Gerardo A. Herrera Pérez
Encuentro de neuronas y el buen vivir
Miércoles 26 de Septiembre de 2018
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En reunión de amigos, durante el mes de diciembre de 2017, se dieron los primeros pasos para impulsar el proyecto “Encuentro de neuronas”; a dicha reunión asistieron diferentes personas, todos ellos miembros de áreas del conocimiento, de la academia, de las artes y de las organizaciones de la sociedad civil.

Posteriormente durante el mes de febrero de 2018, se realizó la primera reunión de “Encuentro de neuronas”; dicho encuentro fue en la Plaza del Carmen de Morelia, de ahí, los artistas, líderes sociales, quiroprácticos, médicas y parteras tradicionales, cocineras tradicionales, maestras de economía doméstica, maestras de danza, académicos, y organizaciones de la sociedad civil han recorrido Zacapu, Zinapécuaro, Queréndaro, Pátzcuaro, Tzintzuntzan, Indaparapeo, Quiroga, Lázaro Cárdenas, y próximamente Uruapan y Paracho.

Hoy lo que observamos es que la Tierra no tiene la capacidad de absorción y resilencia para que todos repitan el consumismo y productivismo
Hoy lo que observamos es que la Tierra no tiene la capacidad de absorción y resilencia para que todos repitan el consumismo y productivismo
(Foto: Especial)

El programa de trabajo de “Encuentro de neuronas” desde su inicio fue reconocer y valorar la diversidad cultural, la interculturalidad, la plurinacionalidad, pero sobre todo rescatar las experiencias de los pueblos y comunidades originarias, así como trabajar con un enfoque transversal de respeto a los derechos humanos, la igualdad y no discriminación, la perspectiva de género y desde luego privilegiar la interculturalidad.

El “Encuentro de neuronas” ha venido siendo impulsado por un solo motor que arropa a la membresía de dicho colectivo de facto, Sergio Omar García, promotor cultural y quien dirige el “Programa de encuentro de neuronas”: persona generosa, responsable y que convoca a la unidad y al encuentro de voluntades. Pero además mi amigo y hombre solidario.

El “Encuentro de neuronas” ha ido creciendo y se han incorporado nuevas expresiones artísticas y culturales, así como culinarias y de conservación de alimentos, de salud y de prevención, además de acciones éticas y filosóficas sobre cuestiones de la convivencia y la paz social.

Este fin de semana nos concentramos en Pátzcuaro, en la Plaza Gertrudiz Bocanegra y en Tzintzuntan, en el Atrio de los olivos. Este fin de semana fue una delicia escuchar a grandes personajes quienes disertaron acerca de saberes originarios y que comparten con las personas que ahí asisten a escuchar, a disfrutar y a atender su salud.

Vimos a la Sra. Lys, Marisol, Lili y su mamá, Cilia, Lulu, la maestra Lulú, la maestra Beatriz, la maestra Gracia, la Sra. Silvia, Lupita, mis amigos Maryory y José Luis, extraordinarios artistas, a doña Blanca, Sol Baruch, el mejor quiropráctico, Alfredo, la maestra Vero, y desde luego mi amigo Sergio Omar y quien esta nota escribe, todos al unísono trabajando con sus saberes para compartirlos, para empoderar, para beneficiar, y para construir un modelo social a partir de modificar prácticas que dañan a la naturaleza, a la biodiversidad y al medio ambiente.

En el marco de estos trabajos, donde abrevamos de diferentes fuentes de información y disciplinas del conocimiento, de manera interdisciplinaria, multidisciplinaria que tienden los puentes para la construcción de nuevos conocimientos y saberes a través de la transdiciplinariedad, se ha logrado que saberes no reconocidos por que no utilizan el método científico, pero si curan sean presentados para la apropiación de las poblaciones a las que se va.

En este sentido me parece que como expresa el Papa Francisco sobre las tres “T”: tierra para producir nuestros alimentos, techo para dormir con nuestras familias y trabajo fecundo y productivo a favor de la comunidad. El Papa Francisco ha venido expresando que, “no esperen nada de arriba pues vendrá solo más de lo mismo, sean ustedes mismos los profetas de lo nuevo, organicen la producción solidaria, especialmente la orgánica, promuevan la paz y el cuidado de la casa común, sin la cual ningún proyecto tendrá sentido”.

Si bien el “Encuentro de neuronas”, no puede resolver los problemas que aquejan a la sociedad como la inseguridad, de la cual absolutamente todos los grupos sociales se quejan, como tampoco puede resolver la desigualdad social y la pobreza, lo que sí está haciendo es hacer comunidad, hacer cohesión social, es presentar actividades culturales y de economía del hogar, así como de prevención de la salud y continuar el trabajo en el fortalecimiento de los valores, principios y virtudes sociales para la convivencia y paz social.

Lo que hoy se realiza en el “Encuentro de neuronas”, es una llamado a respetar a la Madre Tierra, y es un llamado a ver desde el centro de la Tierra la vida, y no al hombre. Por ello, me parece importante compartir lo que es el buen vivir, que ya se instrumenta constitucionalmente en Ecuador, también en Bolivia.

Pero ¿qué es el buen vivir? ¿no es igual qué vivir mejor? No, claro que no, es una cuestión de la complejidad, esto es, buen vivir, o vivir bien es no desarrollista, no consumista, no moderno/occidental, es espiritualista, en cambio vivir mejor, implicaría capitalismo, neoliberalismo, en donde unos viven mejor y otros no, lo que actualmente pasa en todo el mundo, pocos ricos, muchos pobres y mucha pobreza. La diferencia es justamente la comunidad, el que si tu éstas bien, tu vecino está bien. El buen vivir no se sustenta en una ética del progreso ilimitado, de acumulación de capital y de bienes, y que nos convoca permanentemente a una competencia entre los seres humanos, con la consiguiente devastación social y ambiental.

El buen vivir se sustenta en una ética de lo suficiente para toda la comunidad y no solo para el individuo. La preocupación del buen vivir no es acumular para luego vivir mejor, no, de lo que se trata es de vivir bien aquí y ahora, sin poner en riesgo la vida de las próximas generaciones, hoy ya comprometidas por todo el saqueo de recursos naturales perpetrado desde los grandes corporativos en el marco del neoliberalismo; pero también implica distribuir y redistribuir ahora la riqueza y los ingresos para iniciar nuevas bases de una sociedad más justa y equitativa, es decir, más libre e igualitaria.

Hoy lo que vemos en los discursos políticos y de política pública, son estos planteamientos de justicia y equidad, de ser libres e igualitarios, pero ¿cómo hacerlos efectivos si el modelo económico tiende a la acumulación de capital, a una competencia entre seres humanos que ha generado esta crisis social en la que hoy vivimos y que difícilmente se ve por la sociedad sino por lo individual? Si bien tenemos una igualdad pronunciativa en las leyes, no la tenemos ante las oportunidades.

El buen vivir tiende a otras formas civilizatorias; hoy lo que observamos es que la Madre Tierra no tiene la capacidad de absorción y resilencia para que todos repitan el consumismo y el productivismo propios de los países desarrollados; con el desarrollo no se da atención a la terapia intensiva que ya clama la Tierra. No obstante si hay otras maneras de observar otras realidades, como las cosmovisiones indígenas en las que los seres humanos no sólo conviven con la naturaleza de forma armoniosa, sino que los seres humanos son complementarios en el concepto vida, que es el eje central del cuidado de este mundo.

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