Jerjes Aguirre Avellaneda
Elecciones y necesidades de cambio
Viernes 23 de Marzo de 2018
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Las precampañas internas de los partidos políticos, seguidas del periodo de intercampañas, muestran la persistencia de los rechazos a la forma y el contenido con que se practican la política y la democracia en México, generando grandes dudas sobre las motivaciones y finalidades del proceso electoral en curso.

Las dudas están relacionadas, entre otros temas, con los partidos políticos y los candidatos, con el anuncio de sus propósitos y los estilos que cada quien utiliza para ganar las preferencias ciudadanas, haciendo uso destacado de las acusaciones que en el escándalo buscan desprestigiar la conducta y los merecimientos de los adversarios. Por eso es conveniente destacar algunos aspectos del quehacer político junto a las prácticas democráticas, que incluyen sus miserias y las reiteradas exigencias de trasformación no para cambiar partes del todo, sino el conjunto del sistema democrático vigente.

Habrá que comenzar con la defensa de la nación, que no es un asunto del pasado, como algunos pretenden, sino un reto mayúsculo del presente que permite definir el tipo de país que ha sido, es y será la casa de todos los mexicanos. Sin nación no podría hablarse de nada, en particular en la relación con Estados Unidos, presentes siempre en la historia de México, como causa y como efecto, pero invariablemente atendiendo a la letra y el espíritu de la Doctrina Monroe, que desde hace 200 años postuló que la América al sur del Río Bravo tendría que ser inevitablemente para los americanos.

México perdió territorio y defendió los intereses norteamericanos frente a Europa, Francia en particular, hasta alcanzar en el siglo XX, la condición de un país que hace depender su presente y su futuro de Estados Unidos, ante quien disuelve paulatinamente su historia y su cultura. En esta relación se ha llegado al exceso y no pasa nada, que el presidente Trump llama “loco” al presidente mexicano e insulta a los mexicanos con un desprecio propio de una actitud colonialista.

La era Trump ha comenzado, haciendo urgente para los mexicanos prepararse para los tiempos difíciles y aún críticos en la relación con Estados Unidos, defendiendo a su nación y el orgullo mexicano, el sentirnos nosotros, como resultado de una historia de luchas que otorgan a México el derecho básico para exigir respeto a su independencia y soberanía, a su dignidad, decisiones y cultura.

No obstante, a pesar de todo, del riesgo de cancelación del TLC, de la política antiinmigrante, del muro fronterizo, del proteccionismo comercial, de las ofensas y amenazas recurrentes, nada significativo ha pasado en el proceso electoral en curso, en su traducción de compromiso de los candidatos para defender los intereses fundamentales de la nación y la dignidad de los mexicanos. México necesita hoy políticos patriotas y una democracia con un amplio contenido patriótico. ¿O el patriotismo será asunto del pasado? Hasta hoy sólo López Obrador insiste en rescatar los ideales de Morelos, la integridad de Juárez y el nacionalismo de Lázaro Cárdenas. Los demás candidatos, o no la conocen o no les gusta la historia.

Otra lección que deja el avance del proceso electoral se refiere a la política y la democracia misma, en su significado y en su práctica, en su expresión de naufragio de los partidos políticos, el carácter utilitario de la participación política y la reducción de la democracia a la simple elección de quienes debieran respetar los intereses colectivos por encima de ganar votos “a como dé lugar”, utilizando la consigna de que “el fin justifica los medios”, por abominables que sean.

En otro aspecto, ha sido evidente la diferencia de los partidos políticos para encontrar “buenos candidatos” en sus propias filas y en los medios externos. Podría exclamarse “valga la Santísima Trinidad”, ¿cómo es posible que los partidos hayan sufrido tanto para encontrar candidatos competitivos?, ¿qué clase de partidos son? Como quiera que haya sido, las “élites partidistas”, con estilos de propietarios de los partidos, buscaron y encontraron no siempre a los mejores candidatos, puesto que seguramente algunos ladrones, ignorantes y cínicos pudieron colarse. Las constancias de no antecedentes penales no sustituyen la percepción y el conocimiento de los ciudadanos de a pie, que saben quién es quién en cada circunstancia y lugar.

Adicionalmente, un tema que debiera figurar como elemento esencial de conciencia y responsabilidad está referido a la ética de y en la política y la democracia, puesto que ni una ni otra pueden ser inmorales por más que se insista en todo lo contrario. Aquello de que “todo se vale en política”, incluyendo el uso de la mentira y la carencia de todo principio ético, nunca ha sido cierto y menos ahora. Una política sin moral no es política y menos la democracia. ¿Serán inmorales las elecciones?

El panista Ricardo Anaya, candidato a la Presidencia de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC).
El panista Ricardo Anaya, candidato a la Presidencia de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC).
(Foto: Cuartoscuro)



¿Cuáles serían las razones para asociar la política con el engaño, la mentira y la manipulación y a la democracia con el círculo que recicla siempre lo mismo? Han surgido evidencias de profundos desencantos de las mayorías sociales respecto de una democracia que, lejos de contribuir a la paz y la prosperidad para todos, representa el marco para la desigualdad y pobreza creciente, la inseguridad, la violencia y los grandes miedos individuales y colectivos. Existen evidencias para afirmar que la democracia en México, produce frustración y rechazo por su incompatibilidad entre los resultados y las expectativas que de ella tenían los ciudadanos.

Ciertamente parece haber hartazgo, se dice que no sólo por la repetición de más de lo mismo, sino por la repetición de lo peor de lo mismo, que sería igual a lo mismo en decadencia, en caída libre hacia la desconfianza y el caos. El proceso electoral en curso parecería que deja de fortalecer y por el contrario, debilita y vulnera la política, los partidos y el sistema institucional fundado en un Estado de Derecho.
Es claro que ni las coaliciones ni los frentes, como tampoco las “candidaturas ciudadanas”, son respuestas apropiadas a las demandas profundas de cambios, como sería lo esperado, en lugar de la confusión y el desorden que provocan puesto que ya no se sabe quién es quién y cuáles son los intereses y los objetivos que representan y defienden los actores políticos.

Es urgente revisar integralmente y a profundidad, los principios teóricos y éticos de la política y la democracia para evitar la degradación de la propia sociedad. En todas partes, en nombre de los intereses políticos y democráticos, son cometidos los más grandes atropellos e injusticias que es imperativo cancelar definitivamente, encontrado en cada proceso electoral la oportunidad de comprometerse con la política y la democracia desde otra perspectiva y desde otra estructura institucional.

Junto a los hechos reales y de conciencia, las necesidades de corrección de la política y la democracia mexicana son enormes. Habrá que tener la esperanza de que los resultados de la jornada electoral del próximo 1º de julio permitan crear las condiciones para corregir todo lo inviable, tratándose de la política y tratándose de la democracia y el país.

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