Alejandro Vázquez Cárdenas
La salud y los políticos
Miércoles 30 de Mayo de 2018
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Tradicionalmente el ejercicio de la medicina ha tenido el privilegio de contar con lo que podríamos llamar "secreto profesional". Siendo la enfermedad un evento de naturaleza íntima y muy personal, imagino que a nadie le resultaría agradable saber que su historial médico pueda ser ventilado públicamente.

Pero como frecuentemente sucede esta vida, encontramos que casi cualquier cosa que analicemos tiene varias aristas. Resulta que los humanos no vivimos solos, nos movemos e interactuamos en una sociedad con alta movilidad. Por lo tanto lo que hagamos o dejemos de hacer afectará a un determinado grupo de gente. Dentro de esta línea de razonamiento surgió hace algunos años la inquietud para legislar algo que de entrada suena incómodo: conocer al fondo el estado de salud de un político que aspire a mandar en un país. El soporte histórico para esta petición existe. Hay ejemplos de situaciones médicas que afectaron el destino de países al no conocerse el grado de enfermedad de un candidato o un presidente en funciones; recordemos algunos: El cáncer prostático de Mitterrand, diagnosticado en 1981, al inicio de su primer periodo, fue ocultado hasta 1991, cuando estaba a la mitad de su segundo periodo y ya para entonces las condiciones de salud del mandatario eran francamente malas.

Entre otros casos tenemos que en 1982, la muerte del líder soviético Leonid Brezhnev permitió la llegada al poder de Yuri Andropov, quien a sólo tres meses de asumir funciones tuvo que someterse a una operación urológica, pasando en el hospital la mitad de los quince meses que estuvo en el poder. A su muerte en febrero de 1984, le sucedería Konstantin Chernenko quien fue electo a pesar del consejo médico, y duraría en el cargo sólo un año y un mes, permitiendo el arribo al poder de Mijaíl Gorbachov, con las consecuencias históricas que ya conocemos.

En Latinoamérica está el caso del ecuatoriano Abdalá Bucaram, apodado El Loco, depuesto en febrero de 1997 de la Presidencia que había asumido apenas seis meses antes, por una resolución del Congreso de su país que lo declaró "incapacitado mentalmente para gobernar" en medio de una grave crisis de gobernabilidad.

Más reciente, julio de 2000, fue el caso del Presidente nicaragüense Arnoldo Alemán, que enfrentó la intención del parlamento de esa nación para examinarlo médicamente y determinar su aptitud mental para gobernar, en medio de constantes denuncias de corrupción y abuso de autoridad.

Analizando el caso de Andrés Manuel López Obrador, actual puntero en las encuestas para la Presidencia de la República, resulta evidente la necesidad de contar con un diagnostico médico completo dados sus antecedentes. Primero, un infarto al miocardio que lo envió a un caro hospital privado, ameritando, entre otras, cosas la colocación de cuando menos un stent coronario. Segundo, los inocultables datos de un trastorno de personalidad de tipo paranoide y narcisista. Tercero, su progresivo deterioro en el lenguaje, su característica habla a pausas es más notoria, la lentitud de su pensamiento (bradipsiquia) es inocultable, le cuesta trabajo hilvanar ideas, en algunas entrevistas se le escucha francamente incoherente lo cual sugiere deterioro neurológico. Cuarto, por si esto fuera poco ahora surge la información de que López está siendo atendido por un neurocirujano especialista en lesiones de columna, el cual quincenalmente lo ve en su domicilio en la CDMX. Aquí surgen dos preguntas, ¿Cómo le hace para pagar una atención médica a domicilio con un medico que viene quincenalmente desde Estados Unidos a su departamento teniendo sólo un ingreso declarado de 50 mil pesos mensuales? Pero eso es lo de menos, lo más importante es saber qué enfermedad tiene, cual es su tratamiento, que medicamentos toma y cuál es su pronóstico.

Por si lo anterior fuera poco se ha filtrado a la prensa algo peor, la noticia que López toma quetiapina por prescripción médica. Y la quetiapina no es cualquier cosa, es un antipsicotico potente, la quetiapina se indica cuando el diagnostico es, por lo barato, un trastorno bipolar, pero lo habitual es que se indique para tratar una esquizofrenia.

Urge también un análisis completo de su perfil psicológico, mismo que debe incluir las circunstancias y condiciones de su niñez y adolescencia; el dato de la muerte de su hermano por un disparo de arma de fuego y la agresión a un compañero de juego que le costó la vida.

López tiene fantasías de éxito ilimitado, creencia de ser especial y único, comportamientos o actitudes arrogantes o soberbias; cumple todos los ítems del DSM IV de un trastorno paranoide de personalidad.

Por todo lo anterior es imperativo que el INE y los votantes sepan cómo está la salud del señor López.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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