Julio Santoyo Guerrero
El gobierno de Fuente Ovejuna.
Lunes 15 de Octubre de 2018
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Suena bien la idea de que sea la gente la que gobierne a través de la participación. Sin embargo, hay dos problemas que esta visión debe encarar. El primero es demográfico; somos un poco más de 120 millones de habitantes en el país. Es evidente que un gobierno así, refrendario como suele llamarse, sería ineficiente de canto a canto. En todos los ámbitos de la vida pública existen asuntos que adquieren la nominación de muy importantes y complejos y que deberían ser consultados. No alcanzaría el tiempo para decidir por esta vía una agenda tan basta. El segundo problema tiene que ver con la complejidad de los asuntos que forzosamente implican la participación de saberes de alta especialidad y que no están disponibles en la mayoría de la población, incluso más allá del nivel educativo. Los mexicanos podemos saber de todo un poco, y algunos un mucho, pero sólo muy poquitos han hecho de estos temas un objetivo de estudio permanente que les otorga la oportunidad de generar propuestas bien sustentadas y viables.

TAVO
TAVO
(Foto: TAVO)

Desde hace tiempo se viene discutiendo el ámbito pertinente de la democracia participativa. Si puede adoptarse como modelo que permee todo el ejercicio de un gobierno o si sólo es oportuna en espacios demográficos restringidos en donde es posible lograr un control eficiente de dicha participación con resultados exitosos para efectos de buen gobierno. La experiencia que está en curso, promovida por el gobierno electo el 1 de julio, será importante en el caso mexicano, para verificar si esta es viable o no. Si se logra hacer funcional y eficiente -más eficiente que el modelo tradicional representativo-, estaremos entonces asistiendo al surgimiento de un modelo que seguramente modificará muchas teorías que limitan la eficiencia de la democracia participativa a núcleos sociales de pequeña magnitud y no la recomiendan para aplicarla a gran escala.

El punto de inflexión se presentará de manera obligada frente a un hecho político duro, contundente: la necesidad de ofrecer resultados como gobierno. Esto ocurrirá después del 1 de diciembre con una rapidez sólo comprensible por las exigencias sociales que vienen reclamando desde hace muchos años acciones gubernamentales para resolver los problemas. Es seguro que la participación de muchos generará una cascada de propuestas, variopintas todas ellas, que podrán servir para diseñar políticas públicas. La cuestión es que la suma aritmética de personas no necesariamente supone la alta calidad de las propuestas que estamos necesitando. Y si como tal se plasman en políticas públicas insuficientes, los resultados a la hora de ponerlas en la práctica, no serán bien recibidas por la sociedad que, más allá de la buena intención, está exigiendo soluciones.

Creer que "Fuente Ovejuna" puede gobernar mejor, sólo porque es la multitud, es un error que puede tener altos costos. Costos para una sociedad que quiere gobiernos eficientes y costos para quien, independientemente del discurso refrendario, es observado y reconocido como el responsable del gobierno, y a quien reclamarán puntualmente. Cuando esto ocurra no tendrá ningún sentido argumentar que el responsable ha sido "Fuente Ovejuna".

La democracia mexicana está institucionalizada de tal manera que las partes electas para la representación tienen un papel claramente definido y acotadas las responsabilidades jurídicas y políticas, y así lo viven y reconocen los mexicanos culturalmente. Y el ejercicio efectivo de nuestra democracia marcada por su carácter representativo atribuye a los electos la responsabilidad precisa e intransferible para que aseguren resultados. De tal manera, que independientemente de la cantidad de ciudadanos participantes en los actos refrendarios, la responsabilidad y el costo-beneficio político lo asumirán quienes gobiernan.

Muy oportuno y buena noticia sería que el gobierno entrante estuviera ya trabajando alternativas altamente especializadas en los temas que tanto agobian a los mexicanos. La seguridad, la educación, el crecimiento económico, los derechos humanos, la justicia, el medio ambiente, la salud. Pues para eso han sido electos y de ellos se esperan resultados esperanzadores. Preocupa que el sistema refrendario que pusieron en marcha semanas atrás este fracturándose pues era la plataforma, al menos así se expresó públicamente, para construir las políticas públicas que entrarían en operación el 1 de diciembre. Y preocupa porque el discurso público del gobierno electo sigue siendo contradictorio, indicador de que a 45 días de asumir la investidura, no cuentan con definiciones claras y bien soportadas de la ruta que seguirá el gobierno en temas cruciales. Este hecho puede representarles un alto costo político y un agravamiento de la problemática, y todo esto no es bueno para los mexicanos.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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