Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
Masculinidad y violencia rural
Miércoles 19 de Septiembre de 2018
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A la vuelta de los años, también sus hermanas lograron sus autonomías, y lo hicieron fuera de la ranchería, fuera de Ario, ahora están en otras formas de organización social, están ahí donde la violencia doméstica se castiga con la cárcel, donde la mujer no vive en cautiverios, donde la mujer es vista como persona, como humana, como mujer y no como objeto de placer, de trabajo, para la procreación o para los quehaceres domésticos. Ellas viven si acaso otra manera de ver la vida, sí con la violencia normal que todo hombre llevamos dentro, pero en un lugar donde se castiga efectivamente la misma y no como en México, donde los instrumentos internacionales, regionales o nacionales siempre dejan impune la violencia contra la mujer.

Sus hermanos, menos complicados, porque un hombre va a defender una familia, un hombre va  a defender a su comunidad, a sus mujeres, ahora son casados y disfrutan de eso que se llama doble moral, están con sus esposas e hijos pero, pueden tener otras mujeres. Esto lo aplauden los hombres, porque se legitiman y necesitan de muchas mujeres para que se sepa la clase de hombres que son: fuertes, machos, quienes someten a los demás. Uno de ellos, también es albañil, y vive su vida cercana a su familia y en complicidad de su masculinidad para alcanzar siempre la legitimidad social.

Masculinidad y violencia rural
Masculinidad y violencia rural
(Foto: Cuartoscuro)

De esta manera, sus hermanos saben la importancia de sostener acciones de complicidad para asegurar el cumplimiento de sus funciones en el marco del sistema de género, su rol y su identidad deben de garantizar su estabilidad y su legitimidad social frente a la colectividad.

En estos años de vida, y después de la muerte de su padre, que también hizo libre a Rafael, le genero alejarse de la educación y replegarse en las actividades productivas, económicas, ahí donde el dinero le diera independencia y pudiera comprar sus cosas, lo que anhelaba, lo que el mercado ofrece para jóvenes que viven en localidades pequeñas y que los forma como hedonistas, narcisistas e individualistas y con libertad para su independencia y para pensar solo en ellos, pero no en los valores sociales.

Así, ha trabajado como futbolista que ha sido una pasión y con emoción lo cuenta, gran goleador apapachado por muchos, despreciado por otros que no lograron ser estrellas en sus comunidades rurales.

También ha trabajado  como cortador de aguacate, como albañil, ha ido de casería al monte con sus patrones, ha jugado con el destino y con la vida, y ello lo ha llevado a sufrir accidentes que han puesto a su vida en riesgo y con intervenciones quirúrgicas, que han generado, dice él, “una pata gorda y una pata flaca”, es jardinero y atiende casas particulares; ha trabajado con las ganas de ser alguien en la vida, de progresar y aprender para mejorar, pero él no cree en la escuela; cree en los jaripeos, cree en verse bien y saber que cuando camina la gente volteará a verlo porque va dejando una estela de luz con su ropa que siempre es diferente: lustrosa, brillosa, con adornos florales, y de colores vivos.

Ha mantenido amores múltiples con mujeres, a quienes no ha atendido y comprometido, es solo legitimar su masculinidad y decir lo importante que es ser hombre, que es ser masculino, que es ser humano, y llegar a la ranchería para levantar la pasión y la emoción y el murmullo de la gente, cuando saben que está ahí, cuando saben que vive su libertad, cuando visita a su madre, a sus hermanos, a sus sobrinos.

Cuando se sabe en el rancho, es porque quiere tranquilidad y  corre a sus sobrinos para que no lo molesten, entonces sabe que quiere paz, solo en ese momento sabe que quiere paz y tranquilidad para su vida.

Hoy, muchos años después está aquí, tratando de hacer una nueva vida, disfrutando de la belleza de la vida, porque él una y otra vez me repite que es humano; trata de no regresar a la violencia, hoy pregunta  cómo es mejor hacer las cosas para hacer sentir bien a sus pares, a la otredad. Hoy se encuentra queriendo construir una vida a partir de acuerdos, pero esa vida también lo tiene en cautiverios y le tiene sometida su autonomía.

Lo vi reír últimamente, lo vi disfrutar de mi presencia, no sé si sea la confianza que le brinde, pero Rafael, ha reído, y eso me gusta, porque lo libera; cada risa lo libera de sus ataduras, cada risa le hace superar día a día esa vida en violencia que vivió.

Los diferentes tipos de violencia que vivimos en sociedad y en familia, con nuestras parejas, es fundamental que sepamos manejarla, que sepamos erradicarla, que sepamos vivir en armonía. La asimetría de poder que da el sistema de género ha permitido mucho dolor social. Ayudemos a combatirlo, ayudemos  hacer felices a los demás, ayudemos a construir un nuevo mundo, sin violencia, más humano, más digno.

Deseo igualmente que en su vida, cambie esta manera de apreciar a su padre, él ya no está, pero  Rafael, sigue aquí, él debe liberar sus demonios y dejar que la tranquilidad inunde su vida, que ésta sea de tranquilidad y armonía, de paz y convivencia, de sueños, de amor.

Recientemente existen las leyes, las normas, los diseños de política pública, existen también las estructuras operativas para accionar dichas normas, sin embargo, continuamos viendo mucha violencia, violencia feminicida, acoso, hostigamiento, violencia política, violencia en general en las calles, opresión contra la sociedad. Lo que no veo por ningún lado un programa institucional basado  más allá de las cifras de violencia, basado en las narrativas como ésta que dañan a los hombres que desde niños fueron explotados laboralmente, castrados emocionalmente y violentados en su dignidad.

Necesitamos que la educación básica construya nuevas masculinidades, construya en el ambiente rural, campesino, esa reeducación que requieren los adultos para no continuar haciendo de sus hijos hombres castrados en sus sentimientos, necesitamos más hombres y mujeres autónomos y libres para hacer de la vida, una vida de respeto en familia.

Necesitamos que menos hombres sufran callados, sin decir nada, aguantando todo porque son machos. Necesitamos humanizar más a la sociedad, necesitamos menos sistema de género y más libertad con respeto, con tolerancia, con solidaridad, con amor, porque solo el amor abre corazones y racionalidad. Siempre en crisis recordemos, habrá una posibilidad para transformar.

Agradezco a Rafael, su disposición por contar este pasaje de su vida y por darme la oportunidad de, a través de la solidaridad, decirle que estoy aquí para ayudarle y darle una sonrisa, un comentario, un abrazo, un beso fraterno.

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