Alma Gloria Chávez
Opinión
El maque y su decoración
Jueves 24 de Mayo de 2018
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“El maqueado es una técnica Mesoamericana que consiste en el recubrimiento de la superficie de un objeto con fines utilitarios, en principio, aunque con el tiempo su uso devino en decorativos, ornamentales y aún, artísticos”, citan los autores del libro que fue presentado el 18 de mayo.

Es un libro escrito a tres manos; concebido por tres personajes que tienen en común (además de lazos fraternos) un acendrado interés y afecto por la técnica del “maque decorado perfilado en oro y coloreado al óleo” que ha dado fama, desde centurias atrás, a la primera ciudad del antiguo Mechoacan: Pátzcuaro, la ciudad colonial fundada por Vasco de Quiroga.

Mauro, Gilberto y Alfonso Huanosta Tera, oriundos de este lugar, realizando su mejor esfuerzo nos entregan hoy esta obra de propósitos didácticos, pero que ante todo busca contribuir a detener la pérdida de calidad en el arte de la decoración del maque michoacano perfilado en oro, resultado de una vinculación entre técnicas precolombina y colonial.

Dedican sus textos “a la memoria del Maestro José Efrén Salvador Solchaga González. Quijote que rescató a la bella”, dando inicio con una invitación a recorrer y reconocer esa historia que rodea al maque mexicano; que habla de la fuerte relación que existía entre los antiguos moradores de estos territorios y los recursos abundantes y generosos existentes en el entorno. Una historia tan antigua, como también ignorada entre buena parte de las actuales generaciones, siendo, por lo mismo, urgente de recuperar.

En ese recuento histórico, nos remiten a los orígenes de esos objetos sagrados, exclusivos (como aseguran algunos estudiosos) para ofrendar a las deidades, elaborados con jícaras obtenidas de los guajes, bules o calabazas, que los “Urani Atari” (Oficial de jícaras) p’urhépecha bruñían o maqueaban de un solo tono, para, posteriormente, raspar el diseño elegido e incrustar o “embutir” una diferente tonalidad. Y se refieren a la ciudad de Uruapan como la cuna de este arte precolombino, como han destacado estudios especializados.

Al no tenerse información del nombre que los antiguos americanos utilizaron para nombrar la técnica del recubrimiento de jícaras mediante pigmentos naturales, los hermanos Huanosta, como la mayoría de quienes practican este arte, utilizan la palabra “maque” que deriva del persa Lak, siendo su equivalente en árabe el vocablo Summak, que significa encarnado, aludiendo al fruto del que ese pueblo extrae la resina para laquear; y esta palabra, ya castellanizada, se transformó en “zumaque”, acortándose al término “maque”.

En los dos capítulos siguientes del libro que nos ocupa, los autores detallan la técnica del maque y su decorado por incrustación, paso a paso: citan los elementos necesarios para preparar los pigmentos, la selección de la pieza, la elección del tema decorativo, los pasos o etapas que va requiriendo la buena aplicación del maque y la fase terminal, que puede llegar en un tiempo que no puede ser determinado por el artesano.

Y es en el cuarto y último capítulo, donde entran de lleno a lo que actualmente se reconoce como un arte distintivo de la ciudad de Pátzcuaro: el decorado por perfilado en oro y coloreado al óleo, de clara influencia europea.

Alfonso es quien destaca la labor desarrollada en este lugar por el maestro Salvador Solchaga González, quien a partir de la década de los años 30 y hasta mediados de los 60, dedicó muchos de sus afanes y conocimientos artísticos a la formación de jóvenes interesados en aprender una técnica de decorado sobre objetos maqueados, que para entonces se encontraba en riesgo de desaparecer, seguramente por la depresión económica y social que siguió a la segunda guerra mundial y de la que nuestro país no escapó.

El período cardenista vino entonces a propiciar la recuperación y el auge de movimientos culturales educativos, artísticos y artesanales surgidos de la propia sociedad, por lo que no tenemos duda de la importancia que personajes como don José Efrén Salvador Solchaga González adquirieron en esa época y en la región.

Sabemos que el maestro Solchaga tuvo estudios en algún seminario (como se acostumbraba en aquella época) y una formación académica-artística en la Escuela de San Carlos, en la ciudad de México; recordando, por ejemplo, que fue inspector de Monumentos en el lugar, asignado por el naciente Instituto Nacional de Antropología e Historia y participó activamente en la fundación de nuestro Museo de Artes e Industrias Populares, así como en la adquisición de objetos y obra de importancia para iniciar el acervo museístico, privilegiando, obviamente, lo realizado por manos michoacanas.

Fue en su Escuela-Taller, que tuvo como primera sede la casa de su propiedad, ubicada en la calle de Ahumada No. 46, el lugar donde el maestro Salvador Solchaga recibió a varios jóvenes de Pátzcuaro como aprendices de la técnica del decorado por perfilado en laminilla de oro y coloreado al óleo, dando continuidad a la línea trazada por artistas del siglo XVIII, pero alentando a sus jóvenes alumnos a integrar en la decoración, elementos mexicanos y locales.

Desgraciadamente, no se cuenta con un registro exacto de todos los estudiantes que acudieron a recibir clases y orientación práctica en los talleres del maestro; sin embargo, Alfonso Huanosta, quien fuera uno de sus últimos alumnos, ofrece un listado de algunos de ellos, así como de las pocas alumnas que recibimos de él, sobre todo, orientación en las artes plásticas.

Cabe detallar que para ser alumno del maestro Solchaga, se debían practicar, con rigurosidad, el dibujo a lápiz, la pintura al óleo, la acuarela o al pastel… y muchísima paciencia. En cuanto a él, sabíamos que practicaba la escultura en cera, la plumaria y el grabado sobre madera, además de conocer la técnica de la escultura en pasta de caña de maíz, que practicó, sobre todo, en trabajos restaurativos de imágenes como la Virgen de la Salud de esta ciudad.

Los hermanos Huanosta Tera, sin duda con la influencia de su hermano Alfonso, se han esforzado por continuar con la buena práctica de las dos técnicas vinculadas: el maqueado y el decorado por perfilado en oro coloreado al óleo, siguiendo las orientaciones de quien fue maestro riguroso. La buena selección de las piezas, la mejor materia prima, la elegancia en el diseño y lo armónico de la composición, siempre darán como resultado un equilibrio estético agradable a la vista y una auténtica satisfacción a quien lo obtiene.

Este libro es una invitación a la recuperación de un tratamiento pictórico que respete la calidad en la decoración del maque para que continúe siendo orgullo identitario y patrimonial de nuestra ciudad, como desean esperanzados, Mauro, Gilberto y Alfonso Huanosta Tera, a quienes felicitamos y agradecemos por tan valiosa contribución.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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