Rafael Mendoza Castillo
Perspectiva epistémica del sur para la cuarta transformación
Lunes 13 de Agosto de 2018
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Que la filosofía de la praxis, la pedagogía crítica y otros saberes, en forma interdisciplinaria o transdisciplinaria, nos aclaren las visiones que subyacen a lo educativo, a la formación docente y a la estrategia curricular. Lo primero que debemos contemplar es el concepto de realidad, ya que ésta es constituida socialmente. Comprender la existencia como articulación de procesos en construcción, en movimiento y contradicción, no paralizada, que cambia, sin sujetarse a determinismos o hechos inmutables.

Comprender la relación de conocimiento en términos de articulación y de totalidad y de ruptura de parámetros. De ahí la importancia del pensamiento categorial. Pasar de lo empírico, lo positivo, a lo problemático, es decir, a la construcción de opciones. Como correctamente afirma Hugo Zemelman: “problematización espacio de ruptura de parámetros ontológicos, epistemológicos, teóricos, culturales, ideológicos (cierres) dado que no son suficientes para establecer la relación de conocimiento con la realidad”.

Que la filosofía de la praxis, la pedagogía crítica y otros saberes, en forma interdisciplinaria o transdisciplinaria, nos aclaren las visiones que subyacen a lo educativo, a la formación docente y a la estrategia curricular. Lo primero que debemos contem
Que la filosofía de la praxis, la pedagogía crítica y otros saberes, en forma interdisciplinaria o transdisciplinaria, nos aclaren las visiones que subyacen a lo educativo, a la formación docente y a la estrategia curricular. Lo primero que debemos contem
(Foto: Cuartoscuro)

Si construimos opciones educativas, culturales, sociales, viables y posibles, estaremos concretando el pensamiento crítico y sin lo cual la critica se convierte en especulación, en algo vacio. Recordando que el mundo histórico es tríadico, esto es, objetividad, subjetividad y praxis. Ni monádico, ni diádico, sino de tres términos (dialéctica).

El sentido epistémico que sustentará nuestro proyecto se coloca en la búsqueda de conocimientos y criterios de validez que arrojan visibilidad y credibilidad a las prácticas cognitivas de las clases subalternas, de los pueblos originarios y de los grupos sociales que han sido históricamente victimizados, explotados y oprimidos por el colonialismo y el capitalismo global. Lo anterior bajo tres premisas:

a) No habrá justicia social global sin justicia cognitiva global. Como bien afirma Boaventura de Souza Santos: “porque los procesos de opresión y de explotación al excluir grupos y prácticas sociales, excluyen también los conocimientos usados por esos grupos para llevar a cabo esas prácticas”. El autor citado le llama a este fenómeno epistemicidio. Se trata en esta propuesta, no sólo recuperar conocimientos suprimidos o marginalizados, sino también la construcción de condiciones para incorporar nuevos conocimientos de resistencia y de producción de alternativas al capitalismo y a los colonialismos globales.

b) El colonialismo y el capitalismo continúan profundizando entrelazados, aunque las formas de articulación hallan variado a lo largo del tiempo. Se trata de comprender que el fin del colonialismo político, no significó el fin del colonialismo social, cultural y, por tanto, político en sentido amplio.

c) Lo epistémico de este autor apunta fundamentalmente a prácticas de conocimiento que permitan intensificar la voluntad de transformación. En este aspecto, como lo dijimos anteriormente, la necesidad de realidad se hace presente, porque el neoliberalismo reduce la realidad a lo que existe, lo dado. Nuestra propuesta educativa debe articular la crítica de lo existente con los asuntos políticos, sociales y económicos.
Entendemos que la naturaleza de la educación es política, entonces, la propuesta que construyamos debe incorporar a la ética. Para ello se hace necesario distinguir sus objetos y campos de saber. Ambos campos tienen como objeto en común los comportamientos de los individuos que participan en el todo social. Cada uno lo hace desde su punto de vista. Todos sabemos que la política se instala en una estructura de poder.

Comprendemos al poder como la capacidad que tenemos para intervenir en la realidad, pero también como la imposición de la voluntad a otros. El poder es fuerza, dominación, obediencia, explotación. Estos elementos forman parte de las instituciones escolares. Como bien afirma Adolfo Sánchez Vásquez: “hoy se pretende democratizar el poder o civilizar la dominación política relegando a segundo plano la naturaleza explotadora del sistema económico que engendra las terribles máquinas represivas “.

La relación poder, no sólo se impone por la fuerza, aspira a su reconocimiento por los dominados. La escuela juega un papel en el cumplimiento de este objetivo, pero también lo puede jugar al contrario, a través de una contrainteriorización producida en los sujetos, es decir, una contrasocialización. Veremos que la pedagogía crítica retoma la idea de poder que propuso Michael Foucault.

La historia es ese campo donde se juegan las relaciones de fuerzas en conflicto, lucha del amo y el esclavo en Hegel o lucha de clases, como lo afirma Carlos Marx. De ahí, el que no tiene poder es obediente y constituye una fuerza dominada. En las instituciones escolares se anida la obediencia legalizada y regulada.

Nuestro proyecto educativo debe romper con este bloqueo histórico. Además, incorporar las normas de la ética a la política. Lo anterior para justificar una acción o un programa colectivo. El discurso político explica y la ética justifica. La política sin una ética que la justifique es fuerza ciega. Pero la ética social sin conocimiento político es ilusión vacía.

En la escuela se practica la moralidad social, esto es, conjunto de reglas que sigue una colectividad en la realización de ciertos valores comunes. El discurso moral sirve para afianzar la dominación de un grupo. Esta última es una ética reiterativa. Nuestro proyecto educativo se funda en ética crítica o disruptiva. La ética reiterativa afianza el poder. La ética crítica lo cuestiona, porque el sujeto se distancia de las formas de moralidad existentes.Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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