Jerjes Aguirre Avellaneda
Campañas Electorales
Lo viejo y lo nuevo en la democracia mexicana
Viernes 18 de Mayo de 2018
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Existe amplia coincidencia, respecto a que las elecciones de este año definirán el rumbo del país en el corto, mediano y largo plazo. Las circunstancias internacionales, en particular las amenazantes relaciones con Estados Unidos, junto a los grandes problemas nacionales sin resolver, provocando la pérdida de la credibilidad en la política y grandes dudas sobre la viabilidad de la democracia, representan factores relevantes de una crisis profunda, que tienen sus expresiones características en el proceso electoral en curso.

Los cambios demográficos en el país han contribuido a la generación de cambios fundamentales en las actitudes y conductas políticas de los ciudadanos. Las sucesiones generacionales y la urbanización cambiaron las identidades, los valores y las preferencias políticas. El voto rural fue sustituido por el voto urbano. El voto adulto, del último cuarto del siglo XX, cedió su lugar al voto joven y al voto femenino de la actual centuria.

La escolaridad y el entorno económico, social y cultural transformaron las lealtades partidistas, y el pragmatismo adquirió relevancia sobre los principios y la ideología. Las visiones hacia el interior fueron también sustituidas paulatinamente por las visiones hacia el exterior, impuestas por la globalización del mercado. El pasado y sus grandes personajes, comenzaron a desaparecer ante la presencia de los grandes negocios y los ricos empresarios.

Las generaciones del siglo XX, formadas en ambientes, ideas y propósitos definidos, desaparecieron o están en franca extinción. Hoy son otros los contextos en los que se forman las generaciones, sus expectativas y modos de actuar. La política y las formas de su ejercicio se han transformado radicalmente, sin que con frecuencia se tenga conciencia de ello.

Por su parte, los jóvenes, que representan más de la tercera parte del patrón electoral, y las mujeres, con más de la mitad, decidirán los resultados de las elecciones venideras. En el caso específico de los jóvenes, corresponde a las generaciones de los años 90 del siglo pasado, influidos y formados en los cambios del país y de su vinculación con los grandes procesos del mundo globalizado.

Lo que vivieron estas generaciones fue la instauración del mundo neo-liberal, con las prácticas, valores y creencias que son sus causas y resultados. En el campo y la ciudad, en el sistema educativo, en la comprensión de la historia, en los gustos y motivaciones, en las formas de hacer política, en la valoración misma de la vida, los cambios fueron dramáticos.

Del patriotismo, nacionalismo, ideologías, principios, simplemente dejó de hablarse, y en su lugar fue colocado un brutal pragmatismo. ¿Pragmatismo para qué y en beneficio de quién? Evidentemente para cumplir con objetivos y metas estrictamente individuales, identificadas y medidas en pesos y centavos. Hoy tendría que hablarse de las generaciones del mercado y de la jungla, con el predominio del sálvese quien pueda.

A pesar de todo, al menos, tendría que reconocerse que la democracia electoral en México ha tenido, sin proponérselo, consecuencias en la educación política de los ciudadanos. Les ha enseñado el significado de los que se llamaron revolucionarios y contrarrevolucionarios, de políticos de derecha, izquierda y centro, a través de su actuación en gobiernos del PRI, del PAN y del PRD. También, han aprendido que uno es el vocabulario de los candidatos y otros son los hechos de los gobernantes. Han aprendido las diferencias entre el poder formal, cada vez más reducido a la administración pública y el poder real del dinero, de los inversionistas, de los empresarios.

En síntesis, uno es el poder político y otro el poder económico. El gobierno que facilita los negocios y el poder económico que decide, así de sencillo. Pero los ciudadanos también aprendieron el valor de su voto y la importancia de su defensa. Asimismo han aprendido mucho sobre el papel de los medios masivos de comunicación, los comunicadores y las finalidades manipuladoras de la publicidad. Han conocido la “guerra sucia” entre candidatos y partidos, de la mentira y el escándalo, inclusive de las intrigas fabulosas. Es por tanto evidente, que los ciudadanos del presente son distintos y es absolutamente inútil continuar tratándolos con las mismas prácticas de hace 50 años.

Los ciudadanos se dejaron tantas veces engañar, que ahora ya no creen en las repeticiones, en las mismas mentiras de antes. Por su parte, los políticos son tan pocos creativos, que se vuelven repetitivos y falsos. Los miedos del pasado generaron valor y determinación de los ciudadanos, al grado de que ahora, los que parecen tener miedo de los ciudadanos, son el gobierno y los políticos.

Dos mundos contrapuestos han aparecido, distintos, alejados, sin vínculos efectivos que son de una parte, el mundo de los ciudadanos y de otra, el mundo de los políticos. No piensan igual y sienten igual porque son distintos. Los ciudadanos saben lo que se debe cambiar y saben del tipo de cambios que se necesitan. Los políticos en general los ignoran, concentrándose en la propaganda en contra de lo que sea, real o ficticio, con intensidad y saturación, hasta lastimar los sentidos y anular la razón, provocando ahora efectos contrarios a los esperados.

En tiempos de crisis es imprescindible pensar en nuevas formas y nuevos contenidos de la democracia. Los nuevos problemas de la democracia hacen inviables las viejas soluciones. No se trata de que los políticos sean “buenos” o “malos”, de que los partidos sean grandes devoradores de financiamientos públicos, sin ningún beneficio para la sociedad y de que los gobernantes se caractericen frecuentemente como mentirosos y corruptos, sino de entender que el desprestigio está vinculado con el funcionamiento del conjunto del sistema político mexicano, más allá incluso de lo electoral y que, por lo mismo, desde ahora, tendría que adelantarse con el ánimo de elevar la calidad de la democracia electoral, que tan intensamente se está viviendo este año.

En las condiciones actuales, los ciudadanos esperan cambios de fondo en la estructura y el funcionamiento de la República, para restablecer los equilibrios sociales perdidos y otorgar rumbo al desarrollo del país. Ello supone abordar en el debate y en la propuesta, temas como el relativo a los modelos de desarrollo, que por fortuna ya no implican necesariamente el involucramiento ideológico y el “tomar partido” en una inexistente “guerra fría”.

En esta estas elecciones definitorias tendrá que votarse por los candidatos en su propio significado, si bien el factor fundamenta será la confianza en la inteligencia de los mismos ciudadanos.

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