Jerjes Aguirre Avellaneda
Candidatos: entre lo pequeño y lo grande
Viernes 4 de Mayo de 2018
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Desde el primer debate público entre candidatos a la Presidencia de la República, hasta los días que transcurren, ha sido evidente la pobreza de las ideas y propuestas presentadas a los ciudadanos, así como la intensificación de los ataques contra López Obrador, tratando de descalificarlo como Candidato y de provocar dudas y desconfianza en su proyecto y en su propia persona, con la intención de hacerlo aparecer nuevamente como el gran peligro para México.

En contra de López Obrador se pronuncian los candidatos, dirigentes de partidos y organizaciones, funcionarios públicos, empresarios, comunicadores, artistas e intelectuales, saturando el ambiente político con señalamientos y acusaciones, que por su misma intensidad, pareciera que en lugar de miedo, están provocando el mayor interés por un personaje al que se hostiliza tanto. De hecho las campañas sugieren que el objetivo deliberado, consiste en impedir a toda costa el triunfo del adversario López Obrador.

En contra de López Obrador se pronuncian los candidatos, dirigentes de partidos y organizaciones, funcionarios públicos, empresarios, comunicadores, artistas e intelectuales, saturando el ambiente político con señalamientos y acusaciones
En contra de López Obrador se pronuncian los candidatos, dirigentes de partidos y organizaciones, funcionarios públicos, empresarios, comunicadores, artistas e intelectuales, saturando el ambiente político con señalamientos y acusaciones
(Foto: Cuartoscuro)



Sin embargo, respecto a los debates, no son guerras o peleas donde haya forzosamente un ganador y un perdedor, puesto que en todo caso, los únicos ganadores tendrían que ser los ciudadanos, por lo que pueden conocer de la confrontación de ideas y propuestas, para elevar su conciencia política y acercarse a la aspiración del voto razonado. En la realidad vivida, habría que preguntarse, ¿hasta dónde el primer debate entre candidatos a la Presidencia reflejó la realidad del país y las aspiraciones ciudadanas, elevando su interés por participar en un proceso que culminará en la jornada de las votaciones? ¿Cuándo deciden ellos a quién entregar el mando y a quien regalárselo?

La experiencia del debate pasado, indica que más que ideas y diseños de futuros, se trató de una oportunidad publicitaria y de los intentos para “tumbar al puntero” en las preferencias electorales, “echándole montón a López Obrador”. En consecuencia, más que ganadores y perdedores en el llamado debate, fueron las características personales mostradas en la discusión, las que mayormente llamaron la atención. Toño Meade ratificando su condición del no compromiso, al que le da lo mismo servir a unos y a otros, como tecnócrata consumado, al que importan sólo las cifras estadísticas y los controles hacendarios. En su turno el panista Anaya, revelándose como auténtico publicista protagónico, que recuerda al personaje de la plaza señalando el “atrás de la raya que estoy trabajando”, seguido de El Bronco mañoso y provocador, de Margarita destacando las formas sobre los contenidos y, López Obrador, apelando a la convicción y los principios.

Más adelante, el pasado 28 de abril, el mismo Presidente Peña Nieto, en la Reunión Plenaria de Consejeros de Citibanamex, indebidamente hubo que sumarse a la campaña contra AMLO, bajo el formato de defensa de las reformas estructurales y combate al populismo, suponiendo que la objetividad y la crítica están del lado del gobierno y no de los ciudadanos. “Se trata, dijo el Presidente, de escuchar, evaluar y ponderar en su justa dimensión y con juicio objetivo y crítico, las plataformas y propuestas que cada candidato o candidata tenga, su viabilidad, y lo que habrá de depararle al país a partir de la instrumentación de las propuestas”.

No obstante, para lograr objetividad en el análisis y la formación de actitudes críticas, se necesita mucho más que retórica. ¿De dónde sacar a los ciudadanos objetivos y críticos? No debe olvidarse que el sistema político mexicano, conspiró y abandonó la educación política de los ciudadanos, hasta despojarlos de una estructura de pensamiento, que permitiera el análisis objetivo de las circunstancias en que vive el país y los mexicanos. Nadie, ni el gobierno a través de la educación pública, ni los partidos políticos ni las organizaciones de distinto tipo mostraron interés para formar ciudadanos con sentido de la historia, suficiente para la construcción de una coherente voluntad nacional de futuro.

El resultado del abono y despolitización ciudadana, ha sido y es, un ciudadano vacío de recursos conceptuales para protegerse de la publicidad política, que apela a las emociones para la obtención de preferencias electorales. Inesperadamente, a fuerza de repeticiones, la mercantilización de la política y la democracia, en sus diferentes expresiones, en particular las electorales, terminaron por provocar hartazgo ciudadano y el surgimiento de actitudes colectivas, contrarias al mismo sistema que tenía el encargo de evitarlos. Predominó el sentido común en el comportamiento colectivo.

La democracia de los medios y el uso abundante de recursos de distinto tipo, están orientados al acondicionamiento del ciudadano para que vote por las apariencias en lugar de atenerse a la lógica de los hechos y tendencias. La dinámica perversa de la política, parece haber consumado su ciclo, en tanto perdió credibilidad racional y capacidad para emocionar a sus principales protagonistas. La necesidad y exigencias de cambio profundo son inevitables.

El problema ahora, ya no es la necesidad de cambiar, sino del tipo de cambio que debe promoverse y, más concretamente, que permita contestar las preguntas, ¿cambió para qué y para quién? Antes las alternativas eran visibles y podían identificarse con claridad, puesto que se trataba de la derecha y de la izquierda. A la derecha estaba el PAN y sus candidatos, a la izquierda el PRD y al centro el PRI. Actualmente nada de eso funciona, por aquello de las alianzas y los frentes, que en su mezcla, ha hecho perder rumbos, racionalidad y sentido común a la política.

Por otra parte, conviene destacar que en estos días de campaña, han logrado precisarse las opiniones políticas para los ciudadanos y para México, colocándose de una parte, la continuidad de “mover a México” mediante las “reformas estructurales”, que consuman el modelo neo-liberal iniciado en los años setentas del siglo pasado, enteramente compatible con la otra propuesta de Anaya, aparentemente distinta, pero en esencia igual, que busca perfeccionar el modelo con la visión norteamericana, del “modo de vida americano”, de Atlanta, perdiendo identidad nacional y asumiendo los riesgos para la independencia y la soberanía de México. Nunca como ahora, los modelos de vida extranjeros, habían predominado en un candidato a la Presidencia de México. Esa sí, es una amenaza superlativa por la catástrofe que podría estar anunciando.

La otra opción es la que enaltece a Morelos, Juárez y Lázaro Cárdenas, proponiendo la reconstrucción del país, corrigiendo rumbos nacionales para el desarrollo y la prosperidad, hasta terminar con la desigualdad y la pobreza, compartiendo oportunidades y practicando una democracia como forma de vida. Los problemas urgentes de inseguridad y violencia constituyen los efectos de causas profundas, materiales y morales, que es imperativo eliminar, igual que la corrupción derivada de la desigual distribución de la riqueza y el ingreso.

Todavía faltan cerca de dos meses de campañas electorales, como tiempo suficiente para que candidatos y ciudadanos cumplan con lo que la historia patria espera de ellos. Y ahora: ¿Qué es eso del populismo?

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