Aquiles Gaitán
Opinión
Pensar sin destruir
Martes 10 de Abril de 2018
A- A A+

Con la luz del sol de primavera todo se transforma, los colores se avivan, el calor se sublima, las frutas maduran con dulzura, la sensualidad aflora despreocupada, alegre, el agua despierta, el pájaro canta con vigor de fuego.

Todos esperamos la primavera, hasta este país llamado México espera la primavera; este estado, este municipio, esperan la primavera, ese cambio de percepción de orbita del planeta que lo cambia todo. La modernidad, el progreso, el desarrollo, el crecimiento, todos esos conceptos se basan en la transformación del medio ambiente, en la transformación de la organización social, todo orientado para lograr la rentabilidad de las actividades productivas; nadie busca la felicidad colectiva mas allá de los distractores de conciertos masivos y actividades de las llamadas culturales que sirvan para justificar burocracias y presupuestos. La felicidad es un estado de gracia en el que se vive por instantes, por momentos, que no se puede vivir en él permanentemente, sólo los cuentos infantiles del clásico romance principesco terminan con la consabida frase “y vivieron felices para siempre”. Saber diferenciar entre la diversión y el arte es elemental para una política de Estado sobre la cultura y sus casas de la cultura que confunden trabajos manuales con artes plásticas, pero eso es pecatta minuta frente a los retos que como sociedad tenemos, entre otros, consolidar un Estado de la libertad y la razón que vele por los intereses de los ciudadanos pobres y ricos frente a los energúmenos de las bandas criminales de asesinos y narcotraficantes que cada día ganan terreno y adeptos al uso legal de las drogas.

Al pie de los árboles el fuego devora sus troncos y con ellos se da la tragedia de los bosques comunales.
Al pie de los árboles el fuego devora sus troncos y con ellos se da la tragedia de los bosques comunales.
(Foto: Cambio de Michoacán)

Es verdaderamente inconcebible que del conglomerado de candidatos designados por artes ocultas o de calientes auto propuestos pueda salir un grupo que desde las cámaras de diputados y senadores pueda pensar en un modelo de país acorde con nuestros rezagos históricos y de frente al siglo XXI, de los candidatos a la Presidencia de la República, de su forma de expresar el qué, el para qué y el cómo, saldrá el ganador, hoy por hoy, cualquiera que gane es un enigma, los séquitos de aduladores, la morralla de siempre los lleva al callejón sin salida de los vicios burocráticos de la simulación y la ineficiencia, ojalá si gana ya saben quién prevalezca la congruencia, no enloquezca y no salga la chiva loca a la cristalería.

Me indigno y sufro con cada árbol que la lumbre devora, pinos, encinos, madroños, la tragedia de los bosques comunales de San Jerónimo Purenchécuaro, en la propia cuenca del Lago de Pátzcuaro es un ejemplo incuestionable de la desorganización existente para atender un incendio de grandes proporciones. Los comuneros, todos, hombres, mujeres, jóvenes y niños, tuvieron que acudir en su desesperación al bloqueo de la carretera llamada México-Nogales, entre Quiroga y Zacapu, para que les hicieran caso y les mandaran auxilio, pues a pesar del gran esfuerzo colectivo no podían vencer el fuego. Aun así en cinco días de incendio el daño está hecho, el bosque es un bosque de ceniza, de animales calcinados, de nidos de ceniza, de huevos y polluelos calcinados, de pájaras locas, de conejos tiznados que deambulan como fantasmas ante su apocalipsis. ¡Qué pena! El bosque de San Jerónimo ha muerto, el Cerro de Akumaran es un cerro de ceniza, aunque todavía no se enteren en Morelia.

El medio ambiente, los bosques, los ríos, los lagos, las presas, los ojos de agua, ¿a quien le importan? La basura y los drenajes fétidos, las emisiones contaminantes a la atmósfera son cosas municipales, adjetivas, dolores de cabeza que a nadie le importan más allá del hacer negocio, digamos Morelia, por ejemplo, que hasta del mugrero sacan la rentabilidad por encima de la eficiencia.

