Rafael Mendoza Castillo
El Estado al servicio del capital
Lunes 12 de Febrero de 2018
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Inicio estas reflexiones con el pensamiento crítico de Malcolm X: “La democracia es pura hipocresía. Si la democracia significa libertad, ¿por qué no son libres? Si la democracia significa justicia, ¿por qué no tenemos justicia? Si la democracia significa igualdad, ¿por qué no tenemos igualdad? Según un estudio de Oxfam, donde se asegura que de toda la riqueza generada en 2017 en el mundo, 82 por ciento quedó en manos del uno por ciento más rico, mientras la mitad de la población no recibió absolutamente nada. Mexicanos en situación de pobreza: 64 millones; en pobreza extrema: diez millones.

Es necesario examinar, con el pensar crítico, el sentido o sentidos que se esconden, se ocultan, en los problemas que el poder del Estado, ahora desmantelado en su estructura de poder, la clase política y los poderes fácticos le proponen para discutir y analizar a la sociedad civil mexicana, ésta ha sido olvidada por aquellos poderes y sólo existe cuando se le pide el voto o el país está en peligro.

Diez millones de mexicanos viven en pobreza extrema
Diez millones de mexicanos viven en pobreza extrema
(Foto: Cuartoscuro)

Recordemos, no olvidemos, una vez que los grupos se instalan en el poder, éstos defienden sus intereses particulares y se olvidan de lo público (Ley del ISSSTE, Ley del IMSS, IPAB, reformas estructurales, etcétera). Desde esos poderes se ha venido orientado a la mayoría de los individuos que integramos, por voluntad, por necesidad o en contra de nuestra voluntad, hacia el sistema capitalista-neoliberal actual. Es necesario y urgente desenmascarar la lógica de dominación que le permite al sistema reproducirse y mantenerse en el tiempo y el espacio socio- histórico.

Todos sabemos que el Estado tiene el monopolio legítimo de la fuerza y que una de sus funciones consiste en intervenir en los conflictos sociales a fin de limitar las ambiciones de los particulares y, sobre todo, buscar el sentido público. Lo importante del asunto es que ese Estado ya no cumple con esos objetivos mínimos y hoy su lugar lo ocupan los grupos poderosos, los dueños del dinero. Estos últimos orientan la fuerza legítima hacia la defensa del interés privado. Es un Estado que frena el salario, que privatiza el patrimonio público, las instituciones de seguridad social y acelera la acumulación de capital en una plutocracia mínima (Carlos Slim, con 65 mil 100 millones de dólares).

Este último grupo de poder ha secuestrado al Estado achicado y simplificado, y desde la riqueza, el saber y la fuerza, orientan las necesidades de la gente y además crean nuevas identidades consumistas con la finalidad de controlar el tiempo libre de las personas. Como bien afirma el periódico La Jornada en uno de sus editoriales: “Flaco favor le harán a la sociedad unos medios alineados por decisión propia en torno a una verdad única y uncidos de manera voluntaria a los triunfalismos, omisiones y extravíos del discurso oficial”. No cabe la menor de que el poder de dominación y de explotación produce sus propias verdades, sus propias percepciones y su propia realidad.

Existe en la sociedad mexicana una franja social que todavía se identifica con el papel del Estado y que cree en su presencia a fin de regular las ambiciones desmedidas e ilimitadas de los grupos privilegiados y favorecer a las clases subalternas. Es cierto que en el pasado esos atributos del Estado se manifestaban en lo real, pero hoy esta institución los está perdiendo y se olvida de su responsabilidad social.

Imagínese, estimado lector, un Estado donde los bancos pertenecen a corporaciones extranjeras, donde las leyes se hacen para favorecer a intereses de grupos privados y éstos van adquiriendo más poder que el Estado. ¿De qué Estado se trata? De un Estado gobernado por los dueños del dinero. Como bien dice Carlos Montemayor: “Su conversión (Estado) en una gerencia regional de poderes financieros y cupulares”.

Recordemos que en la historia contemporánea de México hubo momentos en que el Estado intervenía en todos los aspectos de la vida nacional y esa hegemonía se manifestaba como control de la libertad de los individuos y la presidencia imperial conducía los destinos del país y éstos siempre han favorecido a los poderosos. Pero también hemos de decir que los movimientos sociales e individuales que se opusieron a esa hegemonía cultural y política, que se construyeron como sujetos conquistando la libertad, resistieron, unos con la pluma, otros enseñando y otros con el fusil en la mano a dicha dominación. El Estado gerencial de hoy y los poderes fácticos nacionales y extranjeros nos roban nuestra existencia y se apoderan de nuestras vidas.

Por la presión y la lucha de la gente progresista y de izquierda, la hegemonía del Estado dominador y por la intervención del FMI y el BM, aquella se fue erosionando, desgastando y con la identificación de la clase política gobernante hacia un modelo económico neoliberal (1982), más explotador, más inclinado al capital que a lo social y el Estado de bienestar perdió su naturaleza que le dio origen. Estamos asistiendo a la muerte del espacio público y en su lugar se coloca la tecnoestructura (poder de la organización sobre el individuo), y desde este lugar se configuran los objetivos, fines y metas del país. El actual gobierno de derecha y ultraderecha está al servicio de los dueños del dinero.

Necesitamos construir desde abajo, con el pueblo, un proyecto de nación con asuntos comunes y darle muerte a la pasión por los objetos de consumo, dado que existe una clara y distinta escisión, separación entre la sociedad civil y los representantes, los poderes fácticos, varias instituciones políticas, sociales y la primera marcha por un lado y aquellos por otro lado. Objetivos y fines son distintos. Los segundos frenan salarios, privatizan lo público, destruyen lo solidario del mundo del trabajo (reforma laboral prianista), destruyen la seguridad social, matan disidentes, militarizan la vida social al gusto del imperio norteamericano, venden los bancos al extranjero, dan muerte al trabajo y no invierten lo suficiente en ciencia, tecnología y educación pública.

La sociedad civil tiene que convertirse en sujeto, dejar de ser espectador y “paciente”, para que recupere su propia existencia, su destino histórico, y para ello se requiere dudar sobre su propia identidad, ya que ésta ha sido configurada por el orden establecido. Donde todavía no nace el sujeto crítico, donde la pobreza es extrema, no se puede afirmar que vivimos en la democracia, sino en una oligarquía neoliberal. Si la existencia y el pensamiento no son acompañados, desde la raíz, por la libertad, entonces ambos están secuestrados y sirven a otros intereses. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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