Jerjes Aguirre Avellaneda
El futuro que queremos que suceda
Viernes 9 de Marzo de 2018
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Alguna vez, Jorge Luis Borges escribió que el futuro no es lo que va a pasar, sino lo que queremos que suceda, y en efecto, uno es el futuro espontáneo, el que llega, el que se impone por voluntades externas, como destino inconsciente, y otro es el futuro que llega porque así se quiso, el que se construye por voluntad propia, con diseño consiente y con trabajo constante.

Estas ideas podrían representar un principio para la vida de los individuos, los grupos, las sociedades y los países. Su cumplimiento bien podría considerarse como un indicador para la medición del progreso, a menor progreso más futuro espontáneo, y entre más progreso menos espontaneidad y mayor conciencia para que lo que suceda sea precisamente lo que se deseaba que ocurriera.

En la fotografía Jorge Luis Borges.
En la fotografía Jorge Luis Borges.
(Foto: Cuartoscuro)



En política sucede lo mismo, simplemente pasa o se provoca que pase. Tratándose de la democracia electoral, se supondría que en cada elección habría oportunidad para redefinir el futuro que se persigue, considerando los cambios y los nuevos problemas que se deben resolver para seguir avanzando. Por eso, en el pasado, usualmente los partidos políticos y sus candidatos utilizaban las campañas electorales como oportunidad para educar políticamente a los ciudadanos, analizando las dificultades del presente para rediseñar el porvenir.

Hoy es distinto pero las necesidades son las mismas, potencializadas por el reiterado interés en desconocerlas o francamente negarlas. Los resultados de los problemas viejos y nuevos han sido la crisis de México y el surgimiento de actitudes colectivas que con acierto son llamadas “antisistema”, con implicaciones electorales claramente favorables para el candidato a la Presidencia de la República, el opositor Andrés Manuel López Obrador, del partido Morena.

La realidad del país, como fondo y desafío en las elecciones del próximo 1º de julio, ofrece un escenario de grandes posibilidades para comenzar a forjar una historia consiente, teniendo como alternativa la continuación de más de lo mismo, perfeccionándolo para que funcione permanentemente, en el convencimiento de que el sistema vigente es el único viable y es el único correcto en términos de justicia. Claramente José Antonio Meade y Ricardo Anaya son los portadores de la propuesta del “más de los mismo perfeccionado”, en tanto que López Obrador insiste en que puede ser de otro modo y en este sentido, propone un “proyecto alternativo de nación”.

En su discurso de protesta como candidato de Morena a la Presidencia, López Obrador ofreció una síntesis de lo que considera representan sus “Compromisos básicos con el pueblo de México”, cuyo contenido y alcance merecen destacarse, en tanto representan planteamientos distintos y contrapuestos al “más de lo mismo”, ayudando a entender el porqué de las preferencias mayoritarias para AMLO y por qué, en efecto, se trata de un rediseño en la construcción nacional.

Algunas de las tesis de fondo expuestas en ese discurso, referidas a los cambios necesarios del país, podrían referirse a lo siguiente:
1- En la postura del “más de lo mismo”, el crecimiento del país está relacionado con los mercados internacionales, con la “apertura de México al mundo”, en particular los Estados Unidos, con su competitividad externa, con los tratados comerciales y con la inversión extranjera. Los resultados de todo ellos son perceptibles: la mayoría de los mexicanos son pobres, con empleos precarios o desocupados, que viven con miedos, con inseguridad y violencia, señalados como corruptos, en un país que ha sido tierra de migrantes, dependiente de un vecino que le debe mucho a México y que pretende construir un “muro” que evite el ingreso de “delincuentes” y “prostitutas” mexicanas.

