Rafael Calderón
190 años de poesía
Lunes 15 de Octubre de 2018
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Para terminar este elogio a la ciudad de Morelia bajo la rúbrica de la poesía, quiero terminar con el poeta Luis García Montero, que nació en Granada, España, en 1958, y reside en Madrid, actualmente es catedrático de literatura española de la Universidad de Granada y director del Instituto Cervantes. Una de las figuras más destacadas de la llamada poesía de la experiencia y los estudiosos de su obra han dicho que ésta: “Se caracteriza por presentar una composición cercana donde priman la cotidianidad y la inmediatez”. Quienes lo han tratado, aseguran que es una persona sumamente sencilla, pese a ser uno de los más destacados poetas de la actualidad en la poesía española, él parece no dar mucha importancia a su fama, se presenta de una forma cercana y cálida.

En la ciudad de Morelia varias veces participó leyendo sus poemas en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino que promueve Marco Antonio Campos. En su país, García Montero forma parte del Jurado del Premio Internacional de Poesía Generación del 27, uno de los más prestigiosos de habla hispana. Su obra, se integra por varios títulos; autor de novelas y diversos ensayos y en este género destaca con los que le ha dedicado a la poesía de Federico García Lorca y Rafael Alberti.

Una de las figuras más destacadas de la llamada poesía de la experiencia y los estudiosos de su obra han dicho que ésta: “Se caracteriza por presentar una composición cercana.
Una de las figuras más destacadas de la llamada poesía de la experiencia y los estudiosos de su obra han dicho que ésta: “Se caracteriza por presentar una composición cercana.
(Foto: Especial)

El poema Morelia es determinante para conocer parte de su poética o recordar una vez más los exiliados españoles que llegaron a Morelia y revivir el suceso desde la poesía. Dice: “Es un poema que escribí en esa ciudad. Me emocionó mucho, porque ustedes saben que cuando la Guerra Civil de mi país, España, sucedió el abandono de todas las potencias del mundo a la república española, pero éstas estaban haciendo más daño, y fue entonces que Lázaro Cárdenas y el pueblo mexicano se solidarizó con la república española. Había muchos niños heridos, abandonados y perseguidos, pero fueron traídos a México, donde encontraron albergue; son los llamados Niños de Morelia. Yo fui a Morelia a participar en un homenaje a Juan Gelman que había organizado mi hermano Marco Antonio Campos; debido al cambio de horario me levanté muy de mañana, fui a pasear y al andar me encontré con el Colegio donde habían sido cuidados los niños republicanos españoles y fue entonces que escribí este poema que tiene para mí la nostalgia de Juan Gelman y la amistad de Marco Antonio Campos, a quien se lo dediqué”.

El poema Morelia es el siguiente: “Soy cobarde./ Pero también mantengo la dignidad. Procuro/ no vender la sonrisa/ que los fuertes esperan./ Por eso corro hasta mis versos/ como el niño que huye hacia su cuarto/ cuando empiezan los gritos de la casa./ Me duermo y amanezco.// Ya da el sol en las piedras de Morelia./ Me levanté muy de mañana/ a caminar las calles/ de una ciudad que ha sido/ ese recuerdo en el que nunca estuve./ Tampoco estuve nunca en el Madrid bombardeado,/ Pero crecí mientras buscaba/ una verdad en la memoria.// Más que la tierra limpia,/ me emociona el paisaje de cultivos,/ la piedra que las manos edifican,/ paredes que comprenden/ un relevo de vidas cotidianas,/ de cuerpos, murmullos, de tacones/ que bajan la escalera,/ de peldaños que corren hasta el sótano/ antes del bombardeo.// 1939,/ tal vez, o en 2005,/ es la historia del agua,/ la lluvia perdida en el invierno/ como una condición de la miseria./ El sol abre los ojos/ y puede ver la infancia de un país/ que huye de la guerra,/ que cruza el mar,/ que desciende del barco,/ como la historia, en fila,/ muy peinada la historia/ con su maleta de cartón,/ con sus recuerdos/ sin estatura y para siempre,/ mientras ordena el equipaje/ en la ciudad que la recibe./ Valladolid. Morelia./ Suave Patria.// Miro la catedral, el internado,/ los edificios nobles,/ y en la imaginación,/ donde se viven los recuerdos/ para que las historias generales/ puedan gozar de intimidad,/ agradezco la luz al descubrir/ una nobleza humana/ más alta que las piedras y los bosques.// Poco a poco la gente ha invadido las calles./ Estoy acompañado y solo/ en una plaza de Morelia./ pero siento que corro hasta mi habitación,/ siento que me refugio/ de los años, del agua, de la muerte,/ de todo aquello, frío y desarticulado/ como un juguete roto,/ que me fue separado de la infancia”.

Por estas voces literarias hemos asistido al encuentro fortuito y perenne de la ciudad a través de este género alegórico y exquisito, y decir en esencia una vez más que no es una historia de Morelia, sino que estos poetas, reconocen a la ciudad como criatura de salvación, plural y cambiante.

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