que retuviera, en todo o en parte, los salarios de los trabajadores, de esta forma era un delito no pagar los salarios, así sea la patronal el gobierno o un particular, pero como los políticos sabían que no iban a poder cumplir con esos pagos en futuro corto, decidieron crear un nuevo Código Penal el día 17 de diciembre de 2014, el que anunciaron como un gran avance pues era un código que privilegiaba los intereses de los ciudadanos, se hacía de cara al Nuevo Sistema de Justicia Penal y ponía a Michoacán a la vanguardia, pero no mencionaron que, entre otros retrocesos, se anulaba totalmente el artículo 336, no sólo el delito que se cometía al no pagar el salario, sino todo el capítulo, y desde esa data en Michoacán ya no es delito retener en todo o en parte el salario.

Por cierto, debido a nuestra poca memoria, les recuerdo que quienes firmaron ese decreto fueron el entonces diputado presidente Alfonso de Jesús Martínez Alcázar, el mismo que ahora pretende reelegirse como presidente municipal y que presume que ha recibido un gran apoyo de la ciudadanía al darle su firma, y como segunda secretaria, Daniela de los Santos Torres, la misma que ahora pretende ser candidata a presidenta municipal por el PRI después de un opaco desempeño como diputada federal, y el gobernador en turno era Salvador Jara Guerrero, quien ahora pretende posicionar al precandidato del PRI a la Presidencia de la República. Ojalá mantengamos en la memoria estos actos, pues la única forma de hacer consecuencia es en las casillas de recolección del voto electoral.

Además de esto, la clase política, astuta como es, ha sabido llevar a su discurso la idea de ser quienes pueden solucionar este embrollo de falta de pagos a trabajadores, se dicen ser los gestores de fondos y salvadores de los trabajadores y además utilizan el tema para denostar a sus adversarios, ahí esta otra ganancia del político al saber y prever los problemas políticos, sociales, económicos y culturales que se generan en el presenta y se saldrán de control en el futuro, todo ello bajo el cobijo de la falta de memoria de los ciudadanos y de la falta de valor para cobrarles la factura.

Por otro lado también abona a los políticos el tipo de reclamo y exigencias que siempre generamos, el disturbio, las tomas, las marchas, las paupérrimas consignas que siempre son las mismas, ya nos las sabemos, eso no sirve en nada, el político ya se sabe la historia y la utiliza, le saca raja para hacer pasar a quienes reclaman el respeto a sus derechos como un enemigo del estado, como un ciudadano desubicado, violento, delincuente, prueba de esto la utilización de la figura de El Mosh en los disturbios pasados, este personaje cuenta con una animadversión popular por ser quien se le inculpa de dañar el mural de Siqueiros de la Rectoría de la UNAM, hace ya años, y se le afecta con esa etiqueta que ni siquiera sabemos si es o no el actor de ese hecho, pero sirve para decirnos a la sociedad a través de la prensa que si El Mosh está en esos conflictos y reclamos, entonces se trata de vandalismo pues El Mosh es vándalo, lo que se traduce en una falacia ad hominem que genera desacredito del reclamo en la sociedad, una carta bien jugada por la clase política y con muchos resultados, son expertos en todo tipo de falacias formales e informales.

Así, lamentablemente los ciudadanos caminamos por la ruta que tenemos trazada cual si fuéramos caballos de playa, siempre el mismo camino, las mismas etapas, los mismos discursos y consignas, las mismas desilusiones y los mismos corajes, igualmente siempre votamos por los mismos.

Es tiempo de avanzar, de generar nuevas rutas, de formalizar el reclamo del cumplimiento y respeto a nuestros derechos, ahora pensemos en diferentes formas de exigir, tal vez un reclamo social como toma o marcha organizada con respeto a los derechos humanos propios y de terceros, con presencia de observadores de la Comisión Nacional y la Estatal de los Derechos Humanos, con control de participantes, con consignas bien dirigidas y entendibles sin ofensas vanas e innecesarias, con seriedad y conocimiento de causa de todos quienes participen, pero más, acudir a nuestras herramientas idóneas y eficaces, hagamos valer nuestros derecho desde el Estado de Derecho no mediante exigencias aisladas para que el aparato político funcione sabiendo que nunca funcionará pues está viciado de origen, no podemos exigirle un buen funcionamiento a quien ha causado el problema debido a su mal funcionamiento.

La CNTE, la UMSNH, el Sector Salud, en sí, todos quienes reclaman el cumplimiento y respeto de un derecho, deben generar las bases para que el propio Estado limpie sus vicios, debemos acudir ante los tribunales previamente establecidos para reclamar a través de las demandas respectivas el cumplimiento que exigimos sólo en lo político-social, debemos informar a la sociedad, no solamente el incumplimiento que se reclama, sino el funcionamiento de los mecanismos legales para hacer respetar nuestros derechos, si el Tribunal de Conciliación o la Junta Local o la autoridad competente están haciendo su trabajo en atención a una instancia de parte, si los juzgados de amparo están decretando o no suspensión de amparo o emitiendo resoluciones apegadas a la legalidad, la justicia y los derechos humanos, si nuestros órganos jurisdiccionales están funcionando adecuadamente, si no nos queda más que hacer valer reclamos sociales, pues solamente así la ciudadanía completa estaremos unidos con conocimiento de causa, y no nos alejaríamos de los reclamos sociales bajo el argumento de lo cansado que se vuelven y de los resultados que siempre son los mismos, dejemos de ser carne de cañón para los políticos y sus pretensiones, dejemos de ser los cerebros mediocres que sirven de campo de trabajo para los políticos.

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