Alejandro Vázquez Cárdenas
La depresión y la vejez, un problema que se incrementa
Miércoles 10 de Octubre de 2018
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Se dice que la felicidad, así, en abstracto, es un sentimiento que cuanto se tiene prolonga la vida y su calidad, y en contrapartida, la tristeza, la acorta. Las evidencias muestran que efectivamente el estado de ánimo ciertamente incide de manera directa en las posibilidades de presentar diversos problemas no tan solo en la esfera neurológica y psiquiátrica, sino también afecta algunas capacidades tales como la memoria, concentración y raciocinio.

La depresión en las personas de la tercera edad es importante no tan solo por su gravedad, sino también porque conlleva un mayor riesgo de suicidio amén de que el anciano frecuentemente padece al mismo tiempo diversas patologías crónico degenerativas que le arruinan la vida como son la diabetes, la hipertensión arterial Parkinson, enfermedad de Alzheimer o incluso un cáncer, mismo que invariablemente lo enviará a descansar eternamente.

TAVO
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(Foto: TAVO)

Las estadísticas nos dice que en México el 12 por ciento de las personas mayores de 65 años, atendidos en instituciones de salud padecen un episodio depresivo mayor; mientras que 20 por ciento más muestra síntomas depresivos significativos que reducen en forma importante su calidad de vida.

El riesgo de suicidio que tiene la persona deprimida en esta edad es cuatro veces mayor que los deprimidos de menor edad. Y también se debe tomar en cuenta que existen variables que se asocian con este riesgo, entre las que destacan, la ausencia de apoyo familiar, una mala salud física, problemas de alcoholismo y sentimiento de culpa, entre otras.

La triste realidad es que la depresión senil no recibe la atención que merece y sólo un bajo porcentaje de ancianos con depresión recibe un tratamiento adecuado.

Al ser considerada la depresión como una consecuencia inevitable del envejecimiento, su detección oportuna es deficiente. El problema se agrava si consideramos que en la actualidad existe la tendencia demográfica a la inversión en la pirámide de la población, es decir que al aumentar la expectativa de vida de las personas, exista una representación cada vez mayor de la llamada tercera edad.

Para empeorar las cosas, muchos ancianos no se dan cuenta de que padecen depresión, ya que el trastorno queda enmascarado por otras enfermedades, e incluso es asumido al haberse generalizado la idea de que la tristeza es una característica propia de esa etapa de la vida.

Entre los factores que favorecen la aparición de depresión en la tercera edad, tenemos los cambios bioquímico-cerebrales, diversas enfermedades las limitaciones psicofísicas, y diversos acontecimientos como la pérdida de familiares y amigos, una jubilación que implique pérdida económica y privación de status social y prestigio y por si faltara algo el rechazo familiar.

La señal más temprana de depresión es la disminución de la capacidad para experimentar placer, felicidad o bienestar. El anciano ya no muestra interés alguno por sus ocupaciones favoritas, nada le ilusiona, nada le llama la atención, se torna irritable, o simplemente intolerante ante motivos mínimos, por lo general los hombres pueden perder peso mientras que en las mujeres se incrementa.

Es importante entender la diferencia de lo que es una depresión y una demencia, ya que en ocasiones se suele etiquetar al anciano como demente. Un dato curioso es que el paciente deprimido no intenta buscar excusas para justificar sus fracasos, sino que más bien exhibe una tendencia a contestar todas las cuestiones con un “no sé”.

Es imperativo que el anciano deprimido sea atendido y tratado por especialistas para que reciban el tratamiento más adecuado de acuerdo con las características clínicas del paciente. Un buen consejo es realizar ejercicio, el que sea, pues éste mejora la autoestima, el ánimo y reduce la ansiedad.
Es cuánto.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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