Aquiles Gaitán
El tañer de la campana
Martes 10 de Mayo de 2016
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Siempre me he preguntado por el significado del precio, más aún cuando lees a Carlos Marx, sobre el tema, en su estudio precisamente titulado Salario, precio y ganancia, pero me sigo preguntando sobre el precio, sobre todo el de la conciencia.
¿La conciencia tiene precio?, ¿se vende la conciencia? La respuesta es ambivalente, sí y no. Se vende cuando un hombre se hace cómplice, claudica, acepta prebendas, dádivas, a cambio de su complicidad o de su silencio. No se vende cuando existe la coherencia entre el pensar, el decir y el hacer o cuando no se tiene ninguna necesidad de hacerlo.

Los mártires, los héroes verdaderos, los genios auténticos, se aferran a su conciencia, a sus ideales, a sus firmes propósitos; hoy, en recuerdo de uno de estos hombres elevaré una hoguera inmensa para quemar en ella a todos los traidores sin que se llamen mártires, hablo de un hombre, Miguel Hidalgo, y hablo de un traidor, Ignacio Allende.

os mártires, los héroes verdaderos, los genios auténticos, se aferran a su conciencia, a sus ideales, a sus firmes propósitos
os mártires, los héroes verdaderos, los genios auténticos, se aferran a su conciencia, a sus ideales, a sus firmes propósitos
(Foto: Héctor Sánchez)

El 8 de mayo se celebra con intimidad ideológica el natalicio de Miguel Hidalgo, particularmente por los nicolaitas que se identifican con sus ideales de libertad, con su coherencia y su valor por repicar la campana de Dolores convocando a un pueblo a la lucha armada por la Independencia, contra la explotación, la opresión, los tributos, la esclavitud y el mal gobierno de la oligarquía en el poder desde la Conquista.

Una estrella fugaz cruzó el firmamento de la patria y su intensa luz iluminó las conciencias; como las estrellas fugaces, Hidalgo tuvo un corto tiempo para atravesar la bóveda celeste, de Dolores a Chihuahua. Del 16 de septiembre de 1810 al 30 de julio de 1811 fueron días suficientes para que hoy su ejemplo y enseñanza de hombre genial sean recordados con veneración y reconocimiento pleno. Cuando pienso en la batalla del Puente Calderón, en Guadalajara, imagino a Hidalgo, indignado, cargando con una derrota que él no propició; en una batalla militar los cañones hablan y la puntería define, la táctica y la contingencia, la fortuna de ganar como en un golpe de dados; un hecho fortuito inclina la balanza.

El capitán de los Dragones de la Reina, el desertor del ejército, el mismo que traicionó a los suyos traicionó a Hidalgo y lo hizo prisionero. ¿Por qué no lo mató?, ¿por qué lo llevó encadenado hasta las norias de Baján? El encadenado tenía ideales, el traicionero tenía intereses. Con Hidalgo la patria se define, es el sentimiento de colectividad, de dignidad, de libertad, de existencia propia que define el encuentro del hombre y sus ideales.

Ante una gesta como la de Hidalgo no se puede hablar de inspiración divina, el que fue ministro del culto concibió la naturaleza y a los hombres en el mundo terrenal, tal vez creada por un Dios del que nunca renegó, pero en su exacta dimensión de la explotación del hombre por el hombre que todavía, al paso de los siglos, sigue siendo la misma gata nomás que revolcada.

Utilizando las palabras de la oración cristiana puedo decir Hidalgo, “padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre”, pero Hidalgo, si está en el Infierno o en el Cielo poco importa, o si su nombre es santificado importa menos, Hidalgo es el héroe de la patria por antonomasia, el que apostó su vida y la perdió por la traición de Allende, tal vez la hubiera perdido en otra batalla, o tal vez la historia hubiera sido otra, pero es la historia y ésta tiene una verdad incuestionable que solamente se explica racionalmente. Nadie puede hablar de que lo sobrenatural haya inspirado al hombre, el hombre interpretó su circunstancia, entendió un mundo diferente y se fue tras sus ideales sin voltear a atrás por el camino revolucionario.
Allende, en su ambición, traiciona, y desde entonces huye con su pírrica victoria del tiempo y de la historia.