No me cansaré de decir que la educación ambiental debe ser parte de la formación de las nuevas generaciones y de los nuevos gobiernos, el compromiso de hacer del cuidado del medio ambiente un compromiso vital, de lo contrario lo estaremos destruyendo para siempre, como los bosques de San Jerónimo o los de Ario, Tacámbaro, Tancítaro, Uruapan, Ciudad Hidalgo, Zitácuaro y aguacatales que los acompañan. Es cierto, debemos pensar en cómo aprovechar nuestros recursos naturales, la rentabilidad es importante, la economía es fundamental, pero debemos aprovechar sin destruir y eso es fundamental en la Costa, en Tierra Caliente, en la tierra fría, en los lagos y ríos, en todas partes se requiere aprovechar sin destruir y eso se llama sustentabilidad, este concepto es tan versátil y tan amplio como la imaginación quiera que sea, puede haber hasta un pensamiento sustentable es decir, pensar sin destruir.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Carta Abierta

El combate

Pensar sin destruir

El Carrusel

La victoria revolucionaria

Río de estrellas

El baile del perrito

Juego de espejos

Las frutas

El águila

El pobrecito

Los pedazos

El despertar perpetuo

El establo

El Mando Único

Las verdades ocultas

La quemazón

El pájaro

El sol de la mañana

La catrina

Nuestra cultura

El abismo

Recuerdos a la luz de la luna

El ensueño

El castillo

¡Viva la farsa!

¡Viva la farsa!

Los espejos

A los pobres

¿Dónde estás, confianza?

El reverso del júbilo

¿Dónde está la Patria?

Auditoría forense

El Manos

La nada

El caballo de Atila

En manos de 113

Reina por una noche

Día del padre

Para que no se olvide

La manzana

Los pasos perdidos

El atole con el dedo

Foco rojo

La organización

Mayo florido

¿Cómo quieres que te quiera?

Nada ha cambiado

Las conciencias

La primavera

La ilusión

A nadie le importa

Pan y circo

El buey

Los rostros verdaderos

Los mercaderes

Las palabras

¡Viva la farsa!

Las manos temblorosas

El corral de la patria

Los mansos corderos

Las pedradas a la luna

Un abrazo amoroso

¡Viva mi desgracia!

¡Aquí nadie se raja!

La leve sonrisa

Desarrollo con justicia social

El rapazuelo triste

El cambio de Michoacán

El arca de Noé

Día de Muertos

Dialéctica social

La luna de octubre

En el desierto

¿Entierro o incineración?

Derroche de optimismo

El elefante

Los atenazados

La tetilla izquierda

Hasta el copete

Los cuervos

Las nubes

La imaginación

El último recurso

El principio y el fin

Las calenturas ajenas

Un nuevo país

¡Esta es su casa!

Nacionalismo como alternativa

La inquisición

Sin remedio

La última palabra

Bajo el palio

Los miserables

El tañer de la campana

La libertad del llano y la historia mentirosa

A 400 años, recordando a Cervantes

Los buenos deseos

El Caos

¡Soñemos muchachos!

Eternamente agradecidos

El nuevo evangelio

¿Por dónde comenzamos?

Entre el llanto y la risa

Los cascabeles

Los factores del poder

Desde el corazón

La espiga solitaria

El galope despiadado

La tierra de nadie

La catástrofe

El manantial

Carta a los Santos Reyes

Amor y odio

¡Feliz Navidad!

Los ojos cerrados

El enigma

El granito de arena

Los elegidos

El cariño y el rigor

Una canción desesperada

El disentimiento

El abrazo amoroso

La reencarnación

Ramón Méndez

La rebanada de pastel

El gallo muerto

El soñador

¡Viva la libertad!

El cuarto vacío

El primer día

A mi manera

El ocaso

La farsa

Aquí no hay quien piense distinto

La Luna de queso

¡Arriba Apatzingán!

Las fumarolas

Los “vurros”

El tesoro

El único camino

Los dioses vivientes

Compañeros nicolaitas

El día de la verdad

Nota de viaje

La vaca sin leche

Nosotros mismos

Nosotros mismos

¡Desde arriba, hasta abajo!

La locura