Por su parte, López Obrador expuso en un discurso de protesta como candidato el compromiso de fortalecer “la economía nacional y el mercado interno”, produciendo “en México lo que consumimos”, apoyando “a los empresarios de México; (a la vez que) se promoverá la inversión nacional y extranjera (buscando) la convergencia del sector público, del sector privado y del sector social”. No hay en las palabras de AMLO ninguna referencia a las llamadas “ventajas comparativas” que incluyen la afirmación, por ejemplo, de que si en Estados Unidos producen maíz más barato que en México, lo “lógico” consiste en que los campesinos mexicanos dejen de sembrar el grano y mejor se vayan de braceros cuando puedan.

Considerando como prioritarios los intereses nacionales, una estrategia congruente hace depender el crecimiento económico de las necesidades de los mexicanos y no de los consumos extranjeros. Esto lo sabe cualquier jefe de familia, que coloca primero el bienestar de sus hijos por encima de cualquier otra consideración. Comparativamente es lo mismo con el país, primero debe ser México y el bienestar de los mexicanos y luego todo lo demás. Tal vez por eso López Obrador anunció enfático que “se terminará con la política de privatizaciones”, de lo poco esencial que queda, como el agua para todos los usos, esencialmente para el consumo humano.

Referencia destacada mereció el tema de los sueldos y salarios para los trabajadores al asumir el compromiso de que “habrá justicia laboral” con la elevación de los ingresos para los servidores públicos, maestros, enfermeras, médicos, policías, soldados, aumentando “el salario de los trabajadores y el jornal de los campesinos”, en el marco de un sistema de salud pública gratuita en los servicio médicos y medicinas, con la seguridad de que “la educación será gratuita y de calidad en todos los niveles escolares”, eliminando la condición de “rechazados” para los jóvenes que aspiran a la educación universitaria, con la oportunidad de recibir becas decorosas por dos mil 400 pesos mensuales.

El modelo impuesto al crecimiento del país provocó el deterioro de las condiciones de trabajo y de vida en el campo mexicano. Se privatizó el ejido y se hundió en la pobreza a la población campesina, convirtiéndola en fuente permanente para la producción de jornaleros agrícolas y de trabajadores migrantes en gran escala. México pudo convertirse en exportador de mano de obra, ampliamente recompensado por la contribución de las “remesas” a la economía nacional y en particular a la estabilidad social y política de las familias de migrantes.

López Obrador ofreció un compromiso contundente al subrayar que “el que quiera irse lo va a hacer por gusto, no por necesidad”. Sin duda alguna este es un compromiso de dignidad y de justicia, puesto que “vamos a promover el desarrollo de México, va a haber crecimiento, va a haber empleo, el mexicano va a poder trabajar donde nació, donde están sus familiares, donde están sus costumbres, donde están sus culturas…”.
El fin de la esclavitud del pequeño productor agrícola respecto del mercado llegará a su fin con el cumplimiento del compromiso de fijar “precios de garantía para los productos del campo” y el otorgamiento de apoyos que como los fertilizantes, representan un factor fundamental en la productividad de la tierra. El compromiso es categórico: se distribuirán fertilizantes baratos para quienes produzcan para vender y gratuitos para quienes siembren para comer.

López Obrador destacó la prioridad que tendrán los “pueblos originarios y las comunidades indígenas, como una gran posibilidad para el aprovechamiento y conversión de sus recursos, considerando la naturaleza de la propiedad comunal y el respeto a sus formas de vivir y desarrollar sus propias culturas”.

Los compromisos anunciados con los distintos sectores de la sociedad mexicana y la recuperación de principios olvidados del Estado mexicano, los niños, jóvenes y viejos, los discapacitados, los trabajadores de distinto tipo, los empresarios, así como el imperativo para eliminar la violencia y la inseguridad, devolviendo a la función de gobernar y la política su dignidad y respeto, rescatando la confianza y el orgullo mexicano son elementos que sin duda alguna merecen la coincidencia y el apoyo.

Los mexicanos están ante la posibilidad de recomenzar la construcción de un futuro, como ellos quieren que suceda y no como algo que simplemente va a pasar, según las sabias palabras de Jorge Luis Borges.

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