Rafael Mendoza Castillo
Razones para una nueva política educativa
Lunes 16 de Julio de 2018
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El primero de julio pasado más de 30 millones de mexicanos votaron por un cambio en el país. Dichas voluntades le dijeron no a la corrupción, no a la impunidad, no al Estado simplificado, anti social, no a la reducción del gasto público, no a la desregulación, no a las privatizaciones, no a la oligarquía depredadora, no a las reformas estructurales y no al prianismo partidario. El mensaje fue muy claro.

Coincido con Noam Chomsky cuando afirma que “el poder siempre es ilegítimo, a menos que compruebe lo opuesto”. AMLO y su Movimiento de Regeneración Nacional tinen que comprobar que el poder busca el bien común y está con los de abajo. Por eso el pensamiento crítico debe continuar, esté quien esté en el poder político y sus instituciones. Vendrá un día en que ya no se administren seres humanos, sino solamente cosas.

Ir más allá del primero julio significa organizarnos, desde abajo, con los de abajo, para que se cumple ese sueño del cambio, de un mundo distinto al de capital, del dinero y lo humano sea el centro de todo. Que el poder vuelva a la voluntad popular y que ésta ya no lo delegue. Por eso hay que empezar con las propuestas económicas, sociales, políticas, culturales, tecnológicas, científicas, educativas, en el marco de un nuevo proyecto de nación. Ahora inicio con algunas ideas sobre lo educativo. Veamos.

Toda política educativa es un ejercicio filosófico. Esto último tiene que ver con la búsqueda de un pensamiento crítico fundamental, mismo que incluye principios, a partir de los cuales se deriva lo demás que lo sostiene. Por eso la filosofía se dirige a los principios, no a las derivaciones. Lo anterior permite evitar las confusiones, hacer las distinciones y las determinaciones (límites) conceptuales, categoriales y también dilucidar los intereses que ahí se implican. El que elige se elige, nada es neutral en el mundo histórico –social, construido por los hombres y mujeres. Así, es necesario promover que el constructor del mundo social reoriente los rumbos y abandone su papel de mudo testigo.

El sentido filosófico permitirá examinar, desde el pensamiento crítico, las estructuras, procesos y tendencias de la realidad social vigente. Lo anterior exige el cuestionamiento riguroso de las mediaciones (habitus: percepción, apreciación y acción) y mecanismos entre lo real, lo consciente y la praxis constituyente. De esa manera entenderemos que la praxis se localiza en el fondo de la realidad social y la conciencia. Tanto una como otra, y éstas son incomprensibles sin el proceso constitutivo que les da origen y sin el hombre como agente de su producción.
Con la anterior postura epistémica se supera la de quienes solamente se quedan en las condiciones de posibilidad del conocimiento en el sujeto, o en la práctica o en el objeto. Por eso el mundo es objetual, subjetual y práxico. Es importante cambiar el modo de pensar para comprender, de otro modo, la realidad que ha sido nombrada por el poder de dominación y también comprometernos en la transformación de esta última.

Razones para una nueva política educativa
Razones para una nueva política educativa
(Foto: Especial)

Este es el momento de la verdad, porque nos estamos planteando e imaginando la forma social de sociedad que queremos, la educación deseada y necesitada, la escuela anhelada, el tipo de sujeto que queremos ser y los contenidos que deseamos seleccionar de las ciencias y las artes, con la finalidad de construir un mundo distinto a la lógica criminal del capital.
La política educativa implica la reflexión filosófica, porque nos compromete a transformar este mundo de injusticias y desigualdades, siempre a favor de las clases subalternas, de los marginados, de los olvidados. Pero saber también que al que poder y sus oligarcas les interesa dejar el mundo como está y defender su consenso sobre el mismo. De ahí la idea de que la lucha es política y teórica. No nos engañemos.

Lo anterior nos obliga a buscar referentes, fundamentos, principios, conforme a la razón critica, para justificar el tipo de educación, de cultura y de sociedad que deseamos construir. No podemos, ni debemos elegir una filosofía que promueva el poder de dominación y de explotación del actual orden realmente existente. La filosofía que hemos escogido para pensar lo educativo consiste en apropiarnos de la crítica como la condición de posibilidad de esclarecer y distinguir aquello que libera a los hombres y mujeres, de aquello que les provoca sufrimiento, robo y dominación, esto es, la crítica de lo existente. Por otro lado, fundar nuestro modelo educativo en un proyecto nuevo alternativo de sociedad, que vaya más allá del capital. En esta perspectiva se instalan los reformistas de la educación y los radicales. Veremos.

Construir el sentido de conocimiento para comprender la realidad social, con su orden correspondiente. Entendiendo que el conocimiento es una construcción social y como tal tiene que ver con una relación social de poder. Por último, nos colocamos frente a la realidad, ante el mundo, desde la praxis, como condición constituyente para transformar la realidad que ha sido interpretada y orientada por el actual capitalismo depredador. Aunado a lo anterior, nuestro proyecto de sociedad y de educación se sustentará, como propuesta, no impuesta, en 3 principios.

El primero de ellos tiene la pretensión de alcanzar la liberación de lo público, mismo que sustituye al interés del capital como contenido dominante en la nación burguesa actual. El segundo contempla la liberación del trabajo, de las ataduras económicas, tecnológicas, mediáticas y de las necesidades consumistas. Esto implica el análisis de la contradicción dialéctica entre trabajo y capital, que también se inscribe en los procesos educativos y culturales de nuestro tiempo presente. Por último, está el principio de la liberación humana que pone en movimiento las fuerzas de las aptitudes, las facultades, las capacidades de la conciencia racional crítica y la praxis constitutiva del hombre en general. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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