Rafael Mendoza Castillo
Opinión
Pactos, ¿para qué?
Lunes 9 de Mayo de 2016
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Los dueños del pacto viven en la opulencia y la mayoría del pueblo sobrevive en la pobreza y la esclavitud.
Los dueños del pacto viven en la opulencia y la mayoría del pueblo sobrevive en la pobreza y la esclavitud.
(Foto: Cuartoscuro)

En principio diremos que un pacto es un concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo estipulado. Pactar es acordar algo entre dos o más personas o entidades, obligándose mutuamente a su observancia. Como se aprecia, el pacto siempre persigue algo. Importante es preguntarse por ese algo que quieren los que pactan. Esto es claro en el caso del sistema político mexicano, donde las mafias, los grupos financieros y los grupos de la economía criminal se han colocado en el centro de dicho sistema.

En los últimos días hemos escuchado que la cúpula de la Iglesia católica desea que el gobierno peñanietista pacte con el narco. En Acapulco escuchamos a los dirigentes del comercio su deseo de pactar con la delincuencia organizada. Ya vimos que la partidocracia hizo su propio Pacto por México. Surge una pregunta, ¿todo pacto vale lo mismo? Por eso vale la pregunta del título de este escrito: ¿ para qué los pactos? Ningún pacto es neutral, las partes quieren algo. Ese algo puede ser privado o público. Hablaremos de estos últimos.

El prianismo en el poder siempre ha pactado con algunos grupos de la delincuencia organizada y del narcotráfico, siempre lo hacen por el bien de la gobernabilidad o por el bien de México. Con este manto o recurso ideológico enmascaran sus intereses privados. Recordemos el Pacto por México. Con ese nombre llevaron a cabo las reformas estructurales, petrolera, eléctrica, educativa, que en fondo privatizan lo que era público, siempre en nombre de México.

La oligarquía, la clase política y los poderes fácticos pactan hasta con el Diablo con tal de mantenerse en el poder de dominación. Así, hacen pactos de libre comercio con la intención de someter el patrimonio público de la nación a los intereses extranjeros. Las instituciones del Estado se subordinan a las reglas que fija la acumulación de capital. El pacto con el pueblo solamente es formal, en el discurso, la ley o la Constitución. La impunidad y la corrupción son las reglas que impiden el pacto con el pueblo. Se usan los pactos para golpear y explotar a la población.

Se hacen pactos para transitar a la democracia, se crean instituciones electorales para fortalecer el ejercicio democrático, pero esas instituciones se ponen al servicio del fraude, de la compra de votos. Al final del día todo queda al servicio del poder de dominación, del orden de la oligarquía, es decir, del capital. ¿Quiénes son los pactantes? Pactan los poderosos, los dueños del dinero y el ausente siempre es la voluntad popular. Los dueños del pacto viven en la opulencia y la mayoría del pueblo sobrevive en la pobreza y la esclavitud.

El pacto se inscribe en una relación de poder, en una relación social o forma social, donde se enfrentan voluntades. Unas que quieren esclavizar y explotar a otras y otras que desean emanciparse, liberarse. El problema está en que el pueblo delegó su voluntad en una representación que hoy se siente que es la fuente del poder. El poder se le escapó a los representados o soberanos. Hay que recuperarlo de nuevo. El pacto de la Revolución Mexicana ha sido traicionado por la oligarquía financiera nacional y extranjera.

Los pactos actuales son desiguales. Los autores del mismo son los oligarcas y los poderes fácticos. El pacto ha sido siempre con los de arriba, los de abajo son ausentes o invitados de piedra. En el pacto constitucional, donde se inscriben los principios y fundamentos éticos, morales y cívicos, se afirma que la soberanía reside en el pueblo y que éste puede modificar su forma de gobierno. Esto es un principio formal pero en la realidad no se respeta. La oligarquía y su clase política continúan comprando el voto, cometiendo fraude e impunidad.

El pacto que el actual gobierno y la oligarquía le están imponiendo al pueblo se hace con el consenso de las corporaciones económicas extranjeras, desde la OCDE hasta el BM, FMI y el BID. Desde estos espacios hegemónicos se dictan las condiciones del pacto, siempre con ventaja para dichos organismos y en detrimento del interés de México o de los mexicanos.
Para que el gobierno mexicano cumpla con las condiciones desventajosas que contiene el pacto, contra el pueblo, se inventan mecanismos mediadores como desregular leyes, reducción del gasto público, privatizaciones, fuerzas militares y policiacas en la calle, representaciones ideológicas como Mover México, criminalizar las protestas y la resistencia, democracia representativa, elecciones, etcétera. Pero el pacto oculta la verdadera contradicción, que es la acumulación infinita del capital en pocos. Este es el fondo de los pactos neoliberales, esta es la regla que define al sistema-mundo capitalista o neoliberal.
En este momento, en esta circunstancia, el pacto que defienden los oligarcas nacionales y extranjeros se inscribe en la defensa de las reglas del control monopólico privado y las mafias de la economía criminal impulsadas por los procesos de globalización o mundialización del capital. El consenso de ese pacto se orienta hacia el robo, la depredación, el despojo, el fraude y la violencia. Como bien afirma Carlos Fazio, “México vive un estado de excepción no declarado”.

Recordemos el pacto social que surgió a partir de la Revolución mexicana, que se plasmó en la Constitución de 1917 ( ha sufrido 642 reformas ), donde los principios que lo sustentaron, que lo fundamentaron, eran incluyentes de las necesidades, aspiraciones que reclamaba la voluntad popular, desde el sufragio efectivo, los derechos de los trabajadores, la tierra para los campesinos y los pueblos originarios, educación nacional, la desaparición de la servidumbre, la nación como dueña de su patrimonio, etcétera. Ese pacto social ya no existe, fue sustituido por la reglas de la acumulación del capital, que algunos científicos de lo social llaman “acumulación por desposesión” o despojo (mercantilización y privatización de territorios).
Ante la crisis del pacto neoliberal del despojo urge la constitución de un pacto social con los excluidos, los explotados, los maginados, los criminalizados en sus cuerpos y pensamiento crítico (biopolítica y psicopolítica), fundado en un programa de reivindicaciones comunes, espacio social éste, donde quepan todos los que deseamos una comunidad que privilegie lo solidario, la dignidad y anule el individualismo, el egoísmo, narcisismo. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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