Alma Gloria Chávez
La cultura: un derecho esencial
Jueves 2 de Agosto de 2018

“Evitemos que todo lo concerniente a la cultura se pervierta con la industria del espectáculo”

Etmólogo, Julio Alvar

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Quienes estamos convencidos de que son la educación y la cultura los elementos clave para la transformación pacífica de una nación tan maltratada como la nuestra, sabemos también que ambos forman parte importante de los derechos elementales que nos ayudan a vivir y convivir dentro de la sociedad. Sin embargo, muy pocos entendemos lo perverso que resulta el hecho que desde instancias culturales se promuevan espectáculos que deforman aspectos de nuestra cultura, con el sólo interés de obtener ganancias importantes para empresas particulares y migajas para una mayoría de personas que se “benefician” con la venta de productos secundarios.

En los últimos tiempos, niños y niñas, sobre todo, han merecido especial atención respecto al reconocimiento de sus derechos: a ser alimentados, protegidos, educados… y dentro de este rubro, se pensaba que la cultura, además de la elemental obtenida en la familia, era la que se recibía en las escuelas. Hoy reconocemos que la cultura reviste todas las etapas de la vida de cualquier individuo y que todos/as también formamos parte de ella.

Por consecuencia, cada vez más nos damos cuenta de que la educación formal que recibimos en las escuelas, no es sino una parte (pequeña, por cierto) de esa cultura que abarca tantos y tan variados ámbitos de la vida. Entonces: todos/as tenemos derecho a participar en la cultura de México y del mundo… y como todo derecho, al ejercerlo, adoptamos también el compromiso de cuidar, conservar y promover, con el respeto que merece, algo que en la medida en que más se va conociendo, se aprecia cada vez más.

Pero ¿cómo hacer partícipes a niños y niñas de ese derecho, que es la cultura? Sería interesante preguntar a los adultos: maestros, educadores, padres de familia y sobre todo, a los responsables de organismos educativos y culturales, qué están haciendo para que ese derecho (que se ha convertido en Ley en nuestro país) se cumpla. Porque sabemos que el gobierno mexicano ha suscrito y ratificado los acuerdos de la Convención Mundial sobre los Derechos del Niño, que en lo que respecta al juego, la recreación y la cultura, dicen:

“El juego es indispensable para el desarrollo del niño, porque jugando se prepara para la vida. Los niños que no juegan, están condenados a ser adultos tristes, aislados, sin iniciativa y poco productivos."

“Todos los niños tienen derecho a la recreación. Los adultos deben preocuparse de, por ejemplo, contarles cuentos, jugar con ellos, llevarlos a parques, al zoológico, al campo, a espectáculos al aire libre, a conciertos de música, al teatro de títeres, etc. El Estado debe preocuparse de que en todo el país existan los lugares y espectáculos recreativos y culturales gratuitos, necesarios (y aptos) para niños y niñas.

La cultura: un derecho esencial
La cultura: un derecho esencial
(Foto: Cuartoscuro)

“Niños y niñas tienen derecho a acercarse y conocer todas las manifestaciones culturales de nuestro pasado y presente indígenas. Para ello, los adultos conservarán para los pequeños las zonas arqueológicas, templos, ciudades, monumentos y objetos de nuestros pueblos antiguos que ya se han descubierto y los que aún están por descubrirse.

“El Estado se encargará de producir todo tipo de libros, películas y videos para que niños y niñas conozcan toda la sabiduría de nuestros pueblos antiguos en lo que se refiere a medicina, manejo de la naturaleza y a las ciencias… y tradición oral.

“Es un derecho de niños y niñas el poder acercarse al trabajo artístico de nuestros pintores, escultores, músicos, poetas, escritores, bailarines y teatreros, como una forma de aprender a apreciar y buscar la belleza. Para ello, deben crearse las formas de que éstas obras estén a su alcance y puedan saber quiénes y cómo las realizan”.

Tomando en cuenta todas estas consideraciones, en Pátzcuaro, una red de personas e instituciones comprometidas con la promoción cultural, dirigida especialmente a niños, niñas y jóvenes, organizó una serie de actividades que han venido a dar cumplimiento a ese derecho tan esencial: conocer diferentes aspectos de la vida cultural de nuestra ciudad y del entorno. Talleres, recorridos culturales, teatro, cine y música, recorridos literarios, visitas a bibliotecas, librerías, centros educativos y de estudios ecológicos, actividades de reforestación, cuentacuentos y, obviamente, a nuestro Museo, donde se les ofrecen actividades alternas, además del recorrido por sus salas.

Este verano en Pátzcuaro ha resultado una experiencia enriquecedora, tanto para niños, niñas y adolescentes participantes, como para padres de familia, talleristas, artistas plásticos, personal de instituciones, promotores, actores, académicos, artesanos, y muchas personas que de manera voluntaria aportaron ideas, tiempo, actividades, material de todo tipo y sobre todo, mucho entusiasmo y compromiso para llevar a la práctica nuestro derecho a la cultura.

Todos, convencidos de que resulta verdaderamente importante estimular, desde pequeños y entre adolescentes, jóvenes y adultos también, el interés, el reconocimiento, el aprecio y la comprensión de lo propio: en este caso, el patrimonio cultural material e inmaterial; enfatizando la esencia, la historia y los valores que lo han hecho posible. Además, acercándoles a quienes hoy, desde distintas disciplinas, siguen creando, cuidando, estudiando y promoviendo un acervo inagotable.

Y debo reconocer (como seguramente más lo harán) la labor realizada por la antropóloga Lorena Segrove, quien teniendo a Daniel Márquez como aliado, dio forma a los recorridos denominados “Patita de Perro”, que llevaron de la mano a niños, niñas y adultos, por distintos espacios de la ciudad y de los alrededores, buscando “pistas”, entrevistas, encuentros y experiencias; escuchando historias, datos de importancia, cuentos y lecturas que han llenado a todos los participantes de mayor interés por conocer más del Pátzcuaro que habitamos y compartimos y que deseamos cuidar como todo lo que se quiere. Que el ejemplo de estos dos personajes sirva de estímulo organizativo.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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