Viernes 14 de Septiembre de 2018
A- A A+

“Mi libertad se termina dónde empieza la de los demás.”
Jean Paul Sartre

El 16 de septiembre de 2016, hace casi dos años, en este mismo espacio que me brinda Cambio de Michoacán, lance una pregunta, a un posible público mayoritariamente católico, que bien vale la pena volver a echar al ruedo, ello, porque tengo la impresión de que poco o nada ha avanzado México en la lucha contra la discriminación en todas sus odiosas presentaciones. Aquí va: ¿Es pecado discriminar?
Decía esencialmente en aquel artículo, que el mexicano discrimina principalmente por cuestiones genéticas -color de piel, raza, estatura, complexión, orientación sexual-, pero, que es común que las acciones discriminatorias desaparezcan, si el gordito, chaparrita, prietito, u otros calificativos, es persona de éxito, y que este, preferentemente, vaya aparejado de bienestar económico.

Poco o nada ha avanzado en México en la lucha contra la discriminación en todas y sus odiosas presentaciones
Poco o nada ha avanzado en México en la lucha contra la discriminación en todas y sus odiosas presentaciones
(Foto: Cuartoscuro)

Ejemplo de ello, señalaba, es que un país con alto grado de machismo y con infinidad de voces homofóbicas, por décadas bailó, cantó y se contoneó al ritmo que marcaba un cantante y compositor gay, Juanga; quien sufrió infinidad de actos de discriminación, pero todos ellos previo a su éxito musical, luego entonces, las vejaciones que padeció fueron por ser pobre no por ser homosexual, aunque es posible que dicha circunstancia agravara el asunto.

También hablaba de la gran diferencia que hay con nuestro vecino país del norte, en donde la discriminación es más profunda y difícilmente hace excepciones como nosotros. En Estados Unidos, aquel que profesa resentimiento y odio por la gente de color, por ejemplo, no le importa si esta es rica y exitosa, sus valores negativos imperan sobre cualquier interés. Creo que esto los hace más racistas que nosotros, pero más congruentes, con lo paradójico que esto pueda sonar.

Una gran diferencia en el cómo y a quienes discriminamos, la podemos ver claramente en el bullying escolar, En Estados Unidos, el acosador será, en la mayoría de los casos, fuerte o atlético, ya que la base de su conducta es la capacidad física de inspirar temor, mientras que él acosado, será pequeño o gordito, y en muchos casos poco hábil físicamente; las condiciones socioeconómica de ninguno de los dos serán relevantes para el rol que ejerzan; mientras que aquí, en nuestro país, es determinante el nivel socioeconómico para determinar el rol, por tanto, puede darse el caso de que el morenito, rechoncito, bajito, hijo del cacique del pueblo, acose y haga burlas al joven delgado, bien parecido y atlético, hijo del carnicero, que posee una beca para poder estar en una escuela de paga. Notable diferencia ¿No creen?

Ahora bien, como lo he señalado, los mexicanos tenemos capacidad de no discriminar en el caso concreto, ello, cuando influyen factores de interés o de estima; pero, cuando el tema es general y no posee un rostro concreto, somos tan cerrados como el Gringo promedio, ojala pudiéramos hacer de esa tolerancia del caso particular una tolerancia universal hacia lo distinto o minoritario.
Lo más preocupante, es que nadie queda libre de esta insana costumbre, la cual se presenta en todos los niveles y sectores de nuestra sociedad; esto es, que cada quien, desde su “normalidad”, discrimina a quien puede.

En el artículo primario, lo anterior fue un preámbulo para llegar al tema concreto del matrimonio igualitario, muy en boga entonces y que sigue causando escozor en gran parte de nuestra sociedad. ¿Porque lo saque entonces, y porque lo vuelvo a sacar ahora, a colación? Pues porque creía y sigo creyendo en rechazar el que un sector de la población ejerza ciertos derechos y obligaciones por una cuestión de orientación sexual, es discriminación por donde se le vea.

Dije y digo que esta discriminación es sustentada principalmente en bases religiosas, y que quienes las profesan, erróneamente, consideran tener la patente de una figura jurídica contractual nacida del derecho positivo y no del derecho natural, sin embargo, su garantía al libre culto y a la libertad de expresión les da el pleno derecho de pensar y expresar lo que quieran de este y otros temas, y soy yo el primero en defenderlos si se les impide hacerlo. Por esto, a quienes pensamos distinto no nos debe interesar callar o convencer, caeríamos en lo mismo, la única exigencia debe ser que se respete la diversidad.

Reitero: sé que discriminar es ilegal, creo que discriminar es inmoral, lo que no sé, es si sea pecado, ¿lo es? Independiente de la respuesta, como diría el Lic. Torres Manzo: “Allá ellos”.

Ratifico mis viejas reflexiones y pido una disculpa nuevamente por mi visión sesgada en favor de la libertad; como lo escribí entonces, no puedo ser imparcial ante acciones que atentan contra libertades y derechos humanos de una comunidad que respeto y de la cual son parte seres humanos maravillosos de entre los que puedo contar familiares y amistades entrañables.

Que vivan las familias, que viva la Comunidad LGBT, que viva México.




Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

No salió el oso polar

En paz

En paz

Mirar hacia el futuro

Es cuestión estética no cromosómica

Corrupción derivada

El juicio de la historia

Vuelvo a preguntar

Bebeto y Romario

De desconcentraciones y cosas parecidas

De reo a gobernante

Quinto partido a la vista

Hablemos del mundial

Pacto por la mujer

Día Mundial de la Libertad de Prensa

Limpiaparabrisas

La Fontaine

Arte y libertad

Los tres alegres compadres

Azorín y la eubolia

El culto a la ley

México en la piel (cuento corto)

México en la piel

México en la piel

Lupe Valdez

Javier Marín, distinguido uruapense.

Soñemos

El desgaste del poder

Hasta luego

Movernos en un esquema

Dos doctores y un licenciado

Candidatos priistas de pura cepa

La UMSNH, centenaria y enferma

Frente religioso

Ciudad Gobierno

Equidad de género e impartición de justicia

El culpable: Díaz Ordaz

Llamémosles sin partido

Henning Mankell

¿Y la ley general de justicia cívica apá?

“Si”, de Rudyard Kipling

El top ten del Frente “Ciudadano” por México

#NoalFiscalPresidenciable

¿Presidencialismo o parlamentarismo?

Meade y Manlio

Maldita percepción

El póker de ases de Peña

La edad del presidente

El “socavón” michoacano

Yo quería escribir del clima…

AMLO y el cantinero

¿Por qué no hemos ganado una Copa del Mundo?

Una generación de “ruptura” que no llega

¿Eres progresista y liberal?

Silvano emulando a Peña

Voto obligatorio

Murat presidente

Tres apuntes de la elección del Estado de México

Michoacán y el Índice de Competitividad Estatal 2016

Migrantes diputados

Un Macron mexicano

Los delfines, entre humanidad y raja política

El discurso de la honestidad

Veytia y la corresponsabilidad de las ratificaciones

Se buscan mejores políticos

Engañando con la verdad

De Juárez a Colosio

Lenin Moreno, un ser excepcional

Prisión y temple

Reducción de salario por enfermedad: posverdad

Dos ilustres e ilustrados michoacanos

Turismo político

Divide y vencerás

En el centenario de nuestra Carta Magna

Movilidad

Inminente reducción del Congreso de la Unión

Los políticos, la fábula

Por una reducción del IEPS a gasolinas

Postverdad

Política ficción

Rebelión

Día Internacional contra la Corrupción

Fidel

Deudas públicas estatales

El sueño americano

Trump presidente

Descarríos de la izquierda y la derecha en México

Los polémicos Nobel

Nuevo sistema de justicia laboral

Marcelo Ebrard, un hombre con estrella

Marcelo Ebrard, un hombre con estrella

Los ex priistas

Informes, ¿boato o rendición de cuentas?

¿Discriminar es pecado?

Los pluris

El deporte olímpico mexicano