Francisco Lemus
Visor
El mercado estadounidense del acero
Viernes 16 de Marzo de 2018
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Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se encontraba en la cima del mundo, también lo estaba su industria del acero, la fuerza productiva que la maquinaria de guerra había generado les permitía producir la mitad de todo el acero del mundo al llegar al final de la década de los 40, situación lejana a la actual realidad de esta industria del vecino del norte.

Con el fin del conflicto bélico en 1945, Estados Unidos vivió su mejor momento como potencia económica, principal polo de influencia capitalista y generador de un modelo de sociedad al que “el mundo libre” debía aspirar. Sus trabajadores vivieron también un cambio radical en sus condiciones de vida, manifiesto en un nivel de consumo sin precedentes.

 Mientras la producción acerera estadounidense tuvo pocas modificaciones tecnológicas, otros países comenzaron a invertir en investigación y desarrollo
Mientras la producción acerera estadounidense tuvo pocas modificaciones tecnológicas, otros países comenzaron a invertir en investigación y desarrollo
(Foto: Especial)



Más de 70 años después los estadounidenses se preguntan a dónde ha ido todo ese bienestar y ese sueño americano. En el caso de la industria del acero, desde los 90 dejó de ser parte de los principales indicadores financieros y con ello parte central de la economía del vecino del norte, que empezó a privilegiar las importaciones.

Mientras la producción acerera estadounidense tuvo pocas modificaciones tecnológicas, otros países comenzaron a invertir en investigación y desarrollo, el caso más radical es el de China, que en 1981 producía un tercio de lo que generaban las fábricas estadounidenses y en 1993 su producción ya estaba a la par.

A pesar de los hechos, muchos estadounidenses quieren que su país vuelva a ser lo que era antes. Se encuentran bien representados por Donald Trump, quien ha optado por tomar medidas proteccionistas para con ello volver 70 años en el tiempo y revivir ese país que mostraban los posters publicitarios de los años 50.

Para México esta situación no es alarmante (aún) porque al haberse librado de los aranceles ante la vigencia del Tratado de Libre Comercio, seguramente no sólo mantendrá sus ventas de acero al vecino del norte, incluso aumentarán, tal vez a un costo muy alto para el consumidor nacional, que dependerá del acero extranjero como un posible regulador de los precios.

Es importante reconocer que las necesidades productivas del mundo a mediados del siglo XX son muy distintas de las actuales, en aquellos tiempos Estados Unidos estaba en construcción, los países del tercer mundo, como México, buscaban hacer lo propio, Europa se estaba reconstruyendo, al igual que Japón, hoy todo ello está más que desarrollado.

Pero el desarrollo capitalista exige un incesante desarrollo, no importa que haya que destruir lo que aún podría funcionar, lo importante aquí es que la lógica de acumulación capitalista se mantenga viva. El problema es que en términos ambientales esto no puede ser un proceso infinito.

Tal vez aún estemos lejos del umbral, o ya lo hayamos rebasado, pero las consecuencias ambientales de mantener este ritmo productivo de la riqueza ya se hacen sentir, seguir los planes de quien quiere volver en el tiempo siete décadas sólo puede acelerar el desastre.

Desde luego Trump y otros asegurarán que es para beneficiar a su pueblo, pero es en verdad al pueblo a quien van a beneficiar o a los intereses económicos de grandes empresarios.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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