Francisco Lemus
¿Qué hacer con lo ahorrado?
Jueves 8 de Febrero de 2018
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Será que cada vez hay menos personas con la capacidad de ahorrar, pero quienes la tienen, ¿qué opciones reales tienen para su dinero, puesto que las tasas de interés que ofrece la mayoría de los bancos están muy por debajo de la inflación mientras que las tasas que cobran a quienes piden préstamos son demasiado altas?

De acuerdo con la teoría macroeconómica convencional, la tasa de interés es un instrumento de política monetaria que puede ayudar a incentivar la inversión si es baja o el ahorro cuando es alta. Pero en México esta herramienta no funciona efectivamente como tal, pues las tasas para los ahorradores son muy bajas, y las de quienes solicitan préstamos, muy alta.

En promedio, un banco en México ofrece una tasa de interés de apenas tres por ciento anual, quiere decir que quienes ahorran diez mil pesos a la vuelta de un año tendrá sólo 300 pesos más.
En promedio, un banco en México ofrece una tasa de interés de apenas tres por ciento anual, quiere decir que quienes ahorran diez mil pesos a la vuelta de un año tendrá sólo 300 pesos más.
(Foto: Especial)

En promedio, un banco en México ofrece una tasa de interés de apenas tres por ciento anual, quiere decir que quienes ahorran diez mil pesos a la vuelta de un año tendrá sólo 300 pesos más. Menos de un peso diario tras haberse privado del uso de esos diez mil pesos, es un pago excesivamente bajo.

Pero además, el problema es más complicado que eso, pues con una inflación superior al seis por ciento, como la registrada en 2017, lo que antes valía diez mil pesos, en promedio ahora vale diez mil 600 pesos. El ahorrador no sólo no ganó dinero, incluso lo perdió al haberlo ahorrado en un banco.

Las bajas de tasas de interés deberían ser entonces un incentivo para no ahorrar y poner el dinero a trabajar, y si es necesario pedir un préstamo, obtenerlo a un precio muy bajo. En un esquema keynesiano esto funcionaría perfectamente, pero en la realidad nacional lo que se encuentra es que las tasas de interés para el préstamo son altas, y las del ahorro, muy bajas.

A pesar de estos desincentivos la gente se mantiene emprendiendo negocios casi todo el tiempo, muchas veces con el apoyo de familiares o amistades, tal vez en algunos casos con el apoyo de los organismos financieros del Estado, pero en general luchando contra un panorama sumamente adverso, como la elevada mortandad empresarial que hay en todo México.

Por esta situación es que la mayoría de los mexicanos suele apostar por los inmuebles como una opción para generar recursos sin tener que invertir trabajo constante, pero ella ha llevado a una especulación reinante en todas las ciudades, aunque en una el fenómeno sea más agudo que en otras.

A final de cuentas esto puede generar contradicciones ya que la economía no puede funcionar solamente de la compra de inmuebles y es necesario que haya sueldos, salarios y ganancias generados por otras actividades económicas, que parecen no representar una opción absolutamente para nadie ante lo precarios de los ingresos.

Una economía saludable requiere de tener un equilibrio entre oportunidades en todos sus rubros, pero para el caso de México las mejores opciones parecen concentrarse en la adquisición de inmuebles, mientras que las demás son o muy precarias o riesgosas.

Ese debería ser uno de los puntos a observar cuando se elija, en las próximas elecciones, un proyecto político y el proyecto económico que le acompañe.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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