Alejandro Vázquez Cárdenas
Opinión
Autoridad moral y las redes sociales
Miércoles 4 de Abril de 2018

Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, si no puedes negar las malas noticias inventa otras que las distraigan.

Joseph Goebbels.

A- A A+

Las redes sociales son medios de muy fácil acceso que permiten una comunicación instantánea,
Las redes sociales son medios de muy fácil acceso que permiten una comunicación instantánea, "cuartos de guerra" sin un adecuado filtro para detectar noticias falsas o muy sesgadas.
(Foto: Especial)

En estos días viviremos unas intensas campañas políticas, previas a las elecciones del 1º de julio; más de 89 millones de mexicanos están llamados a votar para elegir 18 mil 311 cargos federales y locales, en lo que vienen siendo las elecciones más importantes de la historia, de acuerdo con información del Instituto Nacional Electoral (INE). Entre los cargos que serán votados están la Presidencia de la República, 500 diputaciones, 128 senadurías, ocho gubernaturas y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

Las campañas están ya a toda máquina, los medios electrónicos, los impresos y cuanta barda pueden usar nos saturan de mensajes de propaganda política, tanta que ya ni la vemos, la miramos simplemente sin identificarnos con nada ni nadie. Los encargados de buscarle “trapos sucios” y esqueletos en el closet a cada candidato trabajan horas extras.

Papel muy importante juegan las redes sociales, fundamentalmente Twitter y Facebook, como lo hemos corroborado en las elecciones de nuestros vecinos del norte y otros países de Europa. Facebook y Twitter, medios de muy fácil acceso y que permiten una comunicación instantánea, y lo más importante para los propagandistas, “cuartos de guerra”, apologistas y detractores de algún candidato, sin un adecuado filtro para detectar noticias falsas o muy sesgadas. Lo anterior lo puede corroborar cualquiera que tenga la curiosidad de revisar a fondo los muros de los miles de bots y trolls pagados por determinado partido.

No es necesario ser un polemista brillante para entablar una discusión en redes sociales, ni tampoco poseer un mínimo de dominio del español, o disponer de argumentos y datos duros sobre lo que se está defendiendo o atacando. Las redes permiten que la mayor de las fantasías y la más grande las mentiras quede registrada. Total, sobra quien se crea la tontería más disparatada. Recordemos a Goebbels: “Miente, miente que algo quedará, mientras más grande sea la mentira más gente la creerá”, afirmación que queda que ni mandada hacer para varios promotores del Mesías que destilan odio en todos sus escritos.

Uno de los vicios más frecuentes en una discusión, ya sea en redes o medios impresos, es atacar a una persona, no por lo que dice, sino por lo que suponen que es. No atacan al argumento, atacan al que escribe, llenándolo de adjetivos y si el asunto se escala terminan insultando. La inmensa mayoría en lugar de rebatir con argumentos sueltan de inmediato la trillada frase “No tiene autoridad moral”, lo cual es no decir nada, el tener o no calidad moral no califica ni descalifica nada, absolutamente nada.

"La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero", ya lo decía Antonio Machado. Esta frase señala algo obvio. Que la verdad es muy independiente de la persona, organización, secta o partido que la enuncie. Verdadera perogrullada pero que increíblemente muchas personas olvidan.

Lo anterior viene a cuento por la mortificante frecuencia con que diversos políticos, periodistas, analistas, amanuenses o simples lectores de noticias, ayunos de la más elemental cultura, utilizan el argumento "autoridad moral" o su variante "calidad moral" para intentar descalificar a un oponente. Nunca ha quedado suficientemente claro que se quiere decir concretamente con "calidad moral", pero signifique esto lo que signifique, no es de ninguna manera un argumento válido para refutar o validar una posición.

Es una “falacia ad hominem", por ir en contra del hombre y no de su argumento. Se descalifica al adversario, sin preocuparse en dar argumentos sólidos. lo vemos a diario, a una opinión de, por ejemplo Salinas de Gortari o Diego Fernández de Caballos le sigue, invariablemente, una ristra de descalificaciones ad hominem, digan lo que digan. Los ignorantes y los necios no argumentan, sólo descalifican.

Esperar cultura, educación, sensatez, honestidad, integridad y racionalidad en las redes sociales es iluso; bien podemos esperar sentados a que el infierno se congele, eso nunca sucederá. Pero sí podemos pedir que nuestros políticos, escritores, editorialistas y comentaristas se fijen un poco más a la hora de contestar y opinar para no irse por el fácil pero inconducente camino de la descalificación y los lugares comunes.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
Comentarios
Columnas recientes

Elecciones aristocracia y kakistocracia

Sobre la responsabilidad

Democracia, educación y votos

Recordando al News Divine

Bulos y fake news

La salud y los políticos

La política del chantaje

El señor López Obrador y la educación

Delincuentes sexuales

Pena de muerte, ¿sirve o no?

López Obrador y su personalidad

Qué hacer después de los 60

Culpables fuimos todos

Autoridad moral y las redes sociales

Paz a toda costa, ¿eso queremos?

Criminales y maltrato animal

Ideologías totalitarias

Justicia, al servicio del poder

Pactar con el narco

Una alternancia fallida

La objetividad y el periodismo

Suicidio en el anciano

Incitatus, el Senado, el IFE y el PRI

Lectura, un hábito en extinción

Trastorno paranoide, datos

Hablando de diputados

Llegar a viejo, datos

Cuba, peligrosidad predictiva

Pax Narca

Amanuenses, más vivos que nunca

Religiones y sectas

Nicolás Chauvin, ignorancia y necedad

Cuando nos negamos a ver, el caso de la CNTE

La salud y los políticos

Votar con el hígado

Ignorancia radioactiva

Tomar decisiones. No todos pueden

Pertenecer a la izquierda

Fanatismo y política

Congreso sordo y caro

Productos milagro, las ganas de creer

Un partido sin remedio

Intelectuales y la violencia

Nuestros impuestos (no) están trabajando

La congruencia y la izquierda

La estupidez

Medicina y comercio

Tener fe, la justicia en México

Simonía y delincuencia

El cerebro de reptil

Abortar o no abortar

Cocaína, heroína, éxtasis y tachas

Hablando de genocidios

Política, odio y resentimiento

Información y noticias falsas

Hablando de totalitarismo y mesianismo

Un modelo de universidad

Feminicidios, misoginia y machismo

1° de mayo, algunos datos

Un crimen sin castigo

Con licencia para matar

México, su educación y cultura

IMSS, entre la hipocresía y la ineficiencia

IMSS, entre la hipocresía y la ineficiencia

No pasa nada

Corrupción, un problema severo

Philip Roth, sus libros y la vejez

Patognomónico y probable

Don Alejo, un ejemplo

Periodismo y poder

¿Son iguales todos los humanos?

La historia se repite

Notas sobre la evolución

¿Quién mato a la gallina?

Reflexiones sobre la ignorancia

Pemex, ¿petróleo de los mexicanos?

Un problema diagnóstico

Carta de Esculapio a su hijo

Secuestros en México

Fabula de la cigarra y la hormiga

Cuba y Castro, algunos datos

Trump, datos y reflexiones

Democracia y elecciones en Estados Unidos

Investigación médica, mentiras e Internet

La fábula del escorpión y la rana

Reflexiones sobre religión y ciencia

Cómo transformarse en un intelectual

El mono desnudo

Diálogo, ¿qué es eso?

Septiembre, ¿que celebramos?

Incompetentes o cómplices

Universidad Michoacana y la CUL

La democracia y los democráticos

Periodismo, sesgo y derechos humanos

Gana la CNTE

Las tres “C”

Usos y costumbres

¿Hasta cuándo?

Fanatismo y terrorismo, un peligro

Agnosticismo y ateísmo

A 28 años de un 6 de julio

Opiniones respetables

Paro médico

Miedo

Enfermedades psicosomáticas

La CNTE y sus mentiras

El toreo y la mente humana

El principio de Peter y los abogados

1º de mayo y los sindicatos

Productos pirata

Un nuevo tropiezo, la CNTE en Michoacán

La injusticia en México

Ferias y peleas de perros

Los nombres de los hijos

El “Justo Sierra” y la autonomía universitaria

Aristocracia y kakistocracia

La farsa de las terapias pseudocientíficas

PRI, un aniversario más

La educación universitaria en México

La visita del Papa

Medicina, pronóstico reservado y tanatología

El fuero ¿debe desaparecer?

Los gobernantes que merecemos

Cambio de placas, mal asunto

Escepticismo y credulidad

El debate, despenalizar o no las drogas

Terminó un mal año

Una carta para los mexicanos

Los perros no son juguetes

Silvano, el desencanto

La violencia del Islam radical 2

Islam, la violencia

Un aniversario más, la caída del Muro de Berlín

IMSS, una institución rebasada

Mentiras y medios de comunicación

Educación, ortografía y marchas

Delincuencia y medios de comunicación

Homeopatía, algunos datos

Educación en Michoacán, algunos datos

El Islam y la tolerancia

Ayotzinapa, cabos sueltos

Iatrogenia

De inteligencia y legisladores

Discurso de odio, Donald Trump

El mesías AMLO

Hiroshima, 70 años

Vejez, algunos datos

¿Y Michoacán cuándo?

Corrupción o ineficiencia

¿Cuándo se jodió Michoacán?