Alejandro Vázquez Cárdenas
Vivir en la Rumania comunista
Miércoles 12 de Septiembre de 2018
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Esta descripción de la vida en Rumania ha sido tomada, en parte, de un escrito que publica en Internet una doctora en medicina, Vivien Shull, que se supone reside actualmente en Tel Aviv. Transcribo parte del mismo, por el interés que puede tener para las actuales generaciones el conocer cómo era la vida en uno de los países pertenecientes a la esfera soviética, donde se implantó la “dictadura del proletariado”, el llamado “socialismo real”, esa doctrina que actualmente se encuentra en el basurero de la Historia y solo queda, como cadáver insepulto, en Corea del Norte y para vergüenza de América, en Cuba y Venezuela.

TAVO
TAVO
(Foto: TAVO)

A pesar del fracaso mundial del “socialismo real” aun encontrados personas que insisten en creer, con la fe del carbonero, en las bondades de ese sistema, y con elaborados y retorcidos argumentos dan maromas para intentar defender ese sistema. Lean esto, tomado del periódico oficial cubano Granma “La vida en el socialismo es una invitación al individuo para que piense diferente como hasta ahora, para que sustituya la milenaria visión de túnel y supere la forma mundana, vulgar y superficial de ver la vida, cambiándola por una visión racional y amplia del mundo concreto, tal como es, en su totalidad, en la multiplicidad de los nexos reales y relaciones de todo lo existente”

En fin, allá ellos, su necedad y su intransitable sintáxis. Y ahora sí, transcribo parte del texto:
“En la Rumania de los años 80 y 90 todos tenían trabajo (mal pagado, pero suficiente, se decía nosotros fingimos trabajar y ellos fingen que nos pagan).

Claro que no existía ningún trabajo privado tipo “yo sé coser, te hago un vestido y tú me pagas”. No, todos eran trabajadores de las cooperativas.

Alojamiento para todos, pequeño pero casi gratis. (Otro dicho de la época: No poseemos nada pero eso es fijo).

Calefacción: En los últimos años no había calefacción en Bucarest durante el día, solo desde media noche hasta las seis de la mañana y muy baja. Con diez grados bajo cero en invierno era difícil de soportar.

Comida: Cuando llegué estaba bien. Muy rápidamente se deterioró. Por los años antes de la caída del régimen había siete huevos al mes por persona, 200 gr de mantequilla, carne casi nunca, pan no recuerdo cuánto, y grasa de cerdo, papas y coles en cantidad. Verduras y frutas pocas y feas.
Alcohol había. Educación escolar, para todos y muy buena. Educación profesional o universitaria: con exámenes, buena y gratis.

Libertad de expresión: Los periódicos eran un desastre, solo alababan al régimen.

Libros de literatura extranjera no había, pero sí los veinte volúmenes escritos por el caudillo en todas las vitrinas de las librerías.

Libros científicos sí se editaban, pues le daban prestigio al régimen, los autores eran rumanos, aunque me imagino que eran traducciones del inglés pero no lo mencionaban.

Estaba prohibido poseer una máquina de escribir y las fotocopiadoras no existían.

Cultura: Libros ya dije, solo había en librerías algunos clásicos y el resto marxismo.

Ópera, teatro y conciertos casi gratis y mediocres casi siempre.

Películas extranjeras: nones, poquísimas y los deshechos del occidente.

Revistas: Creo que había de ciencias y de historia.

Televisión: Algunas horas al día y siempre un coro de niños cantando loas al caudillo.

Medicina: Gratis pero no había medicamentos. Para un marcapasos o una medicina, mejor dar dinero bajo la mesa. El aborto: prohibido.

Viajes: Difícil o casi imposible salir del país.

El único día feriado del año era el primero de Mayo, pero para recuperar ese día de asueto se debía trabajar un domingo.

Esparcimiento: Cafés, restaurantes, pastelerías había, claro que comparado con Europa del Oeste muy poco. Los rumanos son amantes del dulce, herencia por un lado turca y por otro lado vienesa. Algunas veces dando dinero por lo bajo había más menús.

Ambiente general. De aburrimiento pero con seguridad: todos tenían de antemano trazada su vida. Culturalmente, artísticamente e intelectualmente: muy pobre y mediocre, pues a fuerza de seguir una sola doctrina y de miedo a la censura, el cerebro de cualquiera se atrofia.

La principal preocupación de los jóvenes era el matrimonio, la familia y la situación económica. De homosexualidad ni se hablaba. (Era una aberración capitalista). Tampoco recuerdo muchos divorcios. Pocos hijos. Uno o dos por familia por lo general.

Dos novelas rumanas autobiográficas que describen la época y que recomiendo, de Eginald Schlattner: Guantes rojos y de Norman Manea, El regreso del Huligan.

No recomiendo a Herta Muller que recibió el Premio Nobel: es totalmente indigesta e insoportable.

Fin de la transcripción.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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