Jerjes Aguirre Avellaneda
¿Que Pasa con los Partidos?
¿Podrá transformarse el PRI?
Viernes 13 de Julio de 2018
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Las elecciones del pasado primero de julio, significaron para el PRI una derrota total. No solamente perdió la Presidencia de la República, sino también la mayoría de diputados federales y senadores de la República, las gubernaturas estatales en disputa y la aplastante mayoría de los ayuntamientos. En los hechos, el PRI sufrió una derrota histórica, como resultado de su descomposición orgánica y de su incapacidad para entender y dirigir al México contemporáneo.

Los resultados electorales son la consecuencia de un largo proceso en el que el PRI, fue transformándose paulatinamente, hasta convertirse en un partido distinto y contrapuesto a sus orígenes, a sus ideales y sus compromisos políticos. En su historia, el PRI se traicionó a sí mismo. Primero fue el partido de la unidad de los revolucionarios mexicanos, con un claro compromiso con las reivindicaciones de los obreros y los campesinos, seguido de su transformación en un franco Partido de la Revolución Mexicana, con profundos objetivos de transformación social en beneficio de los trabajadores, hasta finalizar como Partido Revolucionario Institucional, que en los hechos, pudo convertirse exactamente en todo lo contrario a su nombre, ubicándose como partido de la contrarrevolución.

Como producto de sus propias luchas, el país cambió en el curso del siglo pasado y los mexicanos se hicieron más críticos, menos conformistas, menos manipulables, menos resignados, menos fatalistas y comenzaron por exigir más democracia, más participación, más respeto y más libertad. Ahora querían equivocarse ellos y no que otros tomaran a sus espaldas las decisiones que los afectaban. Comenzaron también, a tener conciencia de su propio poder y a no tenerle miedo al gobierno y a los gobernantes.

Frente a todo ello, el PRI permaneció estático, a la zaga del gobierno, actuando como su apéndice, en tanto que las organizaciones obreras, campesinas, políticas y populares independientes, fueron creciendo y extendiéndose en el marco de nuevas condiciones de lucha, hasta que el PRI hubo de perder totalmente su condición de liderazgo.

Como en otras partes del mundo, en México se entregó el poder a los empresarios, a los acaudalados, a los que podían invertir, fundar empresas y crear empleos, de donde fueran y de donde vinieran. Ahora, ellos han detentado el poder real, los que toman decisiones y los que han tenido la responsabilidad de dirigir el desarrollo y el rumbo histórico de México, al margen del PRI, por la debilidad e inutilidad de su fuerza política.

A partir de 4 de marzo de 1992, el PRI renunció a la ideología de la Revolución y adoptó las ideas que lo convirtieron en un partido neo-liberal. Carlos Salinas de Gortari, se preguntó en aquella fecha que “¿Cuál es la ideología que guía al partido y al Gobierno para asegurar su permanencia, sus objetivos históricos y su rica cultura?” La respuesta la proporcionó el mismo Salinas en términos de que, “Hoy la reforma de la revolución da vigencia y relevancia presente al liberalismo social, que garantiza nuestra idea histórica del país.”

En consecuencia, el PRI ya no era el PRI, sino otra organización diferente, con independencia de su fachada y de su nombre. Sus sectores y organizaciones en sus documentos básicos, fueron asumiendo las ideas neo-liberales, la absolutización del individuo con abandono total del sentido comunitario, el pragmatismo que desprecia las ideas, la historia, el futuro y la ética. El PRI se alejó de los ciudadanos y los ciudadanos se alejaron cada vez más del PRI, hasta abandonarlo totalmente, como ocurrió en las últimas elecciones.

¿Podrá transformarse el PRI?
¿Podrá transformarse el PRI?
(Foto: Especial)

Todavía en el año 2000 antes de perder la Presidencia de la República, a favor de su viejo adversario el PAN, en mi libro titulado “El PRI: Entre la Renovación y el Desastre”, escribí que el PRI tenía diez características fundamentales, que necesitaba corregir como condición para sobrevivir. Ellas eran:

1.- Su divorcio de las masas, del pueblo, de la sociedad y la pérdida de su capacidad para actuar como vanguardia de sus luchas.

2.- La incongruencia entre sus principios ideológicos y su práctica cotidiana. Principios irrefutables con prácticas que los contradicen.

3.- Su incapacidad para el ejercicio de la crítica y la autocritica.

4.- La sustitución de los intereses sociales por los intereses de grupo, de élite, que lo condujo al autoritarismo, al “dedazo” y a la cancelación de la democracia interna.

5.- Su conversión en un partido de privilegiados, de los ricos, contrario en los hechos a los intereses populares básicos.

6.- Su pasividad ante la simulación, la corrupción y la impunidad.

7.- Sustitución de sus valores éticos, haciendo prevalecerla apariencia por la realidad, el engaño y la mentira como características de las “mejores” inteligencias, el aprecio de los bienes tangibles sobre el respeto hacia los demás. La sumisión y la obediencia ciega como símbolo de lealtad.

8.- Su incapacidad para leer la realidad y el sentido de los cambios.

9.- Su cerrazón para preparar deliberadamente la sucesión de generaciones, mediante la educación política y la formación de cuadros.

10.- Su extraordinaria limitación para producir y enriquecer la teoría y la ideología política. Las ideas han sido para el PRI una amenaza y no una fortaleza. Había que dejar de pensar y parecer tonto, para ser buen priísta.

Ahora, había que agregar que el PRI perdió las elecciones del año 2000, entregando la Presidencia a esa gran vergüenza de los mexicanos que es el panista Vicente Fox. Pero ni Fox ni Calderón ,tuvieron alguna diferencia con los últimos presidentes priistas, Miguel de la Madrid, Salinas, Zedillo y finalmente Peña Nieto, hermanados en sus convicciones y sus prácticas neo-liberales, que en lugar de solucionar, profundizaron los grandes problemas nacionales, como el insuficiente crecimiento económico, el aumento impresionante de la desigualdad y la pobreza, la corrupción llevada a los extremos, la violencia y la inseguridad, la migración, la pérdida de soberanía y de los ánimos populares para construir una historia digna, entre otros muchos problemas pendientes.

El desencanto y la frustración con el PAN, permitieron que el PRI volviera a ganar la Presidencia en el 2012, sólo para radicalizar los hartazgos ciudadanos y hacerlo merecedor de la más aplastante derrota de todos los tiempos. Tan debilitado se encontraba el PRI en las elecciones pasadas, que no tuvo entre sus militantes a ninguno con méritos suficientes para ser postulado como candidato presidencial, sino que tuvo que acudir a un no militante prestado, para hacerlo su candidato.

Hoy, carece de opciones, o cambia y se transforma o desaparece sin dejar rastro, en un cambio real, profundo, de adeveras y no sólo de maquillaje. ¿Cuáles son sus posibles escenarios?, sin duda que es un tema que merece el análisis riguroso de los priistas que quedan.

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