Aquiles Gaitán
Los miserables
Martes 17 de Mayo de 2016
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Los miserables
Los miserables
(Foto: TAVO)

Desde hace mucho tiempo el federalismo ha sido cuestionado en la medida que se convierte en centralismo y se olvida de las luchas de los hombres del siglo XIX, encabezadas por fray Servando Teresa de Mier y los diputados constituyentes de la Constitución del 1857, continuadas en la época de las reformas de Juárez y Melchor Ocampo y plasmadas en la Constitución de 1917, en el artículo 115 constitucional, hoy destrozado por las reformas de Peña Nieto, acotadas por los precios del petróleo y la errática política monetaria que reducen drásticamente los ingresos del gobierno federal; en aparente descentralización, lanza sus penas al viento y delega en los estados la administración de la educación pública y la seguridad pública se convierte en el caballo de Troya que regala a los municipios, de cuyas entrañas salen los jenízaros del Mando Único.

Lejos de fortalecer a los municipios los debilitan al quitarles el mando de la Policía y sujetar a decisiones centralistas la fuerza pública, es la descentralización del federalismo pero al revés, igualmente pasa con el dinero que se otorga mediante la Ley de Coordinación Fiscal a los municipios. Este federalismo fiscal condiciona las participaciones a diversos indicadores conforme a una fórmula en la que inciden el número de habitantes, la miseria y la recaudación de ingresos propios por los municipios; es decir, la organización, la habilidad y la inteligencia que tengan para cobrar los impuestos y derechos que conforme a la ley les corresponden de las fuentes de tributación del Estado, básicamente el Impuesto Predial, que es a la vez obra y gracia de sus desgracias. Si no cobran bien el Impuesto Predial o el estado no los cobra bien por ellos, por los municipios más pequeños y desorganizados, recibirán menos dinero del gobierno federal; los municipios, los contados municipios que tienen celebrando un convenio con el gobierno del estado para revaluar los valores de las casas y terrenos sobre los cuales se cobra el impuesto, no están preparados para ello. El municipio de Morelia cuenta con cerca de 350 mil predios, si llegaran a revaluar 35 mil cada año, que no lo hace, tardaría diez años en revaluar su padrón, de ahí su obstinada intención de privatizar esta acción, repartiendo el ingreso adicional que obtenga con la empresa con la que hará el negocio. Para cobrar el impuesto se requiere sustentar el padrón en un catastro de la municipalidad, como dice la Constitución en el artículo 36 fracción I en las obligaciones del ciudadano, pero el Catastro lo tiene el estado, arbitrariamente, y no lo suelta por ningún motivo, puesto que sobre de él está montado el registro público de la propiedad.

Ahora bien, ¿qué tipos de propiedad existen? La privada, la comunal y ejidal y sobre cada una, la subdivisión de rural y urbana. Así resulta que únicamente existe un Catastro urbano deficiente y anacrónico con valores ridículos, en la mayoría de municipios sobre el que se cobra el Impuesto Predial; los catastros comunal, ejidal y rural no existen más que en el parche que le tapa el ojo al macho. Es decir, los propietarios de tierras urbanas o rurales del régimen comunal y ejidal no pagan nada, como no pagan nada los propietarios de ranchos y huertas de aguacate, mango, limón, etcétera, pues el estado y los municipios no tienen organizado el Catastro rural, base sobre la cual deben cobrar el Impuesto Predial, esto quiere decir que no saben de quién son los predios rurales del estado, pues si bien es cierto que el Registro Público de la Propiedad los tiene dados de alta, éste no se refleja en los planos correspondientes, de la geografía del estado, de cada municipio, para saber de quién es cada rancho y cobrar el Impuesto Predial.

Este pequeño olvido se convierte en un gran lastre que deja a los municipios sin recibir el Impuesto Predial de los propietarios rurales que reciben, digamos, buenas utilidades, por no decir grandes utilidades en la explotación de huertas, que hoy por hoy son la fortaleza económica y desgracia ambiental de nuestro estado y de los propietarios rurales, privados, comunales y ejidales, que obtienen la propia plusvalía de la tierra y no pagan el Impuesto Predial pues nadie se los cobra por no existir la base del cobro que es el Catastro rural.

El federalismo atraca a los municipios sabedores de sus debilidades catastrales y les aplica el indicador de la recaudación de ingresos propios en la fórmula del reparto de las participaciones.

Un verdadero programa de fortalecimiento municipal debe tomar en cuenta la situación que prevalece en el catastro de los municipios y enseñar a los amateurs que cada tres años llegan cargando su ignorancia, a cobrar los impuestos que serán la base de sus participaciones, es decir, de donde tendrán dinero para pagar los salarios homologados del Mando Único porque, por supuesto, que el estado no los paga.

El federalismo es solución y desgracia, según el cristal con que se mire; los municipios son la base territorial del estado, cada municipio tiene un territorio sobre el cual se monta la figura virtual del estado, llamado Michoacán, y sobre los estados, la figura virtual del Estado federal, de los Estados Unidos Mexicanos, llamado México. El territorio es municipal, para ellos la basura y el drenaje, para ellos la presión de la gente por el agua, la luz, la seguridad pública, la pavimentación, la educación y la salud, para ellos la manipulación, el desdén y el olvido, ¿cómo queremos un desarrollo pujante y un crecimiento grande de Michoacán si tenemos municipios desorganizados y miserables?

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