Desde aquel entonces la realidad de la patria se ha transformado radicalmente, pero también ridículamente. Diríamos, como El Cínico, “nada de lo que es humano nos es ajeno”, y aquí se comprende lo alto, lo bajo y la bajeza de los seres humanos de esta porción de cielo, de mar y de tierra llamada México, esa que fue invadida y mutilada, vendida por otro traidor de la patria disfrazado de héroe, el que enterró su pierna mutilada con pomposas honras fúnebres; ese pues, el de esta misma patria hoy concesionada al mejor postor en este mercado global de duraznos, manzanas, chiles, jitomates, petróleo, minas,
petroquímica, perforaciones, telecomunicación, carreteras, ferrocarriles, etcétera. Pero el país es una cosa, el Estado, otra; el gobierno, otra, y la patria, otra. Hidalgo es padre de la patria, de las aspiraciones de un pueblo, de sus ideales, de los sueños comunes y el anhelo de realizarlos. Gobiernos van y gobiernos vienen y hoy todos quieren hacer del gobierno una gran empresa, esquema que se replica hasta en los municipios que quieren privatizar el cobro de los impuestos, el alumbrado público, el agua, la basura y todo cuanto se pueda y sea negocio ¿para quién? El viejo concepto de nacionalismo revolucionario ya no se escucha, los campesinos están desdibujados, los obreros, desorganizados, las clases medias son clases calcetines, el proletariado crece y crece y crece hasta llegar a las cifras de espanto de los millones de pobres y miserables frente a las minorías enriquecidas desmesuradamente legal o ilegalmente, agregue usted a los saqueadores del estado, al gasto irresponsable, al endeudamiento escandaloso y tendremos la imagen idílica del cuerno de la abundancia, vacío.

Este país no es la patria que soñó Hidalgo ni la que soñamos todos los que creímos en el reparto justo y equitativo de la riqueza, los que queremos que nos gobierne gente honesta, los que queremos que exista justicia y las leyes sean justas, los que queremos una libertad asegurada por una educación real, por una salud efectiva, por una sociedad con oportunidades para todos los que con su esfuerzo las aprovechen con dignidad.

¡Pobre patria mía! Cuando su destino se juega en el albur electoral de los partidos políticos en manos de grupúsculos de oligarquías cimarronas que se reparten los pedazos de pastel según sea el tamaño de la tribu, poco importan su talento o sus ideales, importa la recomendación de los Carleones, de la mano que mece la cuna, del que pone el dinero de las campañas, porque finalmente todos lucran, crean alianzas del agua y el aceite, apoyan lo que haya que apoyar en aras de una gobernanza que, según ellos, nos beneficie a todos.

Los mansos, los acomodaticios, los deshonestos, los serviles, los que tienen goznes en la espalda, los profesionales de la genuflexión, los zalameros, los aduladores, los charlatanes, ¿formarán en los partidos?, ¿formarán en los gobiernos?, ¿dónde, dónde andarán?

Hidalgo es el faro que guía los destinos de la patria, debemos levantar la vista para ver su luz, para retomar una y otra vez sus ideales de independencia y libertad desde lo más profundo de nuestro pueblo, cuidando los oficios ancestrales que nos dan identidad, cuidando la tierra y sus cultivos, el agua y los recursos naturales, la salud y la educación esa que nos hará libres, la que nos dará los ideales para vivir una vida con dignidad, que soñemos con la riqueza pero también con la cultura, que busquemos el amor con la pasión con que se busca la eterna juventud, que busquemos la libertad, la independencia y la justicia con el puño en alto escuchando el tañer de la campana de Dolores.

Postdata: ¡Nicolaitas!, Hidalgo no se vende ni vendió su conciencia.

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