Ramón Guzmán Ramos
La educación en Rousseau
Sábado 21 de Abril de 2018

Ramón Guzmán Ramos (Primera de dos partes)

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Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) ha sido considerado uno de los grandes precursores de la pedagogía moderna. Los planteamientos que hizo con respecto a la educación permanecen vigentes al término de la segunda década del siglo XXI, sobre todo en lo que se refiere al lugar y la importancia que el niño debe tener en el proceso de aprendizaje. En una época tan temprana de la historia moderna, cuando la educación estaba todavía en manos de los colegios jesuitas y reducida a un enfoque tradicional, cuando la gran mayoría de los niños no tenía acceso a la escuela, Rousseau insertó algunas de las ideas más innovadoras sobre las que se habría de inspirar un siglo después La escuela nueva.

Rousseau, quien nació en Ginebra el 28 de junio de 1712, fue un hijo fiel y a la vez profundamente crítico de su época: el Iluminismo. Es la época del siglo XVIII, el Siglo de las Luces, del despotismo ilustrado, de la Enciclopedia, de los cambios que anunciaban una transformación profunda, radical, mucho mayor: la de la Revolución Francesa de 1789. Después de tantos siglos de permanecer hundida en las profundidades oscuras del dogmatismo, la humanidad estaba saliendo del foso y se aprestaba a arrojar la luz de la razón sobre los horizontes del mundo. En este sentido, la única luz válida es la que proviene de un examen de las cosas realizado con ojo crítico. La verdad deja de estar sujeta a los designios de la fe y sólo tiene cabida en el universo infinito de la razón. Sólo las cosas que se someten a la razón y pasan su prueba son aceptadas como verdades.

Diderot: «la educación ha de ser para todos y no sólo para los privilegiados, ya que se trata de un bien para la humanidad».
Diderot: «la educación ha de ser para todos y no sólo para los privilegiados, ya que se trata de un bien para la humanidad».
(Foto: Especial)



Era la época de los grandes pensadores como Voltaire (1694-1778), quien formó parte del Círculo Parisino de los Libertinos y fue encarcelado once meses en La Bastilla, uno de los creadores del realismo: ver el mundo como es y no como quisiéramos que fuera, sin recurrir a justificaciones artificiosas. Diderot (1713-1784), a quien se le confió en 1745 la dirección de la Enciclopedia, o Diccionario razonado de las ciencias, de las artes y de los oficios al cuidado de una sociedad de hombres de cultura. Helvetius (1715-1771), quien sostuvo que el hombre genial no es más que el producto de las circunstancias en que ha llegado a encontrarse, y entonces todo el arte pedagógico consiste en poner a los sujetos en un conjunto de circunstancias idóneas para desarrollar el intelecto y la virtud. Condillac (1714-1780), quien plantea que las funciones intelectuales son un reflejo de las sensaciones, de manera que hay que dar importancia a la educación sensorial y activa de la infancia. Y Rousseau, quien critica a la razón cuando se separa de los sentimientos y propone una vuelta al estado natural del niño.

De los pensadores más importantes de esa época, es Diderot quien se coloca a la izquierda, planteando que la educación ha de ser para todos y no sólo para los privilegiados, ya que se trata de un bien para la humanidad y uno de los presupuestos para la mayor difusión de las luces de la razón. Veía en la educación una manera de librar a la sociedad no sólo de la ignorancia, sino de la explotación. “Es más difícil explotar a un campesino que sabe leer que a un campesino analfabeto”, afirmaba. La iluminación de la conciencia pasa necesariamente por la escuela y por la democratización de ésta. El derecho a la educación se convierte en uno de los pilares en la lucha por la igualdad de los hombres. De esta manera, el Iluminismo se presenta como el primer gran movimiento ideológico del mundo moderno que se propone hacer progresar a la humanidad mediante la liberación de las tinieblas medievales y de la servidumbre humana.

La palabra “enciclopedia” proviene de dos raíces griegas: kyklos, que da la idea de una esfera y al mismo tiempo de una atadura circular o cíclica, y paideia, que tiene el sentido de formación cultural y de enseñanza a la vez. La Enciclopedia, que empieza a ver la luz en 1751, es un compendio general de los saberes más importantes y relevantes que se tenían hasta la fecha, una exposición de los fundamentos culturales según su orden racional, un intento por difundir sin limitaciones las luces del conocimiento y la razón. Para 1772 se tenían ya 28 volúmenes. Rousseau colaboró con algunos textos sobre música. Luis XV decretó su prohibición porque de inmediato se dio cuenta de que las ideas sin control cuestionan de raíz el estado de cosas imperante. En efecto, la Enciclopedia se convertía en el polo ideológico que la burguesía estaba necesitando para construirse una identidad de clase y como arma teórica.

Fue en este contexto que Rousseau elabora y da a conocer su teoría sobre el origen de la desigualdad entre los hombres y la educación del niño. El pensador francés habla del “estado de naturaleza”, una especie de paraíso mítico terrenal donde el hombre no había sido contaminado todavía por la influencia negativa de la civilización. No se trata, por su puesto, de una fase de completo salvajismo y barbarie, sino de un estado en que el hombre es feliz porque puede dar libre expresión a su naturaleza sencilla.

El niño existe, por otro lado, como un ser sustancialmente distinto del adulto y sujeto a sus propias leyes de evolución. La infancia no es una etapa única, homogénea, sino un conjunto de estados sucesivos que progresivamente conducen a la condición de adulto. Si pretendemos educar al niño, nos dice Rousseau desde el esplendor del siglo XVIII, antes tenemos que conocer su naturaleza. El adulto se empeña en buscar modelos artificiales, cuando la naturaleza es para el niño el maestro más idóneo y el modelo más adecuado. El término “naturaleza” designa en Rousseau no sólo el medio ambiente, sino la esencia de lo que el niño es, sus características, las bases de su persona.

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