Jerjes Aguirre Avellaneda
El inicio de una nueva historia
Sábado 21 de Julio de 2018
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El proceso electoral de este año está por concluir, según los tiempos establecidos por las disposiciones legales. En la práctica, existe pleno reconocimiento y toda duda ha sido cancelada, respecto a que el Presidente de la República para el período 2018-2024, legal y legitimo, con el más amplio poder ciudadano, será Andrés Manuel López Obrador. El apoyo de los diferentes sectores de la sociedad mexicana, ha permitido al nuevo Presidente, adoptar desde ahora, decisiones y acciones reveladoras de las características que tendrá el gobierno de López Obrador, en formas, contenidos, estilos, lenguaje, creatividad y voluntad de cambio, reveladoras de que en efecto, el país se encuentra en el inicio de lo que se anticipa como la cuarta transformación nacional.

Es útil preguntarse: ¿por qué la historia la han escrito los poderosos?  Las  respuestas serían: porque los poderosos han establecido los fines e identificado los medios...
Es útil preguntarse: ¿por qué la historia la han escrito los poderosos? Las respuestas serían: porque los poderosos han establecido los fines e identificado los medios...
(Foto: Especial)

Por otra parte, los integrantes del gabinete que han sido designados, son ampliamente conocidos por los ciudadanos, en un procedimiento transparente, que borra las prácticas del “ misterioso destape de los más cercanos colaboradores”, conocidos la víspera de la toma de protesta del Presidente entrante, en un ritual que tenía el objetivo de mostrar el poder que se asumía, cumpliendo con el imperativo que exige una absoluta lealtad personal, en lugar de la lealtad a los principios y objetivos que los gobiernos se proponían. Ahora, se sabe con anticipación, quienes son los nuevos secretarios y las tareas iníciales que deberán cumplir. Los “misterios” del viejo presidencialismo, han comenzado realmente a desaparecer.

Los compromisos de campaña y el diseño de las respuestas de su cumplimiento se ha iniciado con amplitud, junto a la apertura para la participación ciudadana, con sus propias experiencias y propuestas sobre los contenidos de cambio, relacionados con las necesidades para el desarrollo económico y social, junto con los aspectos de cultura, de creencias, valores y principios que forman la vida interior de los mexicanos, de lo que llevan por dentro, imperceptible para los sentidos, de sus convicciones y esperanza que mucho tiene de “esperar” un futuro mejor.

Simultáneamente, han sido anunciados los trabajos relativos al plan de gobierno, los programas públicos, las incitativas legislativas, la preparación del proyecto de ley de ingresos y el proyecto de presupuesto de egresos para el año entrante, las medidas de seguridad pública, de descentralización de la administración federal, así como en materia de política exterior, particularmente en las relaciones con los Estados Unidos y el rescate de los principios de autodeterminación de los pueblos, no intervención y solución pacífica de los conflictos, entre otros muchos asuntos, que han hecho exclamar a los críticos y no críticos, que el nuevo gobierno federal ha comenzado a funcionar, antes de la fecha formal de protesta al cargo de Presidente, el próximo primero de diciembre.

En efecto, se ha inaugurado un proceso de formación de un nuevo pensamiento y práctica política, que anuncia el advenimiento de una nueva cultura política. No es fácil pero es posible y necesario. El poder político establece inevitablemente inercias y modos de comportamiento individual y colectivo. El mundo de la política atrapa conciencias y conductas, creando valores y “certezas” sobre lo correcto y lo incorrecto, pretendiendo legitimar la política misma, en especial sobre lo que es justo e injusto. Inclusive, las palabras se utilizan como formas sonoras que esconden la realidad, creando mentalidades incapaces de distinguir entre la verdad y la mentira. Por eso, es imprescindible iniciar una etapa donde la realidad, represente el contenido esencial en la conciencia social de los mexicanos.

En consecuencia, podría afirmarse que una de las grandes tareas del gobierno en formación con su liderazgo indiscutible, consiste en el rescate de la política del desprestigio en que la ha colocado el modelo de sociedad vigente, despojándola de todo significado de servicio, en tanto se equipara con un negocio en el que se invierte para obtener las máximas utilidades. La política que corresponde a este modelo, está asociada con los anti-valores reconocidos, como la mentira, el engaño, la manipulación y la intriga, la traición y el robo, como formas que consuman el egoísmo y la vanidad y que conducen al autoritarismo y la arbitrariedad.

En un contexto como este, desde la Presidencia de la República, López Obrador ha iniciado un proceso de revalorización de la política, comenzado por insistir y practicar la sencillez y la modestia en el cumplimiento de sus funciones gubernamentales. En sus declaraciones y en su conducta, desaparece la ostentación del poder que se ejerce y de la obediencia que se obtiene, como estados de placer psicológico al que son adictos los políticos pequeños. La política entendida como búsqueda y uso de medios y no como un fin en sí misma, incorpora visiones y una estructura de principios éticos, que correspondería una sociedad y un país que se construye con cualidades humanas de validez universal.

Entre otras múltiples implicaciones, con López Obrador se está anunciando la desaparición de dos fenómenos persistentes, que son herencias del atraso, la pobreza y la ignorancia, como son el paternalismo, y el clientelismo, como prácticas que contradicen la dignidad ciudadana y que son causa y efecto, de la corrupción y el desprestigio de la política. Como se sabe, el paternalismo esconde la relación de dominio y sumisión, con el vínculo básico del padre con sus hijos, a quienes premia y castiga según su comportamiento, en tanto el clientelismo ha sido la venta de favores y beneficios, con un pago en obediencia por parte de quienes reciben esas que son simplemente dádivas.

El paternalismo es capacidad para decidir sobre lo conveniente y lo inconveniente para los demás, a los que se niega toda participación. Clientelares son las despensas para quienes padecen hambre, los contratos preferentes para empresarios o los empleos gubernamentales, otorgados a cambio de fidelidades que identifican grupos y distinguen a los seguidores como “gente de un poderoso circunstancial”. Todo eso, está terminándose para siempre, al fin y que bueno que así sea.

Es útil preguntarse: ¿por qué la historia la han escrito los poderosos? Las respuestas serían: porque los poderosos han establecido los fines e identificado los medios, manteniendo a su servicio a los encargados de hacer los registros para la historia, los que escriben e interpretan los acontecimientos. Esto tiene que cambiar porque en México, están surgiendo novedosas formas para escribir una nueva historia.

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