Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Normalismo, en el olvido
Viernes 21 de Septiembre de 2018
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Las centros educativos normalistas desde su fundación tuvieron como tarea específica: la formación de maestros que durante décadas han tenido el reconocimiento social como tales, no sólo han sido semilleros de docentes, sino también de líderes que han sobresalido en las letras, en la política y en organizaciones sociales y comuneras; sería impensable la educación del país sin rememorar su trascendencia. No obstante, a partir del gobierno de Felipe Calderón a la fecha han sufrido una serie de ataques y olvidos, que de alguna manera las han sumergido a una problemática que en cualquier momento puede hacer crisis, lo que sería lamentable para el sector educativo y desde luego para el rubro educativo nacional.

En específico, hoy en día, las escuelas normales del estado viven un proceso de agitación y zozobra por parte de sus trabajadores académicos y de apoyo a la docencia, porque han llegado a la molestia, al hastío y quizá a la indignación por la falta de atención y de respeto por parte de las autoridades estatales y nacionales, pues en aras de cubrir otras necesidades que tienen, están equivocando el camino, dejando de lado un sin fin de prestaciones, promociones, recategorizaciones, y estímulos a los que tienen derecho y que están formalmente establecidos.

Las escuelas normales del estado viven un proceso de agitación y zozobra.
Las escuelas normales del estado viven un proceso de agitación y zozobra.
(Foto: Cuartoscuro)

Dichos centros de formación magisterial son ninguneados desde el momento mismo en que se colocan funcionarios del nivel sin conocimiento de la dinámica que en ellas fluye (situación que ocurre con la educación en general porque muy pocos maestros de carrera o profesión han sido secretarios de educación en el estado) ¿Cómo poner como director de un hospital a un licenciado en derecho, por decir algo, sólo por compromisos políticos? En cada ramo se requieren especialistas, si es que en verdad existe la búsqueda de la excelencia o de la calidad de un servicio o prestación.

Los trabajadores normalistas, tienen derecho a que se les respete irrestrictamente la normatividad por la cual se rigen y no a estar esperando las ocurrencias, que por lo común van a detrimento de la planta laboral; si hubiera seguimiento puntual de lo que corresponde a unos y aplicar a otros, bastantes conflictos de antaño no tenían por qué haberse presentado y el desarrollo académico, en todas sus facetas, estaría siguiendo su rumbo natural, ya que mientras exista armonía entre autoridades y trabajadores, en base a preceptos establecidos, la sociedad puede esperar resultados prominentes.

Si las escuelas normales de Michoacán hoy están paralizadas es porque, a pesar de iniciar sus actividades de planeación conforme al calendario escolar, el gobierno del estado no ha cumplido con una serie de adeudos a favor de los asalariados, por ejemplo, no ha emitido la convocatoria respectiva para el estímulo al desempeño docente y la convocatoria al estímulo laboral que de alguna manera viene a paliar, sobre todo en el personal de apoyo, los bajos salarios que perciben y la falta de promociones y recategorizaciones que por ley deberían ser ineludibles y en automático; el caso es que el gobierno del estado argumenta que no tiene dinero para dicha prestación, lo peor de todo es que, con anticipación, la federación entregó el monto a las arcas estatales pero de manera irresponsable, confirmando su apatía por el normalismo, fue destinado a otras necesidades y compromisos, lo que es lo mismo: taparon un pozo para destapar el otro. Lamentable igual sería que no se hubiera hecho la gestión de los recursos por ignorancia o por agandaye. Las autoridades de Michoacán saben que el número de adscritos al nivel de normales no es tan numeroso como el de educación básica, por muestra, y confiados en ello creyeron que los agremiados se quedarían cruzados de brazos pero tal parece que estamos en la antesala de un conflicto que puede repercutir en la entidad y sobre todo puede lastimar la formación de maestros.

Los gobiernos poca importancia le dan a las formas y a los fondos en relación a las escuelas normales, de manera simple bastaría analizar que en la reforma educativa de Peña Nieto en un inicio plantearon que cualquier profesionista, presentando un examen estandarizado, al aprobarlo, podrían acceder a una plaza docente, por supuesto sin contar con un perfil pedagógico, sociológico didáctico ni psicológico, con ello daban al traste con las instituciones referidas, porque ,por otro lado, autorizaron centros educativos particulares que promovieran la formación docente, quedando evidenciado que lo menos que les preocupa era la calidad educativa a favor de los niños, mismos que pusieron como escudo para justificar tal aberración. Por suerte, gracias a la impugnación y presión magisterial mínimo ahora exigen perfiles específicos.

En relación a lo anterior resulta increíble que cuando hay cambios o modificación en los planes de estudio y en consecuencia en las mallas curriculares para las diferentes licenciaturas de educación, ya sea preescolar, primaria, especial, secundaria, telesecundaria o incluso cambios en la licenciatura que imparten en las normales, los académicos normalistas son los últimos en conocerlos, cuando deberían ser precursores o promotores ya que su labor va encaminada precisamente a la formación de maestros que en un momento determinado serán quienes tengan los niños o jóvenes en las aulas. Esto implica, que al vapor, los docentes normalistas busquen actualizarse y capacitarse para enfrentar dignamente las sorpresivas, en ocasiones absurdas, reformas curriculares.

En otro sentido, quienes laboran en las instituciones que nos ocupan, desde el año 2005 no han tenido a su favor ninguna recategorización, misma que podría subsanar, como ya lo hemos puntualizado, la falta de promociones porque tampoco se han ofertado plazas de nueva creación; lo delicado y lamentable es que de manera puntual la normatividad establece que cada dos años, cubriendo ciertos requisitos de profesionalización, puedan, en forma individual, optar por la categoría subsecuente, pero todo ha quedado en falacia porque las autoridades, otra vez las autoridades, han limitado dicha activación. En situación semejante está el personal de apoyo.

Aún hay más, con justificaciones ilógicas les han quitado a dichos centros, la posibilidad de seleccionar personal de acuerdo a sus necesidades específicas, porque ahora desde el centro están mandando personal “idóneo” con más beneficios económicos que los que tienen aquellos que durante años han laborado en escuelas normalistas, mandando al traste los derechos laborales que le asisten a cada trabajador; cabe mencionar que en cada institución existe una comisión dictaminadora que evalúa los perfiles, dicha comisión por normatividad, igual, está totalmente respaldada. Pero esto, poco importa al gobierno, que dice valorar las escuelas formadoras pero que a los programas de fortalecimiento, este año, les comprimió recursos hasta en un 50 por ciento.

Deseamos que el gobierno estatal que dirige Silvano Aureoles y el federal que comanda Enrique Peña busquen a través de los funcionarios respectivos soluciones a la problemática normalista, donde la negación del pago a los estímulos respectivos puede ser la gota que derrame el vaso, un escenario complicado porque se puede empatar con el movimiento estudiantil que también está agitando las aguas. Ojalá que el gobierno de López Obrador ofrezca un giro favorable para el normalismo y así evitar tanto olvido y tanto acoso gubernamental.

John Ruskin, sociólogo inglés, afirmó con tino: La meta final de la verdadera educación es no sólo hacer que la gente haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con amor a la pureza; no sólo personas justas, sino con hambre y sed de justicia.